Poco gancho

The Leftovers sigue tratando de mantener tanto misterio que va perdiendo el interés

Leftovers

Se puede seguir dándole chances a The Leftovers, pero la serie tendrá que trabajar mucho para levantarse. Luego de dos capítulos, sigue sin haber el menor atisbo de evidencia sobre qué ha pasado en el mundo para provocar la desaparición espontánea de millones de personas, y los avances que sí hubo fueron demasiado lentos y echaron poca luz sobre los hechos. El misterio es un buen recurso para mantener el interés, así como un misterio sin miras de resolverse termina cayendo en el olvido.

El segundo capítulo del show comienza con la invasión de la casa de Wayne, el gurú que tiene bajo su cuidado a Tom, el hijo del jefe de policía Kevin Garvey. Entran a disparo limpio, sin piedad con las chicas que viven con el líder espiritual; Tom logra rescatar a Christine, una de especial importancia para Wayne, y escapar con ella. Cuando se encuentra con el gurú en una estación de servicio, este le dice que la cuide, rompe su iPhone y le da un walkie talkie por el que se comunicará con él cuando llegue el momento. El problema con esta parte de la historia es que no se entiende la secta del tal Wayne; solamente que tiene poder, porque lo visitó un parlamentario en el episodio anterior. Tampoco se sabe qué hace Tom ahí. Cómo lo tiene cautivado Wayne. Por qué no le habla a su padre. The Leftovers no puede pretender que miremos enganchados cuando el gancho es tan débil.

Kevin, por su parte, tiene la que parece ser la historia más interesante, pero de pique arranca con un sueño -demasiado obvio- y enseguida pasamos a él en el psiquiatra, quien lo cree culpable de haber matado a la jauría de perros de la semana pasada, a pesar de que él jura haber estado acompañado por otro hombre. La alcalde del pueblo de Mapleton, Lucy, trata de convencerlo de quedarse tranquilo y colaborar con el médico, pero Kevin no quiere. Allí sucede lo más extraño del capítulo: el jefe de policía pone un par de donas en una tostadora y desaparecen. ¿Será lo mismo que desapareció a la gente? Finalmente vemos que no, solo se cayeron al fono de la máquina. Zzzzz.

Mientras tanto, la hija de Kevin, Jill, persigue a una mujer que perdió a todos sus hijos, porque le vio un arma en la cartera y… Tampoco pasa nada. Demasiados muros, HBO. Tiene que haber una puerta en algún lado para que el show salga del estanque.

La historia de Megan, el personaje de Liv Tyler, es la única que aclara en vez de oscurecer. El culto (que ellos niegan que sea un culto) de los fumadores-de-blanco-que-no-hablan resulta llamarse The Guilty Remnant, o sea, los remanentes culpables. Su rol es recordar a la gente lo que sucedió. Sigue sin conocerse el porqué de su adicción al cigarro, pero por lo menos se entiende que perseguían a Megan a todos lados tratando de unirla a la secta. La mujer está en fase de prueba y es sometida a una suerte de entrenamiento por el que tiene que hachar un árbol, algo que encuentra sumamente estúpido. Sin embargo, cuando el jefe de policía entra a la sede de G.R. para chequear que Megan esté allí (su novio la denunció como desaparecida), la chica le asegura que no quiere irse de allí. Si bien su comportamiento despierta dudas en el resto de la secta, termina quedando claro su compromiso cuando vuelve a buscar el árbol para hacharlo, en medio de la nieve de Mapleton. Es un buen cierre de capítulo, si bien no exactamente impactante.

La otra suerte de puerta que The Leftovers deja entreabierta es la del francotirador misterioso, que aparece en la casa de Kevin y le pide que lo vuelva a acompañar a matar perros. Quién es y por qué se dedica a eliminar a los animales -que perdieron la razón el día de la desaparición- es otra pregunta que queda en el aire. Además Kevin visita a su padre a un manicomio, ya que resulta que el hombre escucha voces. Voces que le cuentan que mandaron a alguien a cuidar a su hijo. ¿El francotirador? ¿Qué son las voces? ¿Ángeles? ¿Significa eso que la desaparición espontánea tuvo que ver con la religión?

Otra vez, The Leftovers pregunta y pregunta y pregunta y no responde nada. La nueva serie de HBO cada vez más se inclina hacia el lado decepcionante de la balanza televisiva. Lo que la mantiene a flote es que el concepto original tiene tantas posibles explicaciones que si las respuestas empiezan a aparecer, pueden hacer crecer mucho al show. Al igual que la semana pasada, el potencial está, ahí, en algún lado. Las chances de demostrarlo se van quemando.

Gastón González Napoli (@GastnGonzalez1)

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