Mon Laferte, volvé cuando querái

La chilena radicada en México pasó por La Trastienda el viernes pasado y dio uno de los shows del año


Foto: Mon Laferte. Difusión.

Por Gastón González Napoli y Rodrigo Guerra

¿A qué suena Mon Laferte? Cuando habla es chilena; cuando canta, la voz le sale de las entrañas como a una cantaora de flamenco, como a una vocalista de heavy metal –que lo fue-, como si todo el drama de las telenovelas del continente se canalizara por sus pulmones. Y su estilo musical también suena, citando a su idolatrado Jorge Drexler, de todos lados un poco. Es bolero atormentado, es cumbia sadomasoquista, es ska casi punk, es reggae latinizado. Sigue la tradición de la canción chilena y acto seguido se baña en el Caribe mexicano. Ella misma lo define bien: suena a collage. El futuro es collage, dice, las ciudades son collage.

Montevideo lo era el viernes pasado. La Marcha de la Diversidad pintaba de arcoiris el Centro, y una parte había marchado hasta dentro de La Trastienda. También había góticos de negro, fanáticas que imitaban la estética de la cantante con flores en el pelo, pañuelos amarillos en el aire pidiendo por la Ley Trans, gente equis para recordar que a pesar de la mescolanza seguía siendo Uruguay. Las tres lámparas antiguas que decoraban el escenario contrastaban con una música que de vetusta no tendría nada. Pero esta trasandina adoptada por México no se contentaría con un collage visual: su show de unas dos horas borroneó las fronteras del continente por un rato. ¿Cuántos más pueden preciarse de hacer cantar “yo sé que tú me querí”, así en chileno, a un grupo de uruguayos, y borrar de un soplo el odio hacia Chile que el fútbol sembró en el último lustro? Capaz todos los conflictos del universo futbolístico se solucionarían reventando “Amor completo” por los parlantes del Centenario. ¿Quién puede discutirlo si no se lo ha probado todavía?

El recital lo abrió el mexicano El David Aguilar, que presentó temas de su disco Siguiente. Acompañado solo por su guitarra, en plan íntimo levantó algún que otro coro del público. Pasados unos pocos minutos, salió a escena un grupo numeroso de músicos -guitarra, bajo, teclados, batería, saxo, trompeta, trombón- que vestían camisas rosado claro y pantalones bordó. Tocaron sin frontwoman un fragmento tropical de “La murga” de Willie Colón y engancharon con “El beso”. Laferte apareció entonces, con la bandera LGBT en los hombros, que después quedaría colgada en el teclado.

Entró callada -a la fuerza en parte porque el micrófono no le anduvo de primera-. Apenas soltó un “gracias, es hermoso”, entre versos cantados, para quien le regaló un retrato suyo pintado. Se fue soltando durante el recital, conversando cada vez más. Habló de su abuela, de su padre, del machismo, contó anécdotas, se dejó caer de espaldas sobre la gente, con su pollera y sus tacos. Hizo cantar a una mujer de la audiencia que resultó romperla. Dejó una imagen cercana, simpática, divertida. Unas ganas bárbaras de tenerla de amiga.

Hizo bailar con “Amárrame”, poguear con “El diablo”, dejarse las cuerdas vocales con sus canciones de romanticismo trágico. Contó que un día estaba haciendo el amor (“Todas hacemos el amor”, contestó a los “wuuu”) y en la radio sonó un tema de Drexler, “Fusión”, que la inspiró a cortar el acto y ponerse a escribir. “Cosas que solo hacemos los músicos”, dijo. El resultado fue “Primaveral”, de los puntos más altos del show.

La banda se lleva un porcentaje del crédito: todos músicos impecables y carismáticos que la siguieron a todas partes, hasta cuando era evidente que ella estaba saliéndose del libreto. Premio especial para el bajista, un disparate de músico con tremenda cara de buen tipo. Aunque cuando Laferte estuvo sola no perdió un ápice de nivel. Luego de contar que Drexler se contactó con ella por escuchar “Primaveral” y la invitó a tocar en Salvavidas de hielo, en “Asilo”, Laferte la cantó en solitario con su guitarra acústica. Su voz se adaptó a cada género como si tal cosa. Un rugido acá y allá, íntima cuando se precisó.

En esa línea fueron las dos canciones que le dedicó a su abuela. “La primera es de cuando me dejó y la segunda son sus palabras, que me aconsejaban”. Con “El cristal”, por única vez en la noche La Trastienda quedó en silencio. Mientras Laferte cantaba “Te voy a llorar cada nota/Trataré de afinar/Con el alma rota”, dos amigas se abrazaban llorando.

En “La trenza”, narró algunos recuerdos de su abuela. “Tú no vas a caer, como esta vieja/Que dejó de cantar por un amor/Debes ser libre, salirte de esta mierda/No haga caso a lo que digan, no quieren que florezca”. Al finalizar explica: “Yo vengo de un barrio muy pobre de Chile y la cosa es que cuando uno es cantante, joven y sale, se convierte en la puta del barrio. Está muy jodido el tema del machismo, uno ni siquiera puede ser artista porque te están juzgando todo el tiempo: que la falda, que los tacones… Es una mierda”.

Y en cuanto a salirse de libreto, otro punto alto se dio cuando frenó en medio de la enérgica “No te fumes mi mariguana” para invitar a El David Aguilar, que ya estaba en la platea de La Trastienda, a que se subiera con ella al escenario. “Me encabroné con esto del machismo y me olvidé de llamarlo”, dijo Laferte. El mexicano demoró pero llegó, con cara de no entender mucho. Boludearon un poco y cantaron a dúo, con la guitarra de él, una traducción de “Something Stupid” de Frank y Nancy Sinatra, que según ella habían hecho borrachos durante la gira. Aguilar se fue y Mon indicó que, por supuesto, ahora iban a terminar el tema anterior.

“Tu falta de querer”, uno de los bises, cimentó el show en la memoria. Con un pequeño gesto de la mano, sin siquiera darse vuelta, Laferte pidió silencio a sus músicos, que dejaron sonar el coro masivo del público. Ella sonreía, parada al borde del escenario. Ojalá que la emoción que pareció sentir le dé ganas de volver pronto a Montevideo.

“¿Se escucha bien?”, había preguntado antes, al tomar su guitarra. “¡Está todo perfecto, Mon”, le gritó una chica. Fue un buen resumen.

6 comments

  • Enrique  

    Gracias por abrir las puertas de sus corazones, a Mon.
    Los saluda, Enrique un chileno agradecido de uruguay.

  • Oscar Vargas  

    Fue una noche inolvidable junto a Mon y el cariño de uruguay, viaje por Mon pero volveremos desde Chile a disfrutar, gracias hermanos uruguayos. Saludos. Oscar.

  • Valenart  

    Agradezco la maravillosa noche que viví, Mon es luz , lo resumiré así. gracias por lo que la rompí (fue un acto de amor), La realidad es que no soy cantante, soy artista plástica amante de expresar . Saludos 🇺🇾

  • Sergio Olguín F.  

    “Volvé cuando querai”. Ese seria el tiempo verbal correcto en chileno.

  • Rita  

    Muy buena crónica. Congrats!
    Verdaderamente Mon es muy buena cantautora.

  • Patricio  

    Que buena pluma estos cronistas, como los periodistas de antaño, como los de fuste.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *