“Pantera Negra” hace las preguntas difíciles

La última película de Marvel introduce un escenario nuevo mientras se hace preguntas sobre cuestiones raciales y la relación tóxica de Estados Unidos con su población negra

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

Las películas de superhéroes son la bolsa de boxeo hollywoodense. Pegarles es un deporte. Los críticos enamorados de un pasado mejor las indican como el paradigma del cine yanqui estupidizante. Y si bien hay un argumento para hacer a favor del cine entretenimiento per se, en su mayoría los críticos tienen razón. Son películas que crecientemente se parecen entre sí (el ubicuo “rayo luminoso disparado hacia el cielo” es la muestra más gráfica), abrumadas por la CGI (efectos especiales por computadora) y que no requieren pensar. Puede agregarse que también difunden una visión proto-fascista, anti-gobierno, America First, del mundo.

Pero una vez cubiertos todos los argumentos básicos, adaptadas las historietas más famosas, el súper cine debió reinventarse para no convertirse en auto-paródico y mantener el interés del público todavía inconmensurable que lo consume. Apareció la meta-subversión del género con Deadpool, la auto-reflexión en plan wéstern de Logan, la deconstrucción temprana efectuada por Watchmen (adaptación con su buena dosis de problemas, aunque mantiene algunas de las cuestiones centrales del cómic), y a un nivel más básico, la potenciación de la mujer en Wonder Woman. Marvel Studios, los actuales súper campeones, venían algo atrasados en este rubro (salvo en la tele, donde su Jessica Jones fue celebrada) y buscaron ponerse a tiro con Pantera Negra. El primer superhéroe negro protagonista desde Blade en los 90, y el de más alto perfil en mucho tiempo.


El rayo de luz hacia el cielo y su ubicuidad. Crédito: Screen Junkies y su serie Honest Trailers

El rupturismo de Pantera Negra no se queda allí; tampoco en ser la primera del género con un director negro (Ryan Coogler, responsable de la mejor Rocky desde Rocky I, la más reciente Creed), ni en contar con solo dos actores principales blancos (Andy Serkis, alias Gollum, y Martin Freeman, el Bilbo de El Hobbit y el Watson de Sherlock). Eso quizá baste para Estados Unidos. Su novedad está en el encare directo y sincero con el que toma los aspectos problemáticos de su concepto base.

Pantera Negra transcurre en Wakanda, una monarquía africana aislacionista que oculta del mundo su riqueza y sus avances tecnológicos de ciencia ficción, cuasi alienígenas. Entonces: ¿qué estuvieron haciendo sus líderes mientras los negros era muy esclavizados y oprimidos en el mundo?

Coogler también firma el guion, y en mayor medida se da maña para evitar las trampas y clichés. No escapa de la gran batalla del clímax, karma de este cine -en la que además se le resbala un poco la mano como realizador en el caos de extras-. Lo compensa con uno de los villanos más atractivos del Universo Marvel, justamente porque lo alimenta esa misma pregunta candente. Killmonger se crió huérfano en Estados Unidos, y la cultura yanqui lo convirtió en un monstruo. Tras ganar experiencia como soldado en cuanta guerra sucia su país le pusiera por delante, Killmonger quiere poner en práctica lo que aprendió de la CIA y sublevar a los pueblos negros para tomar el control. Para eso necesita los insumos de Wakanda.

Tampoco viene mal que a Killmonger lo interprete Michael B. Jordan, protagonista de Creed, que tiene tanto el físico imponente como el alma en el rostro para enriquecer al personaje.

Del lado de los buenos no hay falta de talento. Al rey T’Challa de Chadwick Boseman ya lo habíamos conocido en Capitán América: Civil War; sigue imbuyendo a un personaje esencialmente ridículo de cierto pathos. Boseman nunca traiciona los 40 años que tiene en la cédula es una presencia imponente aun cuando T’Challa sea inexperiente y dubitativo. Aparte, tiene una química palpable tanto con su “hermana” Letitia Wright (la del “Black Museum” de Black Mirror, acá muy graciosa, se roba escenas múltiples) como con su “ex”, la oscarizada Lupita Nyong’o (ganadora de Mejor actriz secundaria por 12 años de esclavitud). Las presencias más estelares, sin embargo, son las de Danai Gurira (Michonne en The Walking Dead) y el hasta ahora ignoto Winston Duke; ella como guardiana guerrera, él como líder de una tribu rebelde, ponen un humor necesario (es de las películas menos graciosas de Marvel, todo un cambio tras Thor: Ragnarok) y protagonizan algunas de las mejores escenas de acción. Menos destacable es el trabajo de Daniel Kaluuya, el de ¡Huye!, aquí desaprovechado, puro gesto tristón, incapaz de vender un giro de guion mal construido.

Ya el look afrofuturista de Pantera Negra es distintivo. Amplía los escenarios del Universo Marvel también en el plano territorial -en cuanto al espacio exterior bastante lo ha hecho- además de cultural. Es un paso al frente significativo.

Los tipos tendrán una fórmula que se ama o se odia, pero Marvel tiene muy claro lo que está haciendo. En unos meses se estrena el principio del fin de la Fase Tres del Universo Cinematográfico del estudio, Avengers: Infinity War. La segunda parte de esa película esa película llegará en 2019. Si cada una de Los Vengadores es un evento masivo, estas más. Encima de todo lo que hace bien en sí, Pantera Negra les sembró el camino con maestría.

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