Mute: estilo cyberpunk, sustancia cero

El director de En la luna 8 minutos antes de morir decepciona en su regreso a la ciencia ficción tras Warcraft: el primer encuentro de dos mundos

Por Rodrigo Martínez

La ciencia ficción detectivesca parece haber llamado la atención de Netflix. En febrero de este año además de la bien recibida adaptación de Altered Carbon y de la impresionante Aniquilación, el gigante del streaming puso a disposición de sus usuarios Mute, otra apuesta por el cyberpunk. Esta vez, un original de la mano de Duncan Jones, director de En la luna (Moon, 2009) y 8 minutos antes de morir (Source Code, 2011). Con atención pueden encontrarse referencias a Moon. Lamentablemente, la declaración televisada de Sam Bell -protagonista de aquella historia- al fondo de varias escenas, es donde termina cualquier similitud con los trabajos anteriores de Jones. Tanto en contenido como en calidad.

Una breve descripción de Mute: en el 2052, un barman mudo y amish atraviesa el bajo mundo criminal de Berlín para encontrar a su novia desaparecida. Con tanto sucediendo al mismo tiempo es difícil creer que el gran problema de Mute sea su falta de profundidad. Es un coro de elementos que de ser explotados podrían haber hecho una película mucho más interesante.

El primer punto que deja que desear es el entorno. Visualmente, la versión futurista de Berlín está ejecutada de manera excelente. Desde la ambientación hasta la utilería todo está hecho con una atención al detalle que recuerda a clásicos del género.  Todo se siente parte del mismo universo, en el mismo momento. Pero a partir de ahí empieza a perder con las comparaciones. Blade Runner por ejemplo utiliza su ambiente de alta tecnología para explorar la condición humana. Mute, porque queda lindo. La trama habría sido la misma si hubiese tenido lugar en Nueva York en los cincuenta, o en Montevideo de hoy en día. Los teléfonos son distintos, las entregas de comida son hechas por drones y todo está cubierto de neón; aun así, no existe un motivo para situar esta historia en el futuro o consecuencia alguna de hacerlo. Y eso se siente como un punto en contra. El desperdicio de un mundo creado con tanto cariño, visto a través de una cinematografía sólida, coherente y atractiva.

Tan superficial como la ambientación se siente la exploración de los personajes. Leo (Alexander Skarsgård) pierde su voz cuando, de niño, cae al agua y la hélice de un bote le corta la garganta. Si bien sobrevive, sus padres -aparentemente amish, aunque esto nunca se especifica- se niegan a someterlo a una cirugía para reconstruir sus cuerdas vocales. ¿Qué significa esto para Leo y, por ende, para la película? No mucho. A Leo se le hace difícil utilizar los teléfonos públicos (con reconocimiento de voz) y tiene que utilizar una libreta para hacerse entender por un matón antes de molerlo a golpes. Y eso es casi todo. La condición de Leo no tiene ningún peso real sobre la historia ni, tampoco parece ser importante su pasado amish. Esta falta de densidad en el protagonista hace que sea difícil interesarse por él, su búsqueda o su relación apenas definida.

Por otro lado, la historia de Cactus Bill (Paul Rudd) no solo está mejor compuesta, sino que su motivación es más comprensible. Necesita documentos clandestinos para volver a los Estados Unidos junto con su hija. Duck (Justin Theroux), excompañero del ejército y pediatra, lo acompaña. La relación entre Cactus Bill y Duck también es más interesante que la de Leo y su novia, con una dinámica entretenida. Generalmente, porque a veces, sin previo aviso, la relación se deshace o se recompone sin justificación. Pese a esto, las actuaciones de Rudd y Theroux acompañan de manera fiel estos desarrollos que rozan la bipolaridad. Como ya es característico, el carisma de Rudd es prominente, lo que hace aún más interesante verlo en un rol antisocial y parcialmente antagónico al de Skarsgård.

La historia de Mute concluye con una sensación de vacío donde no logra despertar ningún tipo de interés en si el protagonista siquiera sobrevive. Pone en segundo plano –y a veces deja totalmente de lado- líneas que tendrían mucho más gancho. Jones eligió para Mute el estilo por sobre el contenido, y no fue una buena estrategia.

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