El profesor Marston y la Mujer Maravilla: poliamor detrás de la superheroína

El mismo año en que la Mujer Maravilla de Gal Gadot llegó a la pantalla grande (y la rompió), la directora-guionista Angela Robinson presenta la historia de la creación del personaje: una combinación de poliamor, feminismo, BDSM y el detector de mentiras

Por José Gregorio Bello

Puntaje: 8

2017 ha sido el año de las mujeres dirigiendo en la gran pantalla. A las aclamadas Sofia Coppola (The Beguiled, traducida como El seductor), Patty Jenkins (Mujer Maravilla) y Greta Gerwig (la todavía sin estrenar Lady Bird), se le suma Angela Robinson, conocida por dirigir Herbie: A toda marcha (2006) y por dirigir, producir y escribir algunos capítulos de la serie The L Word. Robinson retornó triunfal a la gran pantalla con El profesor Marston y la Mujer Maravilla, una biopic sobre el hombre detrás de la superheroína más popular del planeta.

La historia se desarrolla en la década de los años 20, y todo lo sabemos mediante las respuestas que da el Profesor Marston a los representantes de la Asociación para el Estudio de los Niños de América. Lo acusan de colocar al alcance de los niños escenas de tortura, lesbianismo, sadomasoquismo. Cada aspecto representa una característica de la vida personal y, sobre todo, de las mujeres de William Moulton Marston.

Un extraordinario Luke Evans (Gastón en la última La bella y la bestia) interpreta a Marston. Es un profesor de psicología de la Universidad de Harvard que junto con su esposa y asistente Elizabeth Marston (Rebecca Hall, Vicky Cristina Barcelona) trabaja paralelamente en dos proyectos: la comprobación práctica de su teoría DISC (Dominación, Inducción, Sumisión y Cumplimiento) y un aparato que sirva para comprobar cuando una persona dice la verdad y cuando miente. El detector de mentiras.

Una de sus alumnas, Olive Byrne (la angelical Bella Heathcote, de El demonio neón y 50 sombras más oscuras), se ofrece como voluntaria para la teoría DISC. Elizabeth nota la atracción sexual de su marido hacia su alumna e inicialmente permite que Olive siga desempeñando sus labores como voluntaria (“Soy tu esposa, no tu carcelera”); sin embargo, le advierte cruelmente a Olive que no se atreva a tener relaciones sexuales con su marido. Marston le pide a su esposa que se disculpe con su alumna ya que Olive está comprometida y, pese al impasse inicial, quiere ser siendo parte de la investigación.

Los tres logran una perfecta conjunción laboral. Olive se convierte en pieza fundamental para el buen funcionamiento del detector de mentiras, pero en la prueba final el profesor acaba revelando la atracción que siente hacia su alumna. La señora Marston la echa de su casa y de la investigación. Antes de irse, Olive le confiesa su admiración a Elizabeth y le da un beso.

Al tiempo, Elizabeth se vuelve a disculpar con Olive y le propone una relación poliamorosa de investigación sobre las relaciones y emociones humanas. A lo largo de la historia se enfrentan contra los prejuicios de una sociedad marcada por la represión y el conservadurismo que los llevó a perder sus puestos como respetados académicos y comprometer sus ingresos económicos al punto de tener que mudarse a una casa alquilada en los suburbios.

Esa reconstrucción laboral es la que lleva a Moulton Marston a crear una historieta que no solo de sustento económico sino que reflejara los valores de las mujeres de su vida. A su vez, reivindicaba las luchas feministas. En palabras de la guionista y directora esta biopic es la historia de tres quiméricos rebeldes que se atrevieron no sólo a amarse entre sí, sino a formar una familia juntos y la forma en que su experiencia colectiva derivó en la creación de la Mujer Maravilla, uno de los íconos feministas más perdurables de todos los tiempos.

Ciertamente fue al año de la Mujer Maravilla de Gal Gadot, pero si hay un filme en 2017 que pone sobre la mesa el tema del feminismo, el empoderamiento y la liberación femenina  para ser hablado sin tapujos ese es este.

La película es tenue, sensual, divertida e inteligente sin dejar de ser dramática y abordar temas trascendentales de aquella época y tan vigentes en la actualidad. Se debe a la majestuosidad de Angela Robinson, quien le imprime un ritmo a la trama que va de la sensibilidad a la perversión de manera tan natural como lo hacen las emociones en la vida misma.

Bastan diez minutos de la película para comprender la naturaleza humana y sirve para tomar conciencia de la complejidad de los deseos y de las emociones. Enhorabuena.

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