Piel: Un choque musical entre hermanos

La banda de los hermanos Vivas toca esta noche en Bluzz Live, presentando su segundo álbum Bien por las heridas, una versión más oscura de su sonido pop rock

Foto: Difusión

Por Gastón González Napoli

Los hermanos Gastón y Gonzalo Vivas llegan a la entrevista vestidos con remeras negras, jeans y abrigos en distintos tonos de bordó, pero no se dan cuenta de que están combinados. De hecho, para Gastón hoy la dinámica fraternal no está funcionando. “Va a haber que ceder”, dice. “Vas a tener que hablar vos o voy a tener que hablar yo”.

Cuentan que en la composición de la música de su banda, Piel, un dúo que en vivo es un sexteto, esa dinámica ha tendido cada vez más a ser de colisión. Eso los hizo buscar sonidos más complejos en su segundo álbum, Bien por las heridas, luego de un debut homónimo más pop. En la charla, la colisión no se observa tanto. Es un choque complementario.

Este es un disco más oscuro, más melancólico, que el primero.

GONZALO: Ya desde el nombre, Bien por las heridas. Corresponde al momento de nuestras vidas. Lo grabamos en un período de un año y medio y eran canciones que ya existían, capaz que no tan producidas, y a medida en que fuimos reproduciéndolas juntos, se empezaron a generar nuevos encuentros que a veces eran más de discrepancia que de concordancia, entonces la herida estaba más a flor de piel.

¿Qué les había pasado que el momento de sus vidas coincidía con esta mayor oscuridad?

GONZALO: La famosa crisis existencial. Para qué rumbo apuntar exactamente. En el momento en que estás componiendo se presenta mucho tu identidad. Qué realmente querés hacer en esta canción. ¿Querés esto o querés esto otro? Capaz que él elegía una cosa y yo elegía otra, y después de tanto choque llegábamos a un mismo camino, pero después de tener varios intercambios. Las canciones llegaron a un punto muy lindo pero a su vez un poco oscuro. Hay un montón de texturas en el disco, diferentes partes, capaz que en las mismas canciones, que hablan de que queríamos cosas diferentes y logramos unificarlas de una manera que… [se pierde]

GASTÓN: Lo que está tratando de decir es muy fácil, en realidad. Es el choque de posturas, de intenciones, diálogo de no estar de acuerdo y estarlo por momentos. No es fácil cuando se trata de llevar a cabo ya sea una canción o todo el disco… sus razones, sus motivos para componer a veces no son los mismos que los míos.

GONZALO: Al tener distintos enfoques, las canciones pasan por túneles más oscuros.

¿Con el anterior les había pasado que estaban más en línea?

GONZALO: Sí, o capaz había una rutina que era más fácil de continuar. Estábamos grabando en un estudio y teníamos unas horas determinadas para hacerlo. Era ahí o no se hacía. Este disco lo grabamos 100% en casa. Lo hacés cuando vos quieras, el tiempo te lo manejás vos, y la rutina era más difícil de encontrar. Cuando hay un estudio de por medio y unas horas, hay que correr. La facilidad de estar en casa puede tener esas contras.

Le dieron más peso a los sintetizadores, ¿no?

GASTÓN: Hubo una búsqueda mucho más rica en cuanto a las texturas. En el disco pasado tuvimos la ayuda de Seba Rodríguez, que toca los sintes en vivo, le dejamos todo ese momento para él. En este disco me animé a tener mi propia búsqueda. Entonces hay mucho más lugar porque estábamos nosotros tratando de llenar esos espacios. O cosas que sobraban con guitarras las sacamos y pusimos solo sintetizadores. “Recuerdos alterados” nació desde la guitarra, y una vez que estuvo maqueteada por completo nos dimos cuenta de que las guitarras sobraban.

GONZALO: También pasó que nos compramos en Estados Unidos un juguetazo que es el Minilogue y con él tuvimos un abanico… El anterior lo habíamos grabado con el Microkorg, que es un sintetizador chiquito y no es análogo, entonces tiene unos presets y vos podés jugar ahí. No tiene tanto umbral como el Minilogue. Con las perillitas podés encontrar sonidos infinitos. Ahí aparecieron un montón de texturas súper interesantes que hicieron que nos limáramos el bocho. Estábamos con free time, porque estábamos en nuestras casas, e infinitos sonidos. Entonces era tipo, “pah, ¿cómo hacemos? Ya me cuesta con dos opciones, imaginate con 200.000”. Encontrar el sonido es una cuestión de identidad, y si no tenés el foco muy claro, es muy difícil todo. Es una búsqueda… eterna. Pero quedamos 100% conformes.

¿Esa búsqueda los llevó a pasajes más psicodélicos? Como “Cuento de los buenos amigos”.

GASTÓN: Ni que hablar.

GONZALO: Nos parecía que había veces que nuestras raíces nos delataban un montón, quedaba todo rocanrolero de más y nuestra búsqueda no era quedar como una banda tan hardrockera. Entonces buscamos más la textura y ese golpe yendo por los sintetizadores, que es un lugar más amigo y no tan distorsión. El arreglo puede que sea medio polenta, pero el sintetizador ayuda a amalgamar la intención y que no se te vaya a la mierda y pudras todo.

GASTÓN: Yo no lo veo tan así. Eso de “estamos quedando muy en evidencia con nuestras raíces”. Nuestras raíces son bastante heterogéneas. Es más que nada lo que la canción nos pedía.

¿Es difícil componer entre hermanos?

GASTÓN: Sí y no. Es tan fácil como tan difícil. Por momentos no hace falta hablar y es muy fácil, por momentos por más que hables y hables y hables alguien tiene que ceder. Hoy, por ejemplo, estamos cruzados. Hoy va a haber que ceder. Vas a tener que hablar vos o voy a tener que hablar yo, porque no funciona. Y hay veces que es muy fácil. Lo que hay que rescatar es la perseverancia, llega un punto en que intentás, intentás, intentás y después ves el resultado y decís “la pucha, valió la pena”. Si no tenés el resultado, es como… todo ese esfuerzo, todo ese choque, esa colisión, ¿para qué? Para estresarse nomás. Pero llega el punto en que terminás el disco, podés tirarte en la cama a gozártelo, y decís “pah, la puta madre. Volvamos a hacerlo”.

Traer otros músicos o cuando tocan en vivo rompe ese balance fraternal.

GASTÓN: Está buenísimo. Nos sirve hasta como terapia. Aparecen intermediarios que nos ayudan a bajar la pelota al piso. En vivo somos seis, y esa cosa de hermandad pasa desapercibida. Estamos todos en el mismo barco.

GONZALO: No es una dictadura.

GASTÓN: Nos ayuda un montón. De hecho, pensaba la otra vez en componer desde un lugar de banda. Todavía no ha sucedido que la canción salga del ensayo. Es algo que con Piel no hemos experimentado. Y es una forma muy normal de componer. En el resto de las bandas en que estoy funciona medio así.

GONZALO: Más orgánico de banda.

GASTÓN: Este disco es orgánico pero más personal. Y es mucho más personal que el disco pasado, el homónimo. Es mucho más fácil entender nuestro viaje. El disco pasado es más universal. Tiene una escucha más… no te digo fácil…

Es un poco más light.

GASTÓN: Ahí está. A este disco hay que entrar. “Voy a escuchar este disco. OK. Qué viaje”. El otro lo podés poner de fondo y va a funcionar siempre; este también va a funcionar, pero capaz que te distraés y no podés hablar con otra persona. Es otro cuelgue.

“Sin embargo” tiene un toque de candombe al cierre. No te lo ves venir.

GONZALO: Es la parte más sana del disco para mí. Dije “acá hay un candombe”. Y Gastón dijo “sí, acá está la clave del candombe”. Está sonando, sola. Justo tenemos un primo que tiene un piano, consiguió un repique, y dijimos “vamo’ a meterlo”. Entró como piña. Es una de mis canciones preferidas, y es la que más deja explícito que hicimos lo que las canciones nos pedían. Si ahí sonaba un candombe, le íbamos a dar candombe. Y si acá sonaba más heavy metal, le íbamos a dar heavy metal. Si precisábamos un riff, un riff. Hay una cuestión de fidelidad dentro de las canciones. Tratamos de mantenerla. No dirigir el foco a un lugar que no es tan honesto nuestro. Si hubiera pedido un beat hiphopero se lo íbamos a poner. Lo que escucháramos de la canción, somos bastante receptivos. Tratamos de no encasillarnos en ningún género o estilo.

GASTÓN: Es el ejemplo más fácil donde ocurrió para los dos que la música nos pedía la cuerda de tambores. Los dos escuchábamos eso. Pero hay otros ejemplos en que a él le pedía una cosa y a mí otra. Después hubo todo un trabajo de producción, de la clave, la clave del songo, que es cubana y no es exactamente la de candombe, toda una cuestión de cuándo está una y cuándo la otra, que capaz que solo lo escuchamos nosotros porque la clave está re atrás. Es como que una hace [chasquea los dedos en las dos claves] y se van alternando.

Foto: Difusión

Es un ejemplo también de lo que decías vos de las raíces heterogéneas.

La otra vez decía “lamentablemente”, pero no sé por qué. Nuestras raíces, de cuando éramos más guachos, en la escuela, no eran muy autóctonas. Yo no escuchaba a Jaime Roos. No escuchaba a Eduardo Mateo. Era más Zeppelin. Pensaba “lamentablemente” porque hubiera estado bueno. Pero hoy lo veo como “es lo que es”. El candombe es algo que sin querer está en nosotros. Vivimos en Concepción del Uruguay, y las cuerdas de tambores pasan siempre. Aunque no quiera escucharlas, están. Yo soy batero, estudié con Osvaldo Fattoruso, estudié la clave de candombe, entonces son raíces que inevitablemente están, pero tampoco es algo que haya curtido.

GONZALO: No es culpa nuestra.

GASTÓN: Con una perspectiva más madura, veo que por alguna razón uno tiende antes de mirar hacia adentro, mirar hacia afuera.

GONZALO: Nos llamaban la atención los pelos largos y las guitarras bajas. Impresionarse musicalmente era más fácil con lo que está sucediendo a nivel mundial. Cuando sos guacho no tenés tan claro que querés, más que hacer ese solo de guitarra.

GASTÓN: Después mirás para adentro y decís “pah, la puta madre, lo que me estaba perdiendo”. Hoy pasa lo mismo. La escena musical de acá, hay un montón de música y muy variada. Hay una escena muy, muy rica. En candombe, hay un montón de bateros que la están haciendo de goma. Y como país chico que somos, tendemos a mirar hacia afuera.

¿Y para vos, Gonzalo, es lamentable o no?

GONZALO: No, nunca. Slash va a seguir en mi corazón. Era más una cuestión de idolatrar. Estás yendo derecho a la corona, era obvio que él era el rey. Tenía una galera, pelos largos y fumaba un pucho, estaba muy claro. Cuando sos chico, la información te llega desde otro lugar. Más allá de que las canciones nos gustaban.

GASTÓN: En vez de a los Beatles, escuchábamos a Angus Young.

GONZALO: Claro, tocaba con una mano sola, ¿cómo hacía? No se toca con una mano sola, me voy a enloquecer [se ríen].

¿Qué influencia reconocen en este disco?

GONZALO: Una influencia 100% tameimpalesca. Pond, todas esas bandas australianas. También tenemos una cosa más beatlera, sobre todo por la bata. Los arreglos de batería tienen tanta importancia como los de guitarra o de teclas, y es algo que a mi entender los Beatles hacían mucho. Después hay muchos riffs de guitarra que yo voy a Jimmy Page, sin querer. Como me crié con ese estilo, los riffs van a ir por ahí. “Orden 66” es acústica, tiene un arpegio, y se ve a la legua que está medio ledzeppelinero eso. Pero no lo hice pensando, simplemente lo toqué y me gustó. Después se desconfigura y entra en un lugar más groovero, más bailable, tiene un sintetizador más simple.

GASTÓN: Acá hay un choque muy interesante. La canción está hecha, estamos produciéndola, y Gonzalo viene y me dice: “Bo, pará, y qué pasa si en este momento la bata suena a esto“. Y yo le digo: “No quiero ninguna referencia de nada”. Pero inconscientemente [se señala] o conscientemente [señala a Gonzalo], siempre las hay. Soy partidario de no hacerlas conscientes, pero no por un tema de imitar o de copiar, sino porque pueden contaminar tu propia intención, lo que estás queriendo decir.

Eso de Pond y Tame Impala me llama la atención. Hay un montón de psicodelia en la escena uruguaya actual.

GONZALO: Para mí, así como la droga y el ácido nos hacen abstraer de las realidades, la música tenemos muchas ganas de salir de lo clásico. “Basta del sol menor”. “Vamos a tocar estos mismos dos acordes, pero vamos a echarle un balde de ácido a ver qué pasa”. Cuando empezás a madurar con el instrumento, las ganas de investigar, si te sigue escuchando el rocanrol, porque capaz que se te fue la croca y estás escuchando cumbia…

GASTÓN: Que dicho sea de paso, la cumbia está demás y no le está faltando el respeto.

GONZALO: No, no, pero como otro género. La evolución del rocanrol y todo ese palo beatlero o stone, se fue acercando al lugar de abstraerse. Y Tame Impala hizo eso. Una batería simple, una buena melodía, y que todo el resto sea un caos de psicodelia. Mantenés una línea de canción y te abstraés del origen. Lo que hizo Kevin Parker fue crear un campo de texturas sobre una fórmula.

GASTÓN: En “Orden 66 (Caos)”, es un arpegio de guitarra y no precisamos nada más. No es una canción psicodélica. No necesitábamos sintetizadores locos, porque ya ese arpegio me llevaba a otro lugar. Yo disfruto del arte en general cuando no estoy pensando cómo se hizo. Cuando lo pienso mucho, me distrae, no me estoy dejando inundar de sentimientos. Hay veces que algo simple funciona y hay veces que no y recurrimos a desarmarlo y hacerlo mierda para no pensar en cómo está hecho y darle la libertad al receptor de que se le vaya la moto pensando lo que quiera. Por eso disfruto mucho de las letras de Spinetta, porque no entiendo nada y puedo imaginar cualquier cosa. Volvemos a lo que te pide la canción. Por ejemplo: “Mantarrayas” es una canción que dura un minuto, y Gonzalo cuando la hicimos fue tipo “no puede ser, boludo, necesitamos algo más”. Y cuando la escuchamos, no. No necesita nada más. Es un ejercicio muy salado de dejar el ego de lado, porque tenés que callarte y escuchar.

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