Todas las nominadas al óscar a Mejor película rankeadas

Un año de películas raras e interesantes, aunque sin destaques impresionantes

Por Gastón González Napoli

¿Es esta una de las ediciones de los Óscar más medio pelo de los últimos tiempos? Los cambios en los votantes propiciados por los dos años seguidos sin actores nominados negros, más los escándalos de acoso sexual del 2017, tal vez sean la explicación de que la grilla de nominados sea para nada obvia. Aun así, las nominadas no fascinan. No hay tampoco ninguna mala. Están todas bien o muy bien. Falta una excelente. Una pena.

Con ese aviso previo, el ranking.

Las horas más oscuras

La película más típica de óscar de este año. Historia real, actuación protagónica desmedida, Segunda Guerra Mundial. No le falta nada. Salvo, quizá, en una de esas, un guion más inspirado.

Este cuenta con al menos dos escenas de un berretismo sorprendente (en el subte una, la conversación por teléfono entre Churchill y Franklin D. Roosevelt la otra). Con personajes secundarios innecesarios (la secretaria) o desaprovechados (Clementine Churchill). Con el final más obvio, tanto que lo quemaban en el tráiler.

A diferencia del propio Winston Churchill, Las horas más oscuras te deja indiferente.

La forma del agua

El plano visual está trabajadísimo. La inventiva de Guillermo del Toro -que dirige y co-firma el guion- se agradece. La actuación central de Sally Hawkins es radiante. El diseño de producción es sensacional (¿cómo hicieron “lindo” al anfibio?). Alexandre Desplat bien puede llevarse una segunda estatuilla por su música elegante y vintage (ganó hace un par de años por El gran Hotel Budapest).

Pero La forma del agua está muy sobrecargada, que libra varias batallas al mismo tiempo y así tropieza con varias inconsistencias. ¿Qué rol juega la subtrama de la Guerra Fría? ¿Por qué tanta trascendencia al amor por el cine, que tantas veces se ha visto? ¿Por qué el romance arranca tan rápido?

Lo de jugar con las reglas del cuento de hadas a del Toro le salió diez veces mejor con El laberinto del fauno. También se sitúa en tiempos de conficto bélico (la Guerra Civil española), pero no se distrae. A La forma del agua le cuesta mantenerse enfocada.

Tres anuncios por un crimen

El cuarteto formado por el director-guionista Martin McDonagh y los actores Frances McDormand, Woody Harrelson y Sam Rockwell no iba a fallar. La idea de fondo (los tres carteles rojos) es tan sencilla como efectiva; tanto que al senador Marco Rubio le estacionaron tres iguales a la salida de su oficina para criticar su apoyo al lobby de la Asociación del Rifle.

McDormand es un torbellino, Rockwell cruza una cuerda floja en un personaje más que complicado, Harrelson trae su carisma y le da otras dimensiones sin aspavientos. McDonagh no tiene miedo de meterse con temas complicados, y es un dialoguista bastante creativo, aunque se cree algo mejor de lo que es. Tres anuncios es una polémica, divertida, negrísima. Te arranca carcajadas a partir de situaciones horrendas.

La lástima es que trastabilla sobre el final. Y que parece que McDonagh hace fuerza por mostrar qué controvertido que es. A nadie le gustan los que se hacen ver, Martin.

¡Huye!

¿Qué hace una película de “terror” nominada a un óscar? Para los fans del cine de género como quien escribe, da para celebrar que obras como esta del debutante director-guionista Jordan Peele lleguen a estas instancias. Si bien puede argumentarse que es más un thriller que de terror, viste con orgullo la etiqueta de género. Hasta la mezcla con comedia, otra capa protectora anti-óscar.

¡Huye! dota a su historia tensa e inventiva de un texto (porque de subtexto no tiene nada) de reflexión sobre las dinámicas raciales en Estados Unidos. Daniel Kaluuya (el de “Fifteen Million Merits”, de Black Mirror) y Allison Williams (Marnie en Girls) la rompen como la pareja hombre negro-mujer blanca al centro de la trama. De esta lista de nominadas, ¡Huye! es de las películas a las que menos agujeros se le puede encontrar.

¿Y por qué no está más arriba en esta lista? Es más bien subjetivo (como todas las listas). ¡Huye! le habla a problemas específicos de otra cultura, que si bien tiene montón de puntos de contacto con la uruguaya (lamentablemente, en este caso), es lo bastante particular como para que no tenga tanta resonancia universal. A los efectos de lo que el filme busca, la especificidad le juega a favor. Le afila los colmillos. Nada más un uruguayo entiende menos por qué un negro tendría tanto miedo de ir a la casa de los padres de su novia blanca.

El hilo fantasma

El director-guionista Paul Thomas Anderson vuelve a colaborar tras una década con Daniel Day-Lewis, quien anunció que sería su actuación final. La pareja hace imposible no comparar El hilo fantasma con su colaboración anterior, Petróleo sangriento; son el día y la noche. La más vieja un drama profundo y shockeante, la más actual un romance de época, tirando a clásico. Ambas ancladas en la fuerza gravitacional que exuda Day-Lewis, ambas enriquecidas por el trabajo musical del Radiohead Johnny Greenwood.

No tiene sentido valorar cuál es mejor. Son dos obras cerradas y majestuosas, aunque las ambiciones de El hilo fantasma sean más bajadas a tierra. Es una obra de arte por donde se la mire. La performance sutil de Day-Lewis contrastada por la ignota luxemburguesa Vicky Krieps, que aguanta con naturalidad nata. El guion de Anderson más de una vez parece que va por un lado típico, pero él le toma las riendas y lo redirige hacia rincones insospechados. Y el diseño de producción (esos vestidos) es fenomenal.

Lady Bird

Greta Gerwig es tan solo la quinta mujer nominada como Mejor directora en los premios de la Academia. Difícilmente gane, dada la preferencia de los votantes por trabajos más excesivos (la teoría de que los Óscar no premian lo mejor sino lo más grande). No va en detrimento de su labor, que como actriz (Frances Ha, la algo subestimada Mistress America) ya era intachable. Gerwig es una mina de talento. Firma también el guion original, una historia que le encuentra ribetes nuevos a la tan recorrida película de adolescentes.

De a ratos Lady Bird entra en territorio ya visto (la protagonista se aleja de su mejor amiga para acercarse a la chica popular tonta). Sin embargo su sinceridad, la actuación eléctrica y realista de Saoirse Ronan, y la mezcla de comedia y drama, tirantez condensada en la relación madre-hija que es el corazón de la trama (Laurie Metcalf está bárbara en el papel maternal), le hace superar los lugares comunes de ópera prima.

The Post: los oscuros secretos del Pentágono

Una película efectiva, sacada adelante por Steven Spielberg en pocos meses. Para que los periodistas nos saquemos cartel de qué importante nuestra profesión, para chocarnos con una realidad bien distinta. Con los dos actores más clave de su generación cuerpo a cuerpo, que demuestran sin esfuerzo por qué están donde están.

Sería la ganadora más obvia de la ceremonia del domingo. Se la ha acusado de poco memorable y demasiado apegada a la fórmula. Es que tantas veces se da por sentada la mano de Spielberg, un maestro de contar historias, que se lo pasa por alto. Ni que hablar que lo mismo sucede con Meryl Streep, la actriz más confiable del planeta. Acá en un rol tranquilo, de muchos silencios y dudas. Andá a darle el papel a otra a ver si le da vida a un personaje como ese sin necesidad de luces ni esfuerzos.

Claro, como su propio final lo indica, The Post es la hermana pobre de Todos los hombres del presidente. Quien escribe tiene perfectamente claro que la colocó tan arriba en el ranking porque sueña con vivir algo así de emocionante como periodista, más que por lo sensacional que es el filme en sí.

Llámame por tu nombre

Escrita por el interminable James Ivory (89 añitos), dirigida por el obrero del deseo Luca Guadagnino, protagonizada por la belleza masculina clásica personificada que es Armie Hammer y por el joven ascendente Timothée Chalamet, Llámame por tu nombre es un romance gay dramático, de una estética hermosa que da ganas de teletransportarse a Italia. La fotografía de Sayombhu Mukdeeprom es brillante en su sencillez. Todos los involucrados salvan con un sobresaliente (hasta el montajista de uruguayísimo nombre, Walter Fasano).

Quizá sea que la decepción generalizada terminó por chuparse todo como un agujero negro, pero al final de cuentas Llámame por tu nombre es otra historia de amor imposible. Más que correcta y disfrutable, sin dudas. Le falta algo para llevarse el primer puesto. Difícil describir qué.

Dunkerque

Tampoco es que sea una maravilla increíble. De hecho, la pretensión de Christopher Nolan por tirarse de distinto lo lleva a emplear un recurso temporal que peca de confuso. Subdividir en episodios paralelos que transcurren uno en una semana, un día y una hora, no tiene mayor rol para la historia. Aunque sea cool.

La innovación de Dunkerque es su encare casi documental del episodio que quiere contar. Está desprovista de un protagonista convencional. Nolan (que también escribió el guion, como en casi todas las nominadas) elige un elenco de iguales. Eso le da un realismo particular. Impide alejarse del sentimiento de fatalidad que atraviesa a sus personajes, lo que refuerza la tensión constante. Brinda un espíritu de cuerpo que genera empatía aunque no utilice las herramientas de siempre; además, el espíritu de cuerpo le cae como anillo al dedo a la trama militar. Dunkerque recuerda, salvando las distancias, al documental The Square sobre la Primavera Árabe en Egipto.

Por otro lado, parece un paso adelante para Nolan. Un director que ha pecado de frío y de excesivo, de complicarse al santo botón (como en su anterior Interestelar). No se libra del todo de sus mañas en Dunkerque, ni es necesario que lo haga, dado que son sus señas de identidad. Lo que consigue es una película que triunfa porque es despojada. Un adjetivo que jamás se habría pensado en conectar con Nolan.

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