Presentando a: La Nelson Olveira

Uno de los grupos más enérgicos y extraños de la escena independiente presenta esta noche su segundo disco, Canciones de la droga, y en MOOG charlamos con su vocalista, Hoski
la nelson olveira
A las 21 en el Centro Cultural Terminal Goes, La Nelson Olveira presenta su segundo disco, Canciones de la droga. Se puede pensar que es un grupo con un nombre curioso, que remite al recordado zaguero de Peñarol, pero lo curioso no termina ahí: se definen como “una banda de unicornios” que “se dedican a hacer una música insoportable”, un grupo punk tan agresivo desde la música como bizarro, autorreferencial y gracioso es desde sus letras.
Canciones de la droga tiene mucho justamente de eso, con temas como “Duro”, “Drogado”, “Me fumo uno y veo qué pasa”, “Como el Negro Agustín cuando se mama” o la genial “¿Dónde está el Kbeza?”, una versión libre de “Where Is My Mind?” de los Pixies. También por ahí aparecen obras que dejan totalmente sin palabras, como “Quiero ver” (“Cuando veo el mar/Me imagino tu concha llena/De los bichos esos que están debajo de la arena/Y de cangrejos”) o la genuinamente demencial “It’s raining monkeys” (“Pintó invasión cuando menos lo esperaba/Llegaron los extraterrestres/Arrojando monos voladores/Con la pija para afuera”).
Es en general un asalto de velocidad sobre guitarras distorsionadas y coros pegadizos, que de repente choca de frente contra cambios de ritmo violentos, con temas que se transforman en cumbia villera y después pasan a terreno pesado. La aparentemente autobiográfica “Canción de mi infancia” bebe de una tradición surf pop hasta que de nuevo acelera a fondo, para cerrar con una coda de coros que quedan resonando en la cabeza -y un recitado con la voz distorsionada que recuerda a más de una canción de La Vela Puerca, una banda que ya había aparecido en el título y tapa de su primer trabajo, De terodáctilos y flores-.
Lo que tiene el disco es que a pesar de estar lleno hasta la boca de referencias que solo pueden entender los más conocidos del grupo (como el tema “Raúl Garrido”, el nombre del productor del disco y uno de los integrantes de Estampita Records) y de por momentos rayar en lo desagradable, los músicos de La Nelson Olveira se valen de recursos clásicos que arman, desarman y reordenan sin que los temas pierdan su potencial pegadizo. Después uno queda cantando “Hay que legalizar/La pasta”, expuesto a miradas reprobadoras.
Mención aparte para “Gondolero”, una balada rock que declara el amor a un perro de la manera más extrema que alguien podría hacerlo: “Gondolero, el mar se secará de nuevo/Y vendrá Noe y nos llevará de la mano/Una pareja de perro y humano/Para crear la raza superior de perro-hombre”. ¡Y funciona! Con los teclados del invitado Andrés Amor y la guitarra de Agustín Lerena, hasta resulta emotivo, y el cierre con la batería a toda potencia genera un contraste extraño, difícil de describir.
Para esta ocasión charlamos por mail con Hoski, el cantante de la banda, quien contó que estas creaciones dementes fueron desarrolladas en improvisaciones entre amigos, de donde nace esa autorreferencia. “Lo primero para hacer algo es que nos dé gracia a nosotros. Luego eso se va armando medio que naturalmente. Así que cuando fueron apareciendo las canciones ya las asociábamos a bandas de esa generación que habíamos inventado”, dijo en referencia a la ficticia Generación Morón a que se dedica el álbum.
¿Por qué el nombre del grupo? ¿Tanto es el amor por el Canario?
De adolescente soñamos bandas con varios amigos, luego fue cuajando. Estábamos Agustín (guitarra) y el Aio (exbatero). Jugábamos en la canchita de nuestro barrio, la Villa San José; jugábamos al fútbol en la canchita de Martín Duarte. Era gracioso imaginarse una banda llamada Nelson Olveira. El artículo “la” se lo agregamos supongo que como parodia inconsciente a esas bandas como La Trotsky, La 25, etcétera. Otra cosa es que a través del chiste hay mucha cosa personal. En mi caso, soy realmente hincha de Peñarol. El nombre no es directamente un homenaje, es algo así como burlarse de algo muy querido. Teníamos pensada una banda alternativa de covers que se llamara La Carlos Camejo.
Son como un Cuarteto de Nos punk y más violento. ¿Reconocen influencia del grupo?
Nosotros escuchamos de todo, y somos bastante disímiles en los gustos. El Cuarteto de Nos está en los cuatro. Personalmente creo que somos medio hijos de ellos sí. Pero tampoco fue que empezamos a hacer lo que hacemos tomando como referencia al Cuarteto; hacemos esto porque es lo que nos sale desde la adolescencia cuando nos ponemos a romper las bolas. Claro, el Cuarteto empezó igual. Pero digo, no es que dijimos “vamos a hacer algo tipo el Cuarteto de Nos”. Somos hijos también de toda una línea literaria-musical que tiene como piedra fundacional a Leo Maslíah, pero que pasa por Los Tontos, Exilio Psíquico, los Supersónicos, entre otros. Por último, personalmente creo que hay otro modelo con el que nos podemos relacionar: la banda española Siniestro Total (en los primeros dos discos y demos iniciales).
Ponerle De terodáctilos y flores al primer disco y la tapa que se burla de la del disco de La Vela, ¿es solo un chiste o tiene que ver con una crítica al grupo?
Es un chiste con un lugar común: la Vela. Si bien el nombre se discutió mil años y llegó casi en el proceso mismo de masterización, joder con la Vela es una de las tantas obsesiones que tenemos (tengo). El que lo ve de afuera puede otorgarle otros sentidos. Pero es un chiste, que lo que puede tener de remotamente crítico es la burla a lo popular hecho cliché.
¿Consumieron mucha droga para escribir Canciones de la droga?
Sí y no. O sea, se ha generado tremendo mito (tampoco tremendo, pero bueno) y cuando la gente nos conoce posta se da cuenta de que somos unos palomas. Pero bueno, los primeros temas surgieron en Valizas, de vacaciones con Los Lusers y ahí digamos que el título del disco tenía pleno sentido.
Hay algunos fragmentos en que no queda del todo claro si están hablando en serio o no. Tipo “choreamos una vieja y un reparto de gas”, parece un comentario sobre la violencia actual provocada por el consumo de drogas duras.
Creo que no tenemos ninguna canción que haga crítica comprometida, es decir, contar algo para dar un mensaje crítico. Supongo que nuestra manera de pensar y de criticar se ve de manera más inocente a través de la propia estética, y de la propia apuesta al humor. Digo más inocente porque no pensamos en criticar algo a través de un mensaje velado o directo, sino que el propio chiste ya es una acción política. Sin pretensiones, claro. Por cierto, al principio la banda intentaba transgredir, hacer para molestar. Con el tiempo creo que no dejamos de ser molestos, pero el cuelgue es otro. Nos interesa nuestra estética, nuestra manera de hacer las cosas. Hacerlas sin miedo ya es una transgresión; apostar a una estética que se rechaza o se tacha de superficial (en nombre del mensaje serio y de cierto realismo social pedorro) es un acto en sí de transgresión. Pequeño claro, porque no inventamos la pólvora ni tampoco somos los más loquitos.
Tienen mucho de autorreferencial, como “Raúl Garrido” o la referencia súper específica al Negro Gerardo Agustín Lerena Amilivia Alaniz en “Como el Negro Agustín cuando se mama”. ¿No les importa que eso los circunscriba a un círculo pequeño?
No, porque supongo que creamos por y para ese círculo. No es una postura a priori, se fue dando así. No podríamos tener una banda en serio hablando de cosas universales. Hacemos música para inventar cosas y cagarnos de la risa. Incluso, como te decía, componemos en la improvisación (un cumpleaños, una juntada; alguien graba con un celular y luego se sacan letra y acordes para tocarla en la banda). Entonces ese mundo autorreferencial sale solo. De todos modos, lo autorreferencial no es impedimento infranqueable para la recepción. Uno capaz no sabe del todo de que se habla, pero puede intuir, imaginar, interesarse. A mí personalmente me gusta generar ese público cómplice.
Entre el punk pasan por la cumbia, el candombe y algún otro género. ¿Tiene que ver más con un encare irónico?
Yo no hablaría de ironía y tampoco de parodia. La ironía encierra una crítica y la parodia cierta similitud con lo parodiado. Nosotros hacemos espantapájaros de otros géneros, los ejecutamos de manera poca ortodoxa y mezclándolos todos. Tampoco es a priori, así es como componemos. Y si suenan un poco como deberían sonar es gracias a Raúl Garrido (productor) y a Andrés Amor (ingeniero de sonido). En fin, hacer un fantoche de otros géneros musicales no encierra un mensaje profundo o de ataque; es el cuelgue de hacerlos y hacerlos como nos pinte y para cantar cosas horribles o viajadas arriba. Por último, esa deriva entre géneros y climas musicales está relacionada con la deriva misma que plantea el disco en los textos y lo conceptual. Es todo medio esquizofrénico y viajante, con la mente del drogado, como las asociaciones que se hacen cuando se está en pedo. Obvio, todo esto son lugares comunes y se corre el riesgo de hacer una mierda. Hay que escuchar y leer. Yo espero que no entremos en la misma bolsa.
¿La Murga Nihilista, que está acreditada por los coros en “Opah, el Negro ta remal”, existe por fuera de la banda?
Te la contesto poéticamente: la Murga Nihilista es un grupo de amigos que se junta una vez al año a ensayar en Valizas y que hace su única presentación pública media hora después cantándole a los novios que se besan bajo el piso del Bar la Proa, a la entrada de la playa. Linternas, desafinados. La Murga Nihilista no cree en el tiempo y es por eso que nunca canta las retiradas…
Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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