Ocean’s 8: ¿Estafa feminista o solo luces que encandilan?

La spin-off de La gran estafa con elenco femenino es muy entretenida y derrocha espectáculo, aunque la trama ni siquiera intente ser inventiva

Por Gastón González Napoli

Los remakes con elenco femenino que vienen en boga desde el estreno polémico de Cazafantasmas en 2016 generan un montón de dudas. Por un lado, vamo’ arriba las películas con mujeres. Por el otro, ¿no sería mejor apostar por al menos una pretensión de originalidad? ¿No es medio insultante decir “somos re feministas y hacemos películas con elenco puramente femenino, pero solo en estos proyectos que ya tienen brand awareness y sabemos que son un hit casi asegurado”?

Ocean’s 8, entonces, venía con dudas al por mayor. La gran estafa y sus dos secuelas eran filmes divertidos, para pasar el rato, que difícilmente precisaban otra entrada en la saga. Además de que hace solo once años del estreno de la última. Una remake rozaba el disparate. Pero la primera buena decisión de los productores fue no ir exactamente por ahí y en cambio tomar el camino de la spin-off, esa secuela que no continúa la historia general sino que se va por una tangente. En este caso, por la tangente de Debbie Ocean, hermana del Danny Ocean de George Clooney e igual de afín al crimen de guante blanco que él.

Al comenzar Ocean’s 8, Debbie sale de la cárcel en libertad condicional y jura a las autoridades que no tropezará con las mismas piedras delictivas. Acto seguido, está con su vieja compañera en el delito y pone sobre la mesa un plan que desarrolló punto por punto en su cabeza mientras estuvo encerrada: aprovechar la opulenta Gala del Met para robar un collar de Cartier tan caro que la empresa lo tiene escondido.

La siguiente buena decisión que tomaron fue la selección del elenco. El equipo que arma Debbie incluye a siete personajes y no todas tendrían el mismo peso, pero aun los roles más secundarios están bien resueltos. La ignota Awkwafina es una ladrona callejera de manos veloces. Mindy Kaling está algo desaprovechada como una joyera, aunque lo que hace, lo hace bárbaro. Helena Bonham Carter es confiable como siempre; su rol es el de una diseñadora avejentada y caída en desgracia desesperada por laburo, un personaje alocado, terreno más que transitado para Bonham Carter. A la hoy por hoy ubicua Sarah Paulson le bastan unas pocas escenas para fundamentar su presencia (desde su trabajo como Marcia Clark en American Crime Story: Todos contra O.J. Simpson, Paulson tiene carta libre para hacer lo que quiera). Y para los comentarios que hubo a su alrededor, podía esperarse algo más de Rihanna, pero Ri-Ri exuda carisma aunque la tengan casi todo el rato haciendo el papel de hacker sentada en una computadora.

Las tres que más se acercan al protagonismo son una hilarante Anne Hathaway como una actriz medio tonta, Cate Blanchett como una excriminal arrastrada de nuevo a la picadora y Sandra Bullock como Debbie Ocean. El guion les da poco para trabajar, y ellas le sacan petróleo. Bullock hasta le impregna cierta emoción; podría decirse que se esforzó bastante más de lo que pedían tanto la historia como la dirección utilitaria de Gary Ross (el de la primera Los juegos del hambre). Estas actrices hacen que todo parezca tan fácil, que lo más divertido pasa a ser verlas interactuar.

Porque la trama macro es de una sencillez tal que hasta molesta. La tensión es escasa por no decir nula. Por momentos se convierte en un desfile de cameos de gente famosa -Dakota Fanning, Kim Kardashian, Heidi Klum, el conductor del Late Late Show James Corden sale de abajo de una piedra en el tercer acto para hacer de investigador-, estira sus propias reglas internas lo más que puede y trata de encandilar con luces y vestidos espectaculares para que uno no se concentre en los detalles menos convincentes. El todo no es más que las partes, aunque sea elegante y canchera.

Quizá no es lo que uno deba exigirle a este tipo de películas. Sí se le puede exigir que, ya que van a hacerla, y ya que se entiende que el impulso real no es creativo sino económico, pongan una directora detrás de cámaras y no a un obrero cinematográfico como Ross. Ahí capaz que sí lo de remake femenina tiene un poco más de peso.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *