Portadores de Hip Hop: “Es un embole que la gente tenga que cambiar sus ideales para pegarla en algún lado”

El grupo tiene tema nuevo y recibió un reconocimiento en los Graffiti por su trabajo social, dando talleres de hip hop y feminismo en liceos

Por Pilar Roca

Fotos: E.R.A.

Martín Turielli llegó al hip hop por un centro juvenil en su barrio, Capurro: en una fiesta de su cuadro de fútbol vio a alguien bailar breakdance. Se inició en el rap siendo casi un niño y, como no tenía alguien que hiciera los ritmos, ahorró algunas meriendas de la escuela y se compró una computadora. “El tema es que andá a decirle a tus padres que hacés música sin tener un teclado, sin estudiar guitarra. Nunca estudié, costó mucho que me dijeran ‘músico’ en mi casa. Siempre me dieron para adelante, pero decirme músico era otra etapa”, dice.

Hoy, además de músico, dice ser como un pulpo: es MC de Portadores de Hip Hop, baila breakdance, estudia Ciencia Política y Gestión Cultural y trabaja en su emprendimiento familiar. Con su banda, además de tocar en vivo, está abocado a dar talleres de hip hop y género en liceos de todo el país.

Entraron en el ambiente del hip hop muy chicos. ¿Qué escuchaban antes?

Yo la verdad que escuchaba cualquier cosa. Me acuerdo de “Yo no sé lo que me pasa cuando estoy con vos…”. Nunca fui muy aggiornado en la música. En mi casa, mi padre escuchaba Zitarrosa, en realidad. Hoy, de grande, lo valoro, pero cuando era chico me atomizaba porque ya sabía que Zitarrosa era los domingos, y era pesado. Todos los cassettes de Zitarrosa. Nunca fui un tipo musical, nunca tuve nada definido. De hecho entré al hip hop de pedo. Escuchaba lo que escuchaba cualquier gurí de la época para jugar, para divertirse…

¿Hay prejuicios hacia el hip hop?

Y… depende. No sé si ahora hay, cuando arranqué sí. Empezábamos a bailar breakdance en las esquinas y siempre estaban las vecinas que te denunciaban, eso estaba re presente. Era normal. O estar rapeando en una esquina y pedirte marihuana. Creían que como éramos raperos íbamos a tener marihuana o estábamos robando. Se asocia mucho a la cultura de la calle. El tema es que, en la realidad en la que estamos, no es precisamente callejero. El breakdance sí, es más de barrio, pero el rap creo que estaba más asociado a la clase media-alta acá. El rap era más de clase alta porque venía más del palo del rock, y para tener instrumentos había que tener plata. El break era más de barrio, y ahí había gente que rapeaba, pero no se lo tomaban tan en serio porque había que tener plata. No conocíamos esa cultura, que ahora vienen acá al callejón y rapean haciendo beatbox. No existía.

Va evolucionando.

La Teja Pride, igual que V.D.S., que Sudacas La Familia, Contra las Cuerdas, vienen de una coyuntura política distinta, son hijos de la dictadura. Entonces es otro contexto. Y después el rap fue evolucionando. Había rap en los barrios, ojo, lo que pasa es que no se escuchaba tanto. Hasta el día de hoy sigue siendo un problema: yo recién después de quince años de música puedo hacer algo en serio. Pero ya hay gente que hace cosas en serio desde antes que yo, y eso tiene que ver con los recursos.

¿A qué le llamás “en serio”?

Grabar en un estudio, sonar bien, masterizarte y no ser un improvisado y grabar en tu casa. Eso es en serio. Pasa que el hip hop es algo fácil de hacer, pero que suene bien es otro problema. Entonces nosotros nos hicimos un nombre sobre nada, improvisando, haciendo con lo que había. No hicimos algo en serio, entonces no sé hasta qué punto fue bueno y hasta qué punto no.

Las bandas que nombraste, ¿eran referentes para ustedes cuando empezaron?

Sí, La Teja Pride sin dudas, V.D.S. Sudacas era una banda que apadrinaba bandas en el barrio, entonces iba a los toques con treinta personas, era una cosa impresionante. Tenían un estudio de grabación, ya hacían colaboraciones con gente del exterior. Fue la banda más grande de hip hop que hubo acá, de hecho llegaron a tocar en el Estadio Centenario. Estaba el Peyote Asesino y estaban ellos. Sabían lo que era hip hop, en sus shows había gente que bailaba breakdance. No era rap, era hip hop. Esa es la banda más referente para mí. La Teja también, obvio, pero era otro perfil, igual que Contra las Cuerdas… Después estábamos nosotros, una generación que seguía.

Portadores tiene un mensaje político que hoy no está tan presente en el rap.

Es algo para pensar. Cuando saqué la canción [“Incómodo”], mucha gente me decía “gracias por decir cosas”, pero en realidad es un embole, porque hay un montón de cosas para decir y es un embole que la gente tenga que cambiar sus ideales o sus mensajes para poder llegar al objetivo de pegarla en algún lado. Entonces a mí me da un poco de lástima eso, más cuando viene de este género que tiene una raíz bastante sociopolítica fuerte. Más lo estudiás y más ganas te dan de romper.

No quiere decir que por ser rapero tenés que salir a pelearte con todos, podés hacer un rap que hable de lo que se te cante, porque en definitiva los géneros están para degenerarse. Una vez me crucé con Fernando Cabrera en el bondi y le dije “bo, yo hago rap” y a él lo único que se le dio por decirme fue “ah, tenés más tiempo para decir cosas”. Yo al principio, acorde a mi adolescencia, hacía canciones desafiando a otros raperos, hablando de estupideces. Después me di cuenta de que tenía un poder bastante importante para hacer un cambio.

No quiere decir que siempre tenga ganas de decir cosas, pero es muy difícil que yo haga una canción que hable de cómo te vestís, salvo que sea algo personal mío y esté muy enamorado de la vida, no creo que hable así, o que te ves más linda cuando estás alcoholizada. No es que esté mal, de hecho mi trabajo hoy, educativo, es analizar eso. No hay mal y bien. Creo que ese rol no se está ocupando hoy, o por lo menos no masivamente. Por ahí la gente está y no la conocemos.

¿Ser tan directos les cierra alguna puerta?

Sí, un montón. Cuando nosotros empezamos a hacer música así, a jugarnos políticamente, empezó a haber un rechazo de mucha gente. Primero del hip hop. Lo primero que hicimos nosotros fue juntarnos con artistas que no fueran del género, porque el género estaba muy viciado y era muy difícil salir. Cuando empezamos a hacer música con gente como Dani Umpi, que nada que ver con el hip hop, que fue el primero en acercarse a nosotros, ya el género empezó -el de esa época, no quiere decir que el de ahora sea igual, porque yo no curto el palo de ahora- a decir “el rap de maricón” y no sé qué. Y nosotros al revés, ya estábamos yendo a la Marcha de la Diversidad, viendo que había una parte de la población que estaba sufriendo, empezamos a cambiar nuestra lógica. Cuando en 2014 decidimos hacer campaña política por el Frente Amplio, abiertamente, fue peor.

Pero, la verdad, preferí ser sincero, no ser hipócrita, yo no reniego mis ideales políticos. No quiere decir que no me tome una birra con alguien de otro partido, de hecho en mi banda había gente de otro partido y hoy por hoy es gente formada, y si va a estar de la vereda de enfrente, va a estar de un lado consciente y no ignorante. Hay gente que estudia y que argumenta sus posiciones. Cuando tocamos con Dani Umpi, mucha gente del hip hop se acercó y nos dijo “están gileando, no es necesario”. Me parecía que estaban ellos errados. Y con la política, lo mismo: como que nos agarraban de títeres, que el Frente Amplio nos pagaba la música.

¿Te arrepentís de algo que hayas escrito antes?

Sí, sobre todo los raps competitivos de otras bandas que había en otra época. Siempre estaba esa competencia estúpida, y de eso me arrepiento bastante, porque perdí tiempo de mi vida hablando pelotudeces. Podría haber hablado de otras cosas. Y otras que ya largué y ya están colgadas, es parte de mi vida, uno crece a partir de eso.

¿Cómo lo manejan? ¿Dejan de tocarlo, reharían algún tema?

No lo toco. Hay una canción que es la que más rompe con el tema de la política, que se llama “Tiranos Temblad”. Dice una parte que repartan todo lo que sobre a los pobres. Es una frase que me quedaba bien la rima, pero lo que decía, en realidad, está bien mal. Hoy yo no estoy de acuerdo con que haya que repartir lo que sobre, sino que hay que repartir porque el mundo es desigual. Si no, sigue la desigualdad: yo te doy mis sobras y vos comés los huesos del asado. Hay cosas que sí las sigo cantando, pero las digo antes. Me tocó en el Movistar Bandas decirlo y lo dije, estuvo bueno.

Llegaron muy lejos en Movistar Bandas, fueron finalistas.

En realidad, lo que yo quería era que me grabaran tocando con la banda. No puedo tocar porque hay que tener plata para tocar con la banda. Toco con Pablo [Martínez], mi compañero de los talleres, porque es el formato más barato, y es explosivo porque los dos somos bailarines también. Entonces vas con una computadora, enchufás, decís algo, impactás en 20 minutos. No tuviste que comprar nada, no demorás con prueba de sonido. Yo prefiero tocar con banda, es mucho más lindo, pero es caro y yo no hago tocar a mis músicos de onda. En la banda tengo gente con familia, con hijos y con problemas, y yo no puedo seguir tocando de onda en todos lados.

Entonces el Movistar Bandas me dio esa apertura de grabar a la banda, que nos vean, y si nos contratan ya está acá el currículum. No fue por ganar, ni mucho menos, no fue un programa muy visto. Movistar me parece una empresa de mierda, en verano la había criticado por una propaganda de Pampita, pero me presenté a ver si se la bancaban igual, y se la re bancaron. Pasamos entre los cincuenta, quedamos entre los doce y después pasamos a la final y después perdimos. Quedé bastante desconforme con la organización, pero después estuvo bueno, conocí músicos que andaban volando y nos dieron terrible material. Sonó bárbaro, estuvo bueno para pulir el en vivo, cómo se ve. Nos dijeron que perdimos por ir sin bajo, no teníamos bajista.

¿Cómo surgieron los talleres de hip hop y machismo?

En 2015 no propusieron hacer un taller así en San Luis, que hablaba de género. Ahí agarré y me puse a revisar un poco el hip hop, y me di cuenta de que el hip hop actual, con determinados géneros musicales actuales, comparten mucha cultura y entre esa cultura está el tema de las letras. Eran letras que siempre le hablaban de determinada manera a las mujeres, siempre mostraban mujeres en pelotas, siempre hablaban de drogas. Me pareció sano comparar, y contar qué era el hip hop y entender esa conducta.

Al principio arrancamos con un taller medio feminista. Lo empezamos en el liceo del Cerro, no sabíamos cómo nos iba a ir. TV Educativa nos filmó este taller, le pusimos publicidad en Facebook a ver qué pasaba, y con la primera contratación lo que íbamos a hacer era reinvertir. Resulta que nos sobró capital y terminamos recorriendo el país. Es permanente, terminamos trabajando con el Ministerio de Cultura, con Secundaria, con Primaria. Algo que se nos fue de las manos. No lo esperábamos y fue una forma de hacernos escuchar, ganando plata, dejando un mensaje, dos horas cantando nuestras canciones y escuchando a los gurises, que es mucho mejor que ir a un toque, irte y quedar como un crack.

Se nota, por los videos y las redes sociales, el feedback de los chicos de los liceos.

Me tuve que adaptar a la nueva plataforma, a Instagram, que es una red social muy de los pibes de ahora, por lo menos a los quince años están a tope con Instagram. Yo no curtía ni a palo, era más de Facebook, de explayarme y escribir, pero me tuve que adaptar. Fue una locura, en una semana teníamos 1.500 seguidores más. Y ahora siguen subiendo, y mañana tenemos taller y seguramente suban, porque una de las cosas que hacemos en el taller es que las personas que no se animaron a contarnos algo por esos miedos que tenemos, producto de los prejuicios, que nos lo cuenten ahí. Entonces claro, van y nos muestran música, hablamos, nos cuentan cómo se sintieron.

Con los talleres llegaron a ganar una mención en los Graffiti, y aprovecharon estar en el escenario para hablar de presupuesto para la educación.

Nunca ganamos un premio Graffiti. Cinco nominaciones, y perdimos todas, cinco años seguidos. Pero sí nos mencionaron con un trabajo social. Siempre mi sueño con los pibes -imaginate perder cinco veces los Graffiti- era estar en el escenario y rapear. La idea era que bailaran también, pero no daba, y al final me subí con los chiquilines del Cerro, que fueron los que aparecieron en el video. A ellos los propulsó a irse a Colombia, porque ganaron el premio Óscar Arnulfo en derechos humanos, que tenía que ver con el hip hop, y a nosotros el Graffiti.

En el nuevo tema, “Incómodo”, también hablan sobre educación.

Sí, soy un pelotudo, vivo con mis padres todavía, pero es lo que elegí. Elegí esa forma de vida. Tengo un emprendimiento familiar con mi vieja, vivo de ese emprendimiento y de los talleres. Si no fuera por trabajar en casa, no podría emprender. Estudio dos cosas a la vez. Rapeo, bailo. Estoy en todo, tipo pulpo. Somos como los eternos jóvenes.

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