Pedro Dalton: “No me tengo que sentar a escribir con una copa de vino, ahora escribo en el bar y me siento a tomar un café; saqué lo de afuera”

Este sábado Chillan Las Bestias se presenta en La Trastienda junto a Tráfico, y aprovechamos la oportunidad para charlar con Pedro Dalton sobre la formación de la banda, la mezcla entre tango y rock, y cómo el grupo se sobrepuso a la muerte de su exintegrante Marcelo Chiachiare


Foto: Difusión

Por Rodrigo Guerra

Con la música de Chillan Las Bestias se unen las dos orillas del Río de la Plata. Desde Uruguay está Pedro Dalton (cantante de Buenos Muchachos), y desde Argentina se ve a la extinta banda Ángela Tullida. En sus dos discos (Chillan Las Bestias, 2014, y Chillan Las Bestias 2, 2017), se percibe una mezcla del rock con algunos elementos del tango para transmitir el espíritu arrabalero de la ciudad de Buenos Aires.

Basados en el violín con delay de Marcos Camisani y en el piano de Franco Varise, en Chillan Las Bestias conviven las influencias de Nick Cave, el postpunk y Enrique Santos Discépolo, que logran ofrecer un sonido oscuro y visceral. Impacta en el pecho y se mete en la cabeza. Su personalidad musical se termina de construir con la inconfundible voz de Dalton: con su sonido grueso y su teatralidad le da vida a cada una de las letras.

Antes de su recital en La Trastienda, donde se presentan junto con Tráfico (que vuelve a los escenarios después de tres años y con una nueva formación), MOOG charló con Dalton sobre la formación del grupo, las diferencias con respecto al sonido de Buenos Muchachos, la muerte del guitarrista Marcelo Chiachiare y cómo será su nueva música.

Chillan Las Bestias nace de la unión con la banda Ángela Tullida y de varios encuentros en Buenos Aires y Montevideo con los Buenos Muchachos. ¿En qué momento decidiste armar el grupo?

Buenos Muchachos estuvo separado durante un año y medio, y yo estuve viviendo en Buenos Aires. Ensayaba con Ángela Tullida y cuando el cantante se fue, la banda quedó en nada, así que se empezaron a juntar los sábados de mañana en la esquina de donde yo vivía. Un día me invitaron a recitar unas poesías, y empezamos aunque a mí no me gusta mucho. Al tocar notamos que para recitar necesitás una música incidental, que tenga poco cambio, pero ellos se dedicaban a hacer canciones. Así que nos dedicamos a componer juntos.

Interpreto que el nombre del grupo esconde la idea del grito como una liberación. ¿Lo ves de esa manera? 

Yo hago unos dibujos de personas con cabezas de animales y el nombre vino medio por ese lado. A partir de ahí propuse que la banda se llamara “Chillan Bestias”; en medio de un asado estábamos charlando del nombre y pasó a ser “Chillan Las Bestias”. Es un nombre bastante animal y tiene un lado karmático de sacar las cosas para afuera con agresividad, por momentos.

El grito es un recurso característico de tu voz. Es algo que también utilizás con los Buenos Muchachos, ¿verdad?

Sí, es que las dos bandas son emocionales y el chillar es una opción.

¿Cómo te planteaste las diferencias del canto con respecto a los Buenos Muchachos?

Fue natural, lo dejé fluir. Si me ponía a pensar, me enloquecía: “Este tipo de letra es para los Buenos, este otro para Chillan”. Son dos ciudades distintas, de gente distinta; una cosa es laburar con argentinos y otra laburar con uruguayos. Yo me largué a cantar y quería ver qué pasaba. Ángela Tullida es una banda que tiene mucha cosa de arrabal, es bastante tanguera y de mucho empedadrado.

Lo que sí me planteé fue tratar de escribir en Buenos Aires, porque al hacerlo acá me ponía a pensar en lo que veía allá. Si bien no estoy viviendo allá, sí voy muy seguido y desde hace años conozco la ciudad, la personalidad y la impronta de las personas. Sé cómo se mueven y cómo piensan aunque nunca los termino de entender. Me siento parte de muchos de sus pensamientos, entonces al escribir lo veo más desde adentro.

En la música de Chillan se unen las influencias del tango y del postpunk, que parecen muy dispares.

Fue algo que se dio en Buenos Aires con Ángela Tullida, y también pasa con las bandas Pequeña Orquesta Reincidentes y Me Darás Mil Hijos; son toda gente que se empezó a meter en el tema del tango. En Argentina se vive el tango, acá no; lo notás en varios lados de la ciudad. Hay una parte turística que no nos interesa en el absoluto, pero hay otra que sí es muy interesante.

El tango se emparenta mucho con el rock, son como hermanos. Son parecidos en cuanto a la forma de ver la vida: miran mucho lo oscuro, ven al amor como algo trágico. También tiene mucha tragedia, mucha diversión, mucha droga, alcohol y bares chiquitos. Además los dos estilos musicales son los únicos que hacen apología al reviente. Obviamente hablo en general, pero la única diferencia que hay, y que es muy contundente, es que el músico de rock no requiere tanta técnica como el músico de tango, por eso el tango nunca va para el rock, salvo agarrando una guitarra distorsionada o un sampler, pero en el rock te lleva más tiempo llegar al tango porque es muy difícil de tocar.

En la música de Chillan se destaca el uso del violín y del piano. ¿Qué posibilidades sonoras le agregan estos instrumentos a la música del grupo?

El violín es un instrumento diferente, es acústico, pero Marcos [Camisani] lo toca con delay. Lo mismo con el piano, si bien con los Buenos Muchachos usamos algún piano, más que nada es teclado, y Franco [Varise] tiene una impronta más de pianista.

El violín con delay genera ese ambiente espeso en el que se basa toda su música.

Sí, es que es un instrumento diferente, es un instrumento solista. En el caso de Chillan, el instrumento solista es el violín y la guitarra pasa a un segundo plano: hace arreglos e intervenciones justas y alucinantes. Nada que ver con Buenos Muchachos, que es una banda de guitarras.

Su segundo disco, Chillan Las Bestias 2, lo grabaron en vivo en los estudios ION de Buenos Aires. ¿Cuánto tiempo les llevó grabarlo y qué desafíos enfrentaron al hacerlo de esta manera?

Por suerte sale todo muy rápido porque ellos ensayan muchísimo y yo tengo cierto oficio. Cuando vamos a grabar me voy una semana antes para allá y ensayamos tres días de corrido para darle de bomba y tenerlas incorporadas. Ese disco lo grabamos en entre seis y ocho horas, y en no más de cuatro tomas.

¿Tienen pensado grabar nuevo disco?

Sí, incluso grabamos seis canciones en julio y tenemos pensado seguir. La idea es cerrar ese círculo de grabar en vivo en ION y empezar a manejarnos de otra manera. En estos últimos trabajos la banda tiende mucho más hacia el pop, como en “La Red” [de Chillan Las Bestias 2]. Está bueno porque los locos se están acercando a otras cosas y todos componen. Franco se compró un iPad y le gustan los samplers, así que empezó a meterse en ese mundo con sus limitaciones, cosa que está buena porque si supiera mucho ya me enloquecería. Lo que me gusta de la banda es que la música viene por el lado de la experimentación y la emoción, y no tanto por saber tocar.

Además queremos cambiar la forma de grabar porque no podemos quedarnos sólo en los discos en vivo. No está bueno acorralarnos en una opción porque la música es libre. Si tuviera que definir a Chillan, diría que es una banda lúdica; me emociono de tocar con ellos de la misma manera que con los Buenos Muchachos. Los Chillan son una banda que no para de componer  y eso te da riqueza porque los temas de la banda los llevábamos a un mismo lugar.

Con los Buenos ya grabaste ocho discos y con Chillan se ya se viene el tercero, así que se podría decir que tenés una experiencia de 11 discos grabados. ¿Creés que el estudio ayuda a enriquecer tu música?

Ir a grabar al estudio es una experiencia alucinante, es como un laboratorio. Ahí es donde la música pasa a la química. Yo soy muy limitado en el estudio porque entiendo muy poco de mezclas y no tengo un oído capacitado para cosas, pero sí tengo ideas de arreglos que vienen de escuchar mucha música. Además cuando vas al estudio llega el momento en que vas a plasmar la canción y es un solo momento.  En Chillan Las Bestias grabar es otro rollo porque lo estamos haciendo en vivo, y me tengo que adaptar mucho más a ellos. Me pierdo un poco la parte de cómo llegan a esos sonidos porque no estoy en el proceso creativo, pero siempre opino en las mezclas.

¿Qué bandas sentís que te inspiraron para el sonido de Chillan Las Bestias?

Lo que me hizo escuchar Franco, y que nunca le había dado bola, fue a bandas del under argentino: Don Cornelio y La Zona, y Nietos de Noche. Son bandas que yo desconocía. Además ellos vienen de bandas más oscuras como Bauhaus, The Cure, Joy Divison, Swans y Tindersticks. El batero debe tener la colección más grande de vinilos de la música de los 80 y 90; también nos gustan Neubauten, Nick Cave y Rowland Howard.

¿Algo de krautrock?

Eso lo empecé a tomar en cuenta con el “Negro”, el batero de los Buenos Muchachos. Después me vi un documental del krautrock que me pareció increíble. Escucho a Can, a Kraftwerk, Neu, Brian Eno con esas colaboraciones. El que sí estuve escuchando mucho, pero que ahora bajé un cambio porque estaba bastante heavy, era Scott Walker como solista. Es muy, pero muy bueno y Bowie lo tenía como uno de sus mayores referentes. Hay un disco que se llama Tilt, que está muy bueno, y además en Youtube hay un documental que sirve para entender su música. Si no te explican el contexto es muy difícil de entrar a su música, por eso está bueno el documental. Le mostré mucho su música a los Buenos para cuando grabamos el #8 y tiene mucha influencia de él.

¿Qué te transmite el volver a arrancar con una banda luego de todo el trabajo con los Buenos para  poder tocar en el Teatro de Verano, hacer una girar interior y tocar en el Montevideo Rock?

Por un lado está buenísimo no olvidarse de dónde venís y seguir haciéndolo con la misma humildad. Chillan Las Bestias es una banda que en Buenos Aires no se puede dar el lujo de tener dos stages, ni tener un sonidista y un iluminador. Nosotros cargamos las cosas, armamos nosotros y punto. Tampoco tenemos productora, con los Buenos está Danilo Astori, que es nuestro manager, y tenemos a Gaucho. Lo bueno es que igual lográs la felicidad que te da la música, que haciéndola es indescriptible, y además me siguen dando las bolas para hacer eso.

¿Sentís que la composición te brinda una especie de catarsis?

Lo tengo muy liberado. Siempre fue así, pero ahora es como que pude encontrar un lugar desde dónde escribir desde otra manera. Volví a leer porque había dejado un poco y eso me alborota el avispero. Me hice socio de un videoclub y eso te enriquece. Puse el pie en otro lado y volví a alimentarme de cosas que había dejado de lado por una cuestión de laburo y de ego, que significa no querer ver el trabajo de los demás por sentir que con el mío alcanzaba. Fue un error dejar de degustar el arte.

El año pasado fue un año muy intenso: tuve la exposición con Javier Abdala, salió el disco de los Buenos y el de Chillan. Eso me revolvió bastante y sentí que estaba en el lugar correcto para poder asumir esas responsabilidades. Empecé a darme cuenta de que era el momento de definir ciertas cosas y estaba bueno hacerlo laburando con alegría y pasión, entendiendo que salir a boludear ya no forma parte de mi vida. En un momento me dije: “Basta de la ruleta rusa, vamos a concentrarnos en lo que me gusta hacer”. Porque para todos estos proyectos necesito estar tranquilo, juntarme con gente que me hace bien y dejar de lado todo lo oscuro. Eso ya lo conozco, ya lo viví y ahora es momento de estar en la otra vereda.

Ahora dejo afuera otras cosas y escribo desde adentro. No me tengo que sentar a escribir con una copa de vino, ahora escribo en el bar y me siento a tomar un café. Saqué lo de afuera y pensé: “Si te gusta escribir, vas a escribir de cualquier manera, no es necesario cosas externas”.

¿Cómo se han manejado con la muerte de [el exintegrante de la banda] Marcelo Chiachiare?

Lo que hicimos fue no parar el carro, aunque sí suspendimos un par de shows. Era una sabiduría medio innata y también un poco inconsciente. Los melones se acomodan andando, no hay otra manera. Ellos siguieron ensayando y yo estaba acá bastante mal, viajé para allá y me encontré una banda armada. El primer show que tuvimos después fue el del Montevideo Sound City, que fue el único que no quisimos suspender. Lo extrañamos, pero tuvimos que salir a tocar. Ahora estamos tocando con Luis Filipelli, que era muy amigo del “Chacha”. Ellos tocaban juntos e incluso el “Chacha” había dicho que quería que quedara por él. En los temas que grabamos, Filipelli ya está tocando con nosotros; creo que es importante que cuando entra un músico nuevo a la banda se le pueda dar la chance de grabar.

La verdad que todo nos agarró en un buen nivel de aceptación y fuertes, porque podríamos haber marchado. En otra época se hubiera disuelto la banda. El “Chacha” era una persona muy alucinante y, además de amigo, nos transmitía una paz y una serenidad increíble. Era un guitarrista que disfrutaba hacer pequeños arreglos a la canción: hacía detalles súper humildes que hacían que sea muy difícil encontrar otro guitarrista igual.

Este sábado van a tocar con Tráfico en La Trastienda. ¿Cuál es su relación con el grupo?

Coincidió que nosotros teníamos la fecha el 15 y ellos iban a tocar en otra fecha. El cantante me llamó y me ofreció tocar juntos, como ninguna de las dos bandas llena La Trastienda dijimos que estaría bueno  armar el recital juntos. Diego Macadar los conoce a todos los de Chillan, así que ellos van a tocar unos temas con nosotros y yo con ellos. Además es la vuelta de Tráfico, lo que nos llena de cope, y nosotros presentamos canciones nuevas. Es una fecha perfecta.

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