Presentando a Harvest

Charlamos con Iael Brener, diseñadora y artista visual suizo-uruguaya nacida en 1984 que con el seudónimo de Harvest editó recientemente su disco Erebus a través de Bandcamp, un trabajo que describe como electro doom pop y que es una colección de temas densos, oscuros sin perder nunca un costado popero, y con mucha experimentación sonora
harvest
La definición de electro doom pop es tuya, ¿verdad? Busqué y no encontré muchas otras referencias a esa mezcolanza de géneros.
Sí, definitivamente. No encontré un género en el cual insertarme, ya que lo que hago es resultado de una gran mezcla de influencias variopintas. Es electro porque es música generada en la computadora, utilizando instrumentos virtuales y midi, cortando y pegando pedacitos de samples de forma milimétrica y tocando sintetizadores. Es doom porque los paisajes sonoros son en general oscuros y melancólicos, en escalas menores y las letras dicen cosas horribles.
Y también es pop, por la estructura de las canciones (formato verso-estribillo, estribillos que se repiten y la utilización de “ganchos melódicos”) y por el tratamiento de la voz. La voz principal está impostada y canto un tono más arriba que mi voz normal. Le quería dar suavidad, ya que todo lo que sucede alrededor es bastante espeso.
Me parece que la definición si bien compleja está bien rumbeada: se mantiene como en un universo electro-pop pero lo subvierte con elementos que van generando sensaciones propias del doom.
Efectivamente. Mucha influencia del electro-pop/kraut rock, el post punk el trip-hop (cuántos estilos…), empezando en Kraftwerk, Joy Division y Depeche Mode y terminando en Björk, Ladytron y Massive Attack. En realidad la lista de bandas es muy larga. ¡Lo del doom te lo cuento más adelante!
También tiene algunos momentos operáticos, épicos.
Tiene elementos, sí. No fue algo planeado, se fue construyendo para ese lado y de repente me dije: “Esto precisa violines”, y después de ahí fue un camino sin retorno y dije: “Pongamos una orquesta entera”. Me refiero al final de “Penthos”. Si tuviera que asociarlo a una influencia particular diría que viene del lado de Vangelis y de Clint Mansell, compositores que admiro muchísimo. A Vangelis lo escucho desde niña.
¿De dónde viene el gusto por el inglés llamémosle antiguo? El uso del “thy” y ese tipo de expresiones. Me dan muy metal, pero quizá haya otra razón. También me recuerdan al lenguaje bíblico en inglés, al de las oraciones. Y el disco incluye también una lectura de crítica sutil a la religión, o por lo menos un comentario en ese sentido (“Thou the puppeteer/begetter of misery”, “Thou the almighty/Path to impending doom”). ¿Está vinculado con eso?
Está vinculado con las dos cosas. La influencia del doom/gothic metal está en eso y en la forma de escribir las letras, como en plan poesía, con rimas y juegos de pala|bras/metáforas. Las bandas Draconian, Katatonia, Paradise Lost, Agalloch y Black Sun Aeon me marcaron a fuego. También escucho mucho post metal que me ha influenciado en cómo encarar los climas y el in crescendo hacia el estribillo o hacia un determinado momento cúlmine. De este estilo en particular destaco a Cult of Luna, Neurosis, Isis y Callisto.
También cierra conceptualmente con la temática del disco. Cada tema tiene el nombre de un espíritu o “daemon” de la mitología griega. No los quiero llamar “demonios” porque no quiero asociarlo al concepto judeo-cristiano de la palabra. Pero en cierto modo son entidades malignas, porque influyen en las historias/mitos de forma negativa, tanto en los hombres como en el universo divino. Estos espíritus además de ser entidades, representan sentimientos y condiciones humanas. Eris a la discordia, Lyssa a la ira, Oizys a la tristeza, Hybris a la insolencia, Thanatos a la muerte, Penthos al sentimiento de pérdida. La conexión está en que estos son sentimientos y condiciones por las que he pasado múltiples veces, por lo que cada canción pretende ser una “cantada de la justa” a cada uno de ellos. Si me enfrentara a estos espíritus, esto sería lo que les diría. Y sería a la vez en tono de rezo y les hablaría con ese respeto y solemnidad.
Apelás a imágenes salidas de la fantasía y la mitología, como una cabeza con melena de serpientes o el concepto de hybris; pero también a otras de mayor oscuridad como el pedido de apretar la mano hasta que corte la circulación sanguínea, el emparentar al otro con una horca. ¿Tenés gusto por ese tipo de imaginería oscura?
Bueno, como te decía, el vínculo con la mitología es directo. La oscuridad está presente en cómo estos sentimientos afectaron (y afectan) mi vida. Si hubiera podido me hubiera quedado con los ponys y los arcoiris, pero los hechos no me lo han permitido. Por muchos años he vivido atormentada por estas cosas. Y me ha llegado a gustar, sí. Me he hecho amiga de mis demonios y este disco me ayudó mucho a hacerlo.
Lo de apretar la mano hasta que se corte la circulación sale de la canción “Oizys” y se refiere a eso, a cómo la tristeza está ahí y no se va, y aprieta. Aprieta las venas, aprieta como una horca. Pero más adelante en la canción se convierte en una amiga y en el motor de mi creatividad. En todos los casos vivo una sensación de amor/odio con ellos.
Similar a por donde va la tapa del disco, que parece salido de una pesadilla animé.
La imagen de tapa es extraída de un fotograma del videoclip de “Thanatos”. Y creo que sintetiza perfectamente lo que es el disco: una catarsis, un llanto, un vómito. Y un vómito glitch, porque es un vómito de errores, de crisis, de elementos disruptivos como mencioné anteriormente. Dije “vómito” pila de veces.
Codirigiste el videoclip de “Thanatos” y te felicito por eso. Describís a Harvest como un proyecto audiovisual. ¿La intención es realizar más trabajos en la línea de ese clip?
¡Muchas gracias! Fue un proceso cargado de emociones tipo montaña rusa. Las tomas iniciales no habían quedado nada bien y hubo que re-conceptualizar todo y ver cómo hacer para que tuviera una historia que aún tuviera que ver con la canción. Me reuní con varias productoras y nadie quería agarrar el laburo. Y ahí dí con Mathías que medio a regañadientes aceptó involucrarse porque le había gustado mucho el tema. Lo brifeé a Mathías [Chumino, codirector] y empezamos a construirlo vía mail. Nos mandábamos referencias e ideas y así quedó (luego de seis o siete versiones… la paciencia de este hombre es tremenda). La verdad excedió mis expectativas completamente y le estoy eternamente agradecida, ya que entendió y pudo plasmar al pie de la letra lo que yo me imaginaba.
Me encantaría poder tomar este proyecto de forma audiovisual, sí. Por lo pronto tengo en mente otro videoclip, y luego si llego a re-versionar todo para vivo y no morir en el intento, me gustaría hacer un laburo de visuales que lo acompañe.
Tengo que serte sincero: mis conocimientos con la forma de producción de este tipo de música son bastante magros, así que puede que la pregunta sea estúpida (en tal caso, servirá para aprender). Pero escucho el disco y me parece tremendamente complejo para ser un proyecto solista. Sé que tuviste a un equipo interesante -Demzcylo, Laura Chinelli, Par- pero de cualquier manera me deja bastante impactado. Decís por ahí que te llevó tres años llegar a Erebus.¿Te referís a tres años de grabaciones? ¿Fue difícil desde el punto de vista técnico?
¡Fue un huevo del punto de vista técnico! Primero que nada quiero aclarar que este fue mi primera incursion en la composición.
Cuando se separó Coral, mi anterior banda de electro-pop (en la cual incursioné en el mundo electrónico y tocaba algunos teclados y synths de careta), sentí como un vacío tremendo y una bronca con el hecho de tener que depender de terceros para poder sentirme realizada creativamente hablando. Las bandas están buenísimas cuando uno tiene 15, pero la vida adulta complica todo, más en este país donde todos tenemos dos laburos y hacemos malabares para pagar las cuentas y las prioridades son otras. Entonces decidí que iba a depender exclusivamente de mí misma y que iba a hacer lo que se me cantara, sin que nadie me hablara de teorías o que tal cosa no pega con otra, o que está muy cargado. No. Quería hacer lo que me saliera sin ningún tipo de limitante.
El problema llegó con mis limitantes técnicas, obvio. Llegó cierto momento que no sabía cómo lograr cierto beat, o cierto sonido y que ningún tutorial de YouTube o foro de Ableton podía enseñármelo. En ese momento recurrí a Nacho (Par), ¡quien sin saberlo se metió en camisa de once varas!
Le invadí la casa por varios meses y lo volví loco. Me ayudó muchísimo con la parte de los drums, que es donde hacía más agua. La mayoría de las bases son mezcla de samples que yo había collageado con el aporte de Nacho y su Electribe. También muchos ruiditos grabados con el Monotron. Luego laburamos juntos en los pads y en emprolijar sonoramente cada capa. Ahí tomaron forma los temas y quedaron en un estado de pre-mezcla. Hasta ese momento no tenía la melodía vocal pero sí las letras.
Cuando me enfrenté a querer encajar las letras en la música me di cuenta de que no había lugar. Y ahí me bloqueé y me tranqué. Primera crisis. Mandé todo a la mierda por varios meses porque no le encontré la vuelta. Ahí es cuando un día tenía a Santullo tomando mate en mi casa (estaba laburando en un proyecto paralelo con mi entonces pareja) y me dijo que me daba una mano a encarar las melodías vocales.
Empezamos a laburar via Skype; él en España. Me abrió bastante la cabeza ese laburo y me permitió empezar a encontrarle la vuelta a la cosa. En paralelo yo estaba tomando clases de canto con Laurita Chinelli porque mi anterior experiencia de canto había sido en una banda de punk y no quería ni en pedo cantar como lo hacía en ese momento. Quería algo suave y femenino a lo Grimes o Warpaint. Y ahí, con los piques de Santullo y el talento y el oído de Laurita fuimos encajando las letras en melodías que combinaban con la música. Fue algo mágico. Grabamos con un micrófono Behringer medio chafa y esas quedaron como las voces definitivas. Hubo que limpiar los ladridos de Sky (el perro de Laurita) y ruidos de autos que pasaban. Incluso más adelante grabé todo de vuelta de forma más pro pero no pude plasmar lo que pasó en esas sesiones de invierno en la casa de Laura.
Bueno, y ahí tenía las voces por un lado y la música por otro y tenía que unir las cosas. Lamentablemente di con una persona para hacer este trabajo que no encaró nada y me hizo perder medio año por esta razón y otras que no vienen al caso. Ahí fue la segunda crisis. De nuevo, mis ganas para terminar el disco se fueron y quedó en el cajón otro tiempo.
Y cuando creí que no lo iba a terminar jamás, di con Nico Demczylo. No solo un genio en lo que hace sino que con una humildad y calidad humana muy poco frecuente en el mundo de la música. Más siendo una mujer, que ya de por sí es difícil que a una la tomen en serio.
Nico encaró los kilos y luego de tres, cuatro meses de laburo y de tenerme al lado rompiéndole las bolas hasta el infinito, logramos hacer sonar el disco como yo lo imaginé inicialmente en mi cabeza.Luego se fue a masterizar con Álvaro Reyes (Dos Reis Studio), que lo dejó sonando como un camión.
Por todo esto llevó tres años, y por todo esto te dije que fue un huevo. Mucha perseverancia, mucho dinero y mucha fe que lo que estaba haciendo valía la pena.
¿Es todo producido en la computadora o hay instrumentos grabados de manera artesanal? Hay algún piano, algún bajo que no me suenan electrónicos, por eso te pregunto. Porque ponele el disco de Par, por hablar de otro trabajo con base en la electrónica, es menos denso instrumentalmente.
Los únicos instrumentos “reales” son una guitarra de Nacho (que luego fue deformada para sonar menos como una viola) y una línea de bajo que tocó Sebastián Cobas en Thanatos.
Luego hay partes tocadas en synths como el Korg R3, el Korg Electribe, el Korg Monotron y el Prophet que tenía Nacho en ese momento. El piano es virtual (True Pianos).
La densidad instrumental fue un cuelgue mío, primero porque me gustaba la bola de sonido arrolladora de las 45 capas y luego quizás basado un poco en el entusiasmo de principiante de poner todo lo que me gustaba al mismo tiempo. Sin dudas el segundo disco va a ser más minimal [se ríe].
Tenés una carrera variada a pesar de tu juventud, y hablás de que este proyecto es como una búsqueda para sintetizar todos tus intereses e influencias. ¿Te habías sentido restringida antes o esta variedad de gustos la has ido desarrollando con el paso del tiempo?
He hecho y hago muchas cosas, siempre relacionadas con el arte de alguna forma. Y como que ninguna me completó en sí misma. La música es el medio por el que encontré me puedo expresar mejor. Luego con el diseño tengo una relación casi 100% laboral.
Siempre fui medio random con los gustos. Creo que en cada cosa hay algo rescatable y no me cierro a nada. He curtido punk, he sido metalera, tuve una época medio hippie (¡!). Qué se yo, creo que uno va experimentando hasta encontrar lo que más lo representa. En mi caso en particular, no encontré nada y me inventé algo propio que se basa en una mezcla de todo lo anterior vivido; desde las pelis que me gustan, libros que leí, experiencias interpersonales, otros músicos, etc.
En Coral estuviste con un par de miembros de Elefante. ¿Te viste influida por sus experimentaciones con el rock y la electrónica? Los paisajes oscuros son como una evolución de los que construía esa banda y también en lo que he escuchado de Coral.
Sin dudas aprendí muchísimo de Maneco y de Stella. Creo que la influencia fue más de las personas individuales y sus talentos que de la banda en sí. También aprendí mucho con Sebastián y su fijación de hacer música depresiva escondida en electro-pop (Música para bailar llorando ©). Eso marcó bastante el rumbo de Coral. Creo que la idea era un poco adelantada a la época y la gente no entendió mucho la propuesta. No sabían si bailar o qué, era gracioso realmente.
¿Y por Laura Chinelli? Ella también tiene interés en la experimentación sonora. ¿O fue al revés la influencia?
Fue en simultáneo, ella estaba grabando Infinito y yo estaba con esto. Nos colgamos porque teníamos visiones similares de las cosas, calculo. Ella logró interpretar mi idea de las capas de voces y se colgó mucho con la experimentación en cuanto armonías y cánones.
¿Por qué el nombre de Harvest [Cosecha]?
Parece estúpido decirlo, pero lo soñé un día y me pareció perfecto. En el tema “Thanatos” juego con el hecho de que la “temporada de cosecha” es el momento en que la muerte se apropia de las almas. Pero en realidad, lejos de la metáfora, creo mucho en que uno cosecha lo que siembra. Capaz que inconscientemente admití que este proyecto es el resultado, mi cosecha, de tantos años de esfuerzo y perseverancia.
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

One comment

  • nn  

    Que plomo este pibe que dice 6 veces “me” en la entrevista. A nadie le importa lo que te parezca flaco.

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