PiiiLA y la lucha por salirse de las estructuras

Es un medio digital de música que arrancó el año pasado y como en MOOG no solo nos gusta escribir de cultura sino leer a otros, nos pareció importante destacar a PiiiLA en el especial de Fin de Año Atrasado

Fotos: Josefina Brum

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

A Kristel Latecki le incomoda un montón sacarse fotos, más en plena peatonal Sarandí. Es que está acostumbrada a estar del otro lado.

Renunció a El Observador en mayo pasado tras unos seis años de trabajo en la sección cultural. Se tomó un par de meses entre descanso y preparación muy detallista, y en julio arrancó con PiiiLA. Un medio digital de música. Porque quiso “ser periodista para ser periodista de música”. En 2016 había cumplido el sueño de tener libro propio -con Nos íbamos a comer el mundo: 20 años de rock en Uruguay-. Ahora va por otro sueño, el del medio propio, desenganchado de las estructuras rígidas de los diarios en papel.

Técnicamente PiiiLA es competencia de MOOG, pero convencidos de que la competencia nacional -bien entendida- solo puede hacerle bien a esto que hacemos, decidimos entrevistar a Kristel para nuestro Fin de Año Atrasado. Y sacarle fotos.

Lo que sigue es un resumen de una charla breve y desordenada.

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¿Cómo surgió la idea de PiiiLA?

Yo quise ser periodista para ser periodista de música. No me interesa otro tipo de cosa. No sé otro tipo de cosa. Me siento anticuada en otra cosa. Y desde siempre quise tener un medio propio. Cuando fue todo el boom de los blogs, como por el 2004, yo tenía experiencias súper, mega amateurs que no leía nadie en diferentes plataformas. Después con el que era mi novio hicimos un blog un poco más serio [Ted el mecánico] en 2007 y para ser chiquito nos iba bastante bien. De hecho ganamos un concurso de El Observador y nos publicaban algunas notas. Después entré a El Observador en 2011.

Quería tener algo mío, con una identidad y un estilo. Ya tengo 31. Si no lo hacía ahora, no lo iba a hacer más. Salirte de la estructura de tu sueldo y tu aguinaldo es un huevo. Me tiré a la piscina.

¿El libro te inspiró?

En realidad dije “después de que termine con el libro empiezo a pensar qué hago con mi vida”. No una cosa llevó a la otra sino que fue un proceso que se superpuso. Si el libro no pasaba, igual el sitio iba a pasar. Surgió la oportunidad y gracias a los dioses, estuvo demás. Pero mi objetivo era PiiiLA. No me sentía que lo podía hacer ahora, boludeces de inseguridades, como que lo iba a hacer [el libro] de más grande.

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Nos íbamos a comer el mundo comenzó como su tesis universitaria, aunque entonces se circunscribía solo a boliches. Al llevarlo a formato libro, lo amplió a esos 20 años de rock, entre 1990 y 2009.

En PiiiLA está trabajando sola por ahora, salvo que algún amigo se ofrezca a escribir, y por su hermana que saca fotos. Dice que si no tendría que ser trabajo gratis y se niega a pedirle a nadie que trabaje en esas condiciones. “Mi cabeza deriva a que quiero hacer un montón de cosas que yo sola no puedo hacer”, dice. “Deliro y quiero ser Pitchfork cuando estoy yo sola”.

El clic debe ser darnos cuenta de que no podemos ser Pitchfork. Que podemos ser PiiiLA o MOOG.

Yo quiero ser el Stereogum de Uruguay. Y creo que se puede. Lo que pasa que necesito un equipo. Mientras esté sola, hago lo que puedo. Odio esto, pero es lo que hay.

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Kristel recuerda que en poco tiempo en la sección cultural de El Observador tuvieron muchos editores distintos. Por lo que su trabajo “siempre dependió de las aspiraciones del editor”. Y se cansó. Sigue:

Era complicado, porque año que pasaba tenías otro editor y tenías que acomodar lo que podías ofrecer o las ideas que querías tener. Hay mucha negociación. A veces es más fácil. A veces, más difícil.

Sin ese control externo, ¿no se te irá la moto muy a lo hipster?

Mi objetivo acá es hacer cosas, entre muchas comillas, hipster. A mí lo que me interesa es agarrar gente que me parece que es genial y ponerla en el foco. No estar haciendo la novena nota de la banda que todo el mundo conoce. Me interesa mostrar otras cosas, dar otras perspectivas que el diario. Si no, nadie me lee, es lo mismo. No existís. Quedás tapado en la avalancha de información.

El diario cubre lo más mainstream. Pero Montevideo está llena de cosas que están pasando.

Me genera mucha frustración. Tengo mucha gente conocida que siempre me estaba tirando cosas nuevas e interesantes. Podía hacer malabares, pero no podía meterlas. Tengo muchas experiencias feas, pero no las quiero decir [se ríe].

¿Qué cosas has hecho ahora que no podías haber hecho en el diario?

Estar todo el día buscando canciones y discos nuevos para poner, encontrar algo que me emocione. Eso es lo que me encanta. Encontrar una canción que digo “esto me llegó”. La mayoría de las veces escuchás música que por H o por B no te pasa nada. Y cuando encontrás algo que te despierta algo, es un momento re lindo. Yo vivo para esas cosas. Conectarte de esa manera con la música es la esencia. Es el corazón del periodismo musical.

Hacer notas largas también, no podía hacerlo. En el diario tenés una plantilla y tenés que recortar todo para que entre. Ahora que no tengo, hago chorretes de texto que recorto porque pienso “¡la gente no las va a leer!”. Yo misma a veces no quiero leer notas largas. Pero hay una nota que hice hace unas semanas a Ernesto Tabárez, y para mí quedó hermosa. Fue una charla de casi dos horas en las que él habló, yo dejé que hablara porque él se expresa perfecto. Fue un laburo que me estresó muchísimo [se ríe], pero el resultado quedó muy bueno. Esas cosas no las podía hacer: tomarme una semana para hacer algo. Estuve trabajando días enteros.

La que es un viaje es la de Paul Higgs.

Esa fue la primera nota con la que inauguré el sitio. Estuvo divertida. Eso también. Tomarte el tiempo para hablar con la gente, no tener que estar en la redacción en quince. Sentarte y charlar. Me encanta.

¿Qué medio te gusta leer?

Cuando era chica y estaba decidiendo qué hacer con mi vida, me encantaban las revistas Pimba y Freeway. Eso es lo que quería hacer en la vida. Pimba con su lado más hipster, más artístico; Freeway más comercial, más orientado a la entrevista y más periodismo. Me inspiró. Quería trabajar en esos lugares. También un blog chileno, POTQ. Pero Stereogum y Pitchfork son los dos pilares. Lo que uno aspira a hacer.

Como dijimos, en Montevideo suceden tantas cosas. ¿Cuál es el objetivo de PiiiLA? ¿Documentar?

Mostrar las cosas que están pasando. El otro día, ejemplifica un poco, tocó Genuflexos y no salió en ningún lado. La nota la hice yo. No estoy sacando cartel, pero ese tipo de perfiles que no están siendo cubiertos, es ser el lugar donde están. Siempre y cuando la propuesta esté buena.

Y vos que venís de escribir un libro sobre la historia del rock nacional, hace poco estuvo el Montevideo Rock y antes la reedición del Pilsen, con grillas un poco congeladas en el tiempo. ¿Es rol de los periodistas impulsar que se dé un recambio?

Creo que en parte sí. Es una creencia mía zarpada. En un momento en que las diez bandas más populares eran las que tocaban en el Pilsen, no se le prestó atención a nada más. Y se creó una cobertura de que el rock uruguayo era solo eso. En realidad estaban pasando un montón de otras cosas. Cosas mucho más under que estaban buenas. Vieja Historia estaba llevando muchísima gente, pero no tenía una cobertura grande. Si hubiese seguido y se hubiese acompañado en medios masivos, probablemente hubiese sido otra la… historia.

Hubo un vacío importante, una generación que no tuvo representatividad. Todas las bandas que tiene Pau O’Bianchi, que hace doce años que está sacando música y sigue siendo desconocido. Una banda como Boomerang que ya tiene 20. Hablan Por La Espalda, que ya tiene 20. Siguen siendo under. ¡Si hace mil años que vienen tocando! ¡Ya tienen un público! ¿Por qué no llegaron a ese lugar? Porque no se los apoyó. Todas las mujeres que dicen que faltan: nunca se las apoyó.

Algunos casos puede que sea que no terminaron de conectar con la gente.

Yo qué sé, si no las difundís, la gente no las conoce. Ahora que está Spotify, podés decidir lo que escuchás. Pero cuando estaba solo la radio, y vos estás pasando 24 horas la misma música, la gente no sabe lo que está pasando afuera. Es un problema que se viene arrastrando de esa época. No digo la gente que está siempre explorando, sino el público masivo. Yo fui a Montevideo Rock y la gente estaba para ver a la Trotsky, a La Trampa, a Buitres, a NTVG, se llenó el ruedo, y en el escenario más chico, que estaban pasando otro montón de cosas más interesantes, cada vez que empezaba a tocar una banda se vaciaba. Tampoco hay una cultura de conocer. De “a ver qué onda esto”. Te vas a escuchar el mismo disco que venís escuchando desde hace cinco, seis años.

Entonces hubo una generación que se perdió. Y en la que está ahora, grupos que están empezando a hacer ruido ahora, ¿notás que hay un cambio?

Con el hip hop, se sigue sintiendo de nicho aunque es súper popular. Le cuesta un poco más, a pesar de que sean los que te hacen bailar hoy en día. Los Buenos Modales para mí es increíble. Dostrescinco también. La cantidad de gente que llevan… Te llenan una Trastienda. A Alfonsina, por ejemplo, se le está dando la oportunidad de llegar. Tocó en el Antel Fest. Tocó en el Montevideo Rock. Cierta presencia extra, que está buenísimo porque el disco de ella es espectacular y merece estar en esos lugares. Hay otros que también. Hay nuevas generaciones que están accediendo, pero no gracias a nosotros. Gracias a ellos y a su perseverancia.

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