Noche de juegos: una comedia que no te ves venir

Jason Bateman y Rachel McAdams levantan una película con poca pinta y resultado mucho más gracioso de lo esperable


Fuente: Warner Brothers

Por Gastón González Napoli

Qué placer encontrar una comedia boluda bien hecha. Una de esas que permite desconectar el cerebro y divertirse, sin hacerlo a uno sentirse un imbécil. Que aproveche las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Nadie va a decir que Noche de juegos es una obra maestra del Séptimo Arte. Pero vaya si no es un buen rato en el cine.

La trama es entreverada: una pareja, interpretados por Rachel McAdams y Jason Bateman, se conoce y enamora por su competitividad. Tiempo más tarde, se juntan semanalmente con sus amigos para hacer noches de juegos, tipo Dígalo con mímica. El hermano de él viene entonces de visita a la ciudad; un tipo mucho más fachero y exitoso (Kyle Chandler), que despierta los peores instintos competitivos en él. Y propone llevar la noche de juegos más lejos: contratar una compañía que “secuestra” a uno del equipo. Los demás han de resolver el caso. Mientras todos creen que es parte del juego, una banda de criminales se mete en la casa y secuestra de verdad al hermano. Lo que sigue es tan vueltero y enredado como este párrafo.

He ahí el triunfo de Noche de juegos. Sale de los enredos que se construye para sí misma con gracia. Suele suceder que las películas que saltan de un giro al otro acaban por tropezar, no es el caso. De hecho, sucede al revés. Al guion le cuesta un poco tomar carrera. Se concentra al principio en uno de los cánceres actuales de Hollywood, el creer que hacer referencias a la cultura pop demuestra que sos re cool. Una vez que los giros empiezan, la trama va produciendo comedia y la pelotudez forzada de ponerse a hablar de Mark Wahlberg y su hermano desaparece.

Lo raro es que es una película que llega desprovista de expectativas. Sus directores, John Francis Daley y Jonathan Goldstein, son conocidos por haber co-escrito alguna pavada como Quiero matar a mi jefe; solo tenían un crédito como co-directores, en la muy criticada remake de Vacaciones, de 2015. El guionista Mark Pérez  es tan equis que no tiene página en Wikipedia. Su crédito más importante es por la historia -que no el guion completo- de Herbie a toda marcha. Aquella en la que Lindsey Lohan se hacía amiga de un auto. El elenco podía generar dudas: Rachel McAdams no integraba una buena comedia prácticamente desde Chicas pesadas, y Jason Bateman tiene un palmarés de lo más inconsistente.

Pero los directores se toman el laburo de buscar imágenes indelebles desde el primer plano -cosa más que poco habitual en el mercado cómico- hasta el último, e incluidos los créditos. Cuando entra en rodaje, el guion es una máquina de chistes. Y el elenco está despegado, no solo por McAdams y Bateman, que encuentran una química excelente; también Kyle Chandler metiéndole desfachatez y una pizca de emoción, Billy Magnussen como el amigo idiota de la pareja protagónica, Sharon Horgan como la compañera de trabajo que él lleva como cita a la noche de juegos, y Jesse Plemons como un vecino policía muy extraño.

Plemons a esta altura se merece que se deje de recordar que empezó como un símil barato de Matt Damon en Breaking Bad. Últimamente sus trabajos son tal vez más interesantes que los del propio Damon. Acá se roba la película. Él y su perrito blanco.

Si hay que pegarle, el tema de Noche de juegos es otro de los cánceres hollywoodenses: creer que todo tiene que ser metanarrativo. Es una película que cree que no puede recaer en un cliché o un lugar común, o ni siquiera en una herramienta válida del contar historias (como plantear de arranque que la pareja es excelente jugando al Dígalo con mímica, para utilizar esas habilidades más tarde), sin que los personajes aclaren que saben lo que están haciendo. Expone los hilos de las marionetas a propósito. Una forma del guionista de guiñar un ojo y decir, de nuevo: “¿Viste qué cool que soy? Meto un cliché, no porque no sé qué otra cosa hacer, sino porque quiero reírme de los clichés. Obvio”. Como si todo tuviera que ser Deadpool. Por favor no.

Por suerte los directores eligen a Bateman para ese rol, un tipo experto en el papel del “hombre serio en una comedia” desde Arrested Development. Hasta hay un par de veces en las que la metanarrativa funciona a favor de los giros y las sorpresas. Si se suma una atención a la fotografía y unas ganas incansables de sorprender, el combo es prueba de que las comedias más chotas pueden rivalizar con cualquier cosa si se les pone un poco de cariño.

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