“Viene gente a tocar y corren la bola, en los epicentros de la electrónica mundial, de que acá hay algo diferente”

El productor y DJ Hernán González, alias Cooptrol, y la productora detrás de Pulse, Laly Brum, hablaron con MOOG del lanzamiento de Pulse Recordings este sábado y de por qué esta etapa de la electrónica nacional ya no es solamente de oro sino de platino

Por Gastón González Napoli

La plataforma multimedia Pulse lanza este sábado su propio sello discográfico en vinilo, el tercero del medio nacional para la música electrónica. Desde su nacimiento en julio pasado, Pulse ya contaba con la realización de eventos exclusivos, con streaming por Vera TV, con transmisión por Radio Futura y un conjunto de radios del interior del país, además de con un festival de cine.

 Para celebrar este nuevo hito, brindarán una fiesta en el hotel Radisson Victoria Plaza mañana sábado, de la que participarán el argentino Mariano, los uruguayos Ema Remedi y Martín Teysera, ambos radicados en Berlín, y los locatarios Cooptrol y Phoro.

Antes del evento, MOOG se sentó a conversar con Laly Brum, una de las responsables de Pulse, y con Hernán González, alias Cooptrol, productor y DJ con más de 20 años de carrera. Una charla sobre qué significa Pulse Recordings para la escena local acabó convirtiéndose en repaso de la explosión popular actual del género electrónico en Uruguay, tan fuerte que le llama la atención a los artistas extranjeros.

***

Has hablado de cómo Pulse nace de la necesidad de la propia escena. Pero quería preguntarte la historia detrás, Laly.

Laly Brum: Surgió de [el productor del Pilsen Rock] Claudio Picerno y de mí. Él empezó a trabajar con nosotros en otra fiesta que tenemos, The Warehouse, que también es de música electrónica. Ha trabajado mucho con Antel y con los streamings, entonces vio la posibilidad de hacer eso para Warehouse. Después se desfiguró, no hubo mucho cuórum con los socios, y nos quedamos pensando: ¿vamos a dejar pasar esta oportunidad? ¿O vamos a crear algo nuevo? Ahí nos pusimos las pilas, desarrollamos un concepto, lo presentamos a Antel, les gustó mucho la idea.

Más allá de lo que vos decías, de que surge de la necesidad de darle importancia a un género desatendido como es la música electrónica, era intentar mostrar algo más de lo que se ve en la pista de baile estrictamente. Vos vas al festival, lo ves, y medio que muere ahí. Te genera muchas emociones, pero muere ahí. Entonces era mostrar el arte desde otro punto de vista.

¿No existía un sello local del género? Hernán, vos publicás en tu web.

Hernán González: Yo tengo un sello por ahora digital. Hay un salto de categoría cuando un sello es digital y pasa a ser físico. Pero hay otros que son ya físicos. GAS Grabaciones fue el primero. Ahora hoy otro nuevo que se llama MER, Montevideo Electric Recordings, que está sacando su primer disco.

Esto es relativamente nuevo, ¿no? ¿En las olas previas de electrónica no había ediciones así?

LB: Nada.

Para vos, Hernán, que hace veintipico de años que estás en esto…

HG: [se ríe] Hace bastante, sí.

Es tremendo cambio, ¿no?

HG: La verdad que las cosas desde que arranqué cambiaron mucho. Fueron yendo hacia donde fueron yendo en el resto de los países, pero más lentamente, como todo acá. La ventaja de eso es que nuestra escena, aun en la parte más comercial, tiene una credibilidad vista de afuera muchísimo más respetada que las escenas de otros países donde la parte comercial está totalmente alejada de cualquier idea artística. Acá, dentro de todo, incluso las fiestas más populares se manejan dentro de un nivel que en otros lados vendría a ser intermedio.

Estamos dando el paso siguiente que da una escena pequeña, que es tener edición física. Acá es mucho más difícil, porque como estamos tan lejos geográficamente, todo lo físico cuesta más. Por la diferencia del cambio monetario y por la distancia que tienen que viajar los productos, en comparación con alguien que está en Europa. Nuestras economías, capaz estoy exagerando un poco, pero no son tan diferentes de las de Europa del Este. Pero allá la distribución es mucho más fácil.

Entran los discos caminando.

HG: Además están en medio de un mercado gigante. Y tienen mucha más visibilidad. Nosotros seguimos siendo un misterio. Por suerte ahora estamos empezando a aparecer en el mapa, gracias a diferentes actores de la escena que están representándonos bien.

En el mundo de la electrónica no comercial hay en este momento dos vertientes estéticas en boga. Acá están representadas por Phonoteque por un lado y cosas aledañas, y por Pulse y cosas aledañas. Entre Pulse y Legends, una fiesta de Maldonado, promueven lo que se podría llamar minimal house, aunque ponerle un rótulo es medio ridículo porque tiene todo tipo de sonidos. Tiene un espíritu distinto del que tiene Phonoteque. Se alimentan entre los dos porque hay puntos de conexión, y están en el mundo de la electrónica ubicados más o menos en el mismo lugar. Arriba de eso, comercialmente, está lo que baila la gente en los festivales enormes, tech house.

En una nota con El Observador de hace unos años, decías que estábamos entrando en otra época dorada de la electrónica acá en Uruguay. ¿Te sigue pareciendo así?

HG: Creo que más que dorada pasó a ser de platino [se ríen]. Superó las expectativas. En ese momento yo me di cuenta de que estaba habiendo un crecimiento que no había habido nunca. La primera época de la música electrónica en Uruguay no la viví, a fines de los 80, cuando abrió Space en Punta del Este, estaba [Álvaro] Quartino. Después la segunda sí, que fue la época de fines de los noventa, cuando abrió Milenio. La electrónica tuvo un momento de popularidad mundial. Después otra vez volvimos al rock, bajó de nuevo. Y ya desde 2011, 2012, empezó a resurgir lentamente. Nunca habíamos llegado a esto de tener artistas uruguayos reconocidos en el mundo, de tener fiestas de 4.000, 5.000 personas, que eso para el Uruguay es mucho, y ahora de tener sellos físicos. Todo es muy nuevo.

Hubo un cambio generacional.

HG: Sí, la gente que salía en la época de Milenio, como hasta la crisis, ya no salía. Y había toda una generación nueva, que algunos muy pocos habían descubierto que había una movida electrónica, que estaba DJ Koolt y otros, pero durante algunos años eran chicas las fiestas. ¿Cuándo empezó Warehouse?

LB: Ahora cumplimos cuatro años. Que fue cuando se dio la explosión, con Warehouse y La Terraza. Dos fiestas paralelas, total y completamente.

HG: A la primera Warehouse fueron 2.000 personas y fue inédito.

LB: Nunca nos imaginamos. Era impresionante.

HG: Tener 500 personas en una fiesta ya era un éxito rotundo en la escena electrónica. Era todo muy chico. Realmente de nicho. Y de ahí hasta ahora…

LB: Se arrimaron un montón de otros productores a hacer cosas. House With Techno, que terminó siendo We Are Techno; Manija también. En sus estilos, fiestas que convocan mucho. Golden Beats, Let It Be…

Empezaron a venir cosas de afuera, como la Creamfields.

LB: El año pasado. Fue como lo cúlmine. Que venga una producción internacional como esa a Montevideo, se dieron cuenta de que había un público objetivo que podía funcionar.

¿Qué provocó el cambio? ¿Fue la explosión del EDM, con David Guetta a la cabeza, que sirvió de puerta de entrada para gente ajena al género?

HG: En realidad, hay puerta de entrada constantemente. Lo más comercial de acá creo que es la Terraza, por ejemplo. Y hay siempre un porcentaje de gente que termina yendo a eso o a Phonoteque o a otras cosas más chicas. Es un porcentaje que es más o menos el mismo en todas las épocas. El porcentaje de gente que tiene una curiosidad estética más allá de la diversión. La mayoría salen a divertirse a un lugar que les ofrece los parámetros de diversión que hoy por hoy son el estándar en el mundo. Antes era estar haciendo pogo frente a una banda de rock, y eso ya es de otra generación.

LB: A veces hay pogo en una pista de electrónica [se ríe].

HG: Hay gente que todavía no se dio cuenta de que no tienen que hacer pogo. Cambió la forma de divertirse. En Uruguay. Porque es una cultura, la del rave, que en otros países tiene años. Fue muy masiva en Inglaterra, por ejemplo, a fines de los 80 hacían festivales con 20.000 personas. Igual lo que primaba completamente era el pop y el rock, en el mundo entero, no se puede decir que la electrónica haya tenido ningún protagonismo. Recién ahora. Tuvo que cambiar una generación entera.

Decías hace unos años que las nuevas generaciones venían con mejor onda.

HG: [se ríe] Pasa que era una generación que no estaba contaminada por un montón de sucesos sociales e históricos que habían vivido los que ya estaban antes. Entonces tenían un optimismo y una frescura que se notaba en las pistas y en el gusto musical. Toda la década del 2000 yo estuve en otra. Yendo hacia afuera. En Uruguay estaba apartado de lo que era una fiesta de electrónica. Y en el verano de 2011 fui a una fiesta de rebote y vi que había cambiado todo. Que ya la gente no estaba toda vestida de negro, que ya la música no era más minimal techno…

LB: …necio.

HG: Que no tenía ni melodía ni nada. Toda esa época me la salteé porque no me gustaba nada. Me parecía muy oscuro y muy frío todo. Vi que había una generación nueva mucho más variopinta, heterogénea, mezclada ahí. A eso me refería con “mejor onda”. Disfrutaban de la primera versión de lo que hoy se le llama tech house y es como mala palabra. Con todos los subgéneros de la electrónica pasó eso. El trance cuando empezó era una fusión re interesante y después terminó siendo una cosa horrible.

LB: Son como las modas. Las imponen algunos y cuando se masifican las desechan y hay un cambio de paradigma nuevo.

HG: En ese momento el tech house era una forma de música electrónica que había abierto las puertas a otros sonidos. Integraba… la música que más se escuchaba en el estamento medio occidental era el indie rock. La sonoridad medio folk, medio lo-fi. Ese tipo de tech house integraba ese sonido. Había una generación alineada con eso. Estaba en una pista y escuchaba temas con recitados de poesía, sonidos de jazz, otras texturas. Ya no era aquello de la electrónica fría y de máquina.

LB: Música latina, estuvo muy de moda.

HG: Y eso era considerado fino, innovador, en comparación con la electrónica que estaba quedando vieja y se seguía bailando en lugares más mainstream. Lo loco de cómo son las cosas: hoy todo eso es lo más comercial, y lo under es lo más frío. Siempre diferente, con una vuelta distinta a la versión anterior. Pero va yendo de lo más humano a lo más maquinal, una cosa se pone de moda y después la otra.

Siempre cuando algo se vuelve comercial hay gente que huye…

HG: Hablando de eso. Lo interesante de Pulse es que es bastante especial, en todo el espectro de la electrónica mundialmente. Tiene el apoyo de spónsors y tiene difusión, pero engloba una estética que no es la más comercial sino algo que está en una búsqueda más profunda. Combina las dos cosas exitosamente. Creo que la idea del proyecto es mantenerse en esa línea firmemente, y al mismo tiempo difundirla. Eso es único. En general, los proyectos que tienen intenciones de ser difundidos, una intención comercial, por qué no decirlo, enseguida subyugan la música a ese objetivo. Hacen una fiesta y ponen los DJs que ponen la música más comercial. Esto es al revés. Que la gente vea una estética, y los que realmente sienten una afinidad, vengan. Que les guste el sonido que están escuchando, el estilo, la gráfica, todo les resulte atractivo, y no que vayan a la fiesta solamente porque en todos lados dice que está bueno y es lo que hay que hacer.

LB: Para nosotros es muy importante desde un principio, cuando empezamos a armar la parte conceptual del proyecto, el poder difundir los proyectos de los artistas. El año pasado estuvimos difundiendo sellos discográficos y colectivos de artistas de Uruguay y de Argentina. La idea era mostrar lo que la gente estaba haciendo. Para el artista es muy difícil poder llevar un proyecto a cabo, y hacer la música, y encima que se pueda difundir. Nos parecía importante que pudiera tener cierta visibilidad, porque es lo que la cultura de la música y el arte realmente tiene para ofrecer. Distando de lo que él dice, lo comercial, masivo.

El público es distinto.

LB: Sí, nosotros que antes íbamos a Milenio, ya hoy una fiesta masiva, y que te estén codeando… Queremos estar en un ambiente controlado, con gente que no te esté pisando, que no te esté gritando en la cara, que podamos escuchar la música, tomarnos un trago. En un ambiente un poco más adulto y más comportado, digamos. De repente la gente que salía antes y le encantaba la música electrónica no sale porque no tiene el lugar donde hacerlo. De última vas al Phono, que a mí me encanta, pero hay veces que está explotado. Era apuntar a ese tipo de público, ese tipo de interés.

¿Cuál había sido tu vínculo con la electrónica, Laly? ¿Siempre como escucha?

LB: Viví en México hace muchos años, tuve la oportunidad de producir un disco de música electrónica. Con dos, tres amigos nos fuimos a la selva del Caribe, a una comunidad maya, con un sacerdote, de los últimos que quedaban. Fuimos a un cenote sagrado, grabamos a niños cantando, grabamos a este sacerdote maya, instrumentos prehispánicos, sonidos ambientales en la selva, y esos sonidos que recopilamos se los mandamos a distintos productores de música electrónica que en ese momento estaban bastante bien posicionados.  Les dijimos: “Con estos sonidos hagan un tema como quieran”.

Eso fue hace como diez años, y me quedó esa cosita del hacer en torno a la música. Hace cinco, seis años, estuve trabajando en Punta del Este, tenía un barcito, y ahí hice unos eventos, me dije “pah, esto está bueno”; cuando volví, solita la vida me llevó para ahí, y fue cuando empecé con Warehouse. Siempre me gustó la música, siempre fui coleccionista, antes tenía mi carpetita con los CDs, después la compu, tomé clases de live.

¿Dónde se puede escuchar ese disco?

LB: Fa, creo que en lo de mis padres queda uno. Imaginate que recién salía Facebook. No había una gran difusión. Me encantaría volver a encontrarme con ese material.

Me hizo acordar a un disco que escuché hace poco, de David Byrne con Brian Eno

HG: My Life In The Bush of Ghosts. Discón. Lo que hizo ella, se estaba gestando ese sonido que te dije antes. Dominaba Richie Hawtin, [el sello discográfico] Minus, todo el minimal. Y había muchos productores que se habían acercado al rock. Terminaban tocando en festivales de ese tipo. No sé si habrá una vuelta… la gente ya entendió que no necesariamente tiene que ser alguien tocando un instrumento tradicional en un escenario para ser considerado un espectáculo musical.

LB: Más que nada las nuevas generaciones. Porque después tenés a los otros que te dicen “ah, no, la máquina no es música”.

HG: Pero esas generaciones no importan más.

LB: Claro, no tienen mella ninguna [se ríe].

HG: Salvo por el apoyo que pueda tener cada Estado a ese tipo de cultura, que esos cargos están siempre ocupados por gente vieja… Ella con este proyecto le facilitó a algunas marcas adelantarse bastante. Otros están recién empezando a entender que puede llegar a servirles; estas marcas ya quedaron ahí, en un lugar vanguardista para la sociedad uruguaya.

LB: Sí, en Uruguay. Porque tuvimos apoyos de España o de Alemania, por ejemplo para el primer Festival Cinematográfico de Música Electrónica, tanto el CCE como el Goethe nos recontra apoyaron con ese proyecto. En los dos países vos ves que tienen una cultura electrónica bastante presente. Pero ya es Europa, es otra cosa.

HG: En poco tiempo vamos a estar al día. Hicieron la Creamfields y estaba el intendente en la conferencia de prensa. Más allá de que puede haber millones de motivaciones para que hagan eso, no importa, es lo que pasa en todos los países. Acá recién ahora sucede. Si te ponés a mirar al resto de Latinoamérica, no pasa ni ahí. En otros lugares que tienen más gente, más público, hay emprendimientos comerciales y es a lo único que llega la electrónica. Perú, Bolivia, Argentina, Brasil. No tienen un grupo de gente que artísticamente esté al mismo nivel que los europeos. Solo en Uruguay.

¿No pasa en el resto del continente?

HG: Los otros países de Latinoamérica siempre están asombrados del nivel de la gente de acá. De los artistas, de los DJs, del público. Muchos han hecho este mismo comentario: que tocar en Uruguay es como una prueba, un examen. Porque el público es crítico. Es la tradición del público uruguayo con la música. Pero solo lo sabíamos nosotros. Ahora pasa que viene un DJ y toca y ve que no le está embocando y la gente se entra a ir de la pista, cuando si estuviera acostumbrado a tocar de gira por otros países de Latinoamérica, ve que la gente está en una actitud superficial, todos agitando, no pensando mucho en lo que están escuchando, y acá se nota que sí están pensando. Es una ventaja.

Viene gente acá a tocar y corren la bola, en los epicentros de la electrónica mundial, de que acá hay algo diferente. De repente nunca habían venido acá porque todas las giras iban siempre a donde había más gente, y acá como ahora hay más público se empezó a poder financiar las visitas, cuando llegan ya quieren volver de nuevo.

LB: Un montón de mánagers de artistas, a nosotros nos pasa con Warehouse, con Pulse, que nos llegan mails todo el tiempo. “Tenemos a este de gira, a este otro”.

HG: No escriben porque quieren colocar al DJ otra fecha más. Porque saben que acá el público es chico y la mayoría tienen claro que van a tener que tocar mucho menos. Pero el artista quiere venir. Quiere saber qué es eso que tanto dicen que pasa ahí adentro. Los que vienen a Phonoteque dicen: “Esto es como ir a un boliche de Berlín hace quince años. Ya no existe más esto. Está lleno de turistas, perdió la esencia”.

LB: El año pasado nos pasó con Sonja Moonear, una DJ suiza que está bastante bien posicionada, y que tampoco es que tenga una música comercial establecida. Esa fecha la hicimos en el Phono, y ella estaba tan feliz que dijo: “Por favor, cámbienme el pasaje. Quiero seguir tocando”. Tuvimos que ir y cambiárselo, se quedó tocando hasta las 10 de la mañana, copada, la sonrisa de oreja a oreja.

HG: En Legends, que tiene un estilo muy similar a Pulse…

LB: Tenemos gustos musicales muy parecidos.

HG: Pasa lo mismo. Artistas que han ido y no pueden creer. Lo que en Phonoteque ven, que es una caverna, esa cosa under, ese atractivo muy de la ciudad, es todo lo contrario en la Legends, que es un festival en el campo. Tiene una idea estética conectada con el entorno, no simplemente usar el espacio para poner un mega escenario como hacen la mayoría de las fiestas. Esto es integrado. La gente diez horas bailando una música que siempre es de goce relajado. No es muy común. Ni siquiera en Europa. Hacen fiestas en lugares campestres e ignoran todo eso. Acá estamos lejos de todo, y eso es una contra pero también una ventaja. Tenemos una visión más local. Una perspectiva que los que viven en medio del asunto perdieron hace tiempo.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *