Radio Clash: Jhona Lemole

Retomamos Radio Clash, espacio de artistas independientes, con el cantautor Jhona Lemole, vocalista de Los Nombres Comunes que editó un disco en solitario


Foto: Renata Castellano

Por Gastón González Napoli

A fines del 2017, Jhona Lemole publicó Monstruo familiar, su primer trabajo solista, un disco de onda folk cargado de imaginería infantil y onírica. Un alejamiento de su sonido como parte del grupo indie Los Nombres Comunes.

Ahora está grabando su álbum siguiente y trabajando en otra multitud de proyectos: en la charla surge un documental de música, el tercer cortometraje de una trilogía que nunca completó, una banda nueva, hasta un restorán de comida vegana. Pero Jhona se hizo un hueco y se sentó a charlar con MOOG con sándwiches calientes -sin jamón- de por medio.

***

En el Bandcamp describís a Monstruo familiar como “un recuerdo incompleto, el calor del verano paraguayo”. Sé que viviste en Paraguay…

Nací en Paraguay.

Y viviste también en otros lugares, pero hace tiempo.

Sí, hace tiempo.

¿Son entonces canciones que conectan con tu infancia, con tu adolescencia?

Con mi infancia más que nada. Cuando empecé a decir “este es mi proyecto solista”, enfocado a algo más serio, no tan espontáneo a nivel de la composición, estaba en un viaje de no encontrar la letra. Tenía algunas bases rítmicas en la guitarra que ya me habían gustado, pero no tenía letras. Las cosas que me salían eran muy banales. Y en un momento tuve un recuerdo medio incompleto de mi infancia en un determinado momento que me vino a través de un aroma. ¿Viste cuando tenés un déjà vu? Dije “voy a encarar el disco por este lado, por agarrarme de este recuerdo, tratar de recordar toda esa época, esos momentos, y encontrar la magia dentro de esos lugares”. Cosas comunes, situaciones de un niño de escuela, se puedan transformar en un ambiente mágico, onírico. Ahí empecé a componer.

Esa vida más nómade que tuviste, ¿qué te dejó?

Muchos problemas y muchas enseñanzas. Nací en Paraguay, mis padres uruguayos, hice tercero de escuela acá, después volví a cuarto de escuela allá, hice toda la Primaria. Me desestabilizó un poco. No tenía un lugar de pertenencia. Y eso se reflejó cuando crecí, que ya a los 18 años me quise ir por la mía a conocer Latinoamérica. Aprendí un montón de cosas, tanto de Paraguay como de haberme ido de viaje, de vivir en Colombia un año, de vivir en Buenos Aires, de conocer Perú, Ecuador… Latinoamérica es muy grande, es muy diferente. Empecé re en el folclore más nativo y ahora que tengo 30 años, me pasé para el otro lado. Estoy con los crooners: Richard Hawley, Sinatra. Hablando del aprendizaje musical. Después está lo indie, que por conocimiento propio, por vincularme con la movida, se conoce. Pero no es lo que estoy escuchando ahora.

El disco tiene una cosa folclórica, pero del norte. Folk.

Cuando empecé a componer esto, mis referentes eran más Nick Drake, Eliott Smith, son los dioses para mí. Esas son las estampitas en la billetera.

¿Cuando pensás en Paraguay, en qué pensás?

En mucho calor. Y en cosas que me marcaron. Yo soy paraguayo. Es la realidad. Todo un movimiento de viajes de mi familia que no sé por qué razón se fueron a vivir allá y criaron a su familia allá. Había una dualidad en mi vida constante, que estaba demás, pero era vista desde un lugar lejano. Convivía con los indígenas prácticamente, estaba bueno conocer la cultura, hablar guaraní. Otros paradigmas.

¿Tus viejos se fueron por la dictadura?

Sí.

Pero allá había dictadura también, ¿no?

Había sí. Se fueron separados, pero fue como que se re quemaron de… Mi padre me contaba historias de que lo llevaban preso, por estar en la calle nomás. Vieron que podían tener posibilidades laborales en Paraguay que no veían acá, y mi padre se fue. Mi madre es peluquera, tenía unos contactos y se fue. Allá se encontraron.

Este disco lo grabaste totalmente solo. Vos sos autodidacta en todo, batería estudiaste un poco nomás.

Exacto. Voy estudiando, pero gracias Google, gracias internet [se ríe].

¿La guitarra también aprendiste así?

Sí, igual estoy en un punto en el que estoy pensando seriamente ponerme a estudiar con alguien. Ya está. Se me acabó.

Tocaste un techo, digamos.

Toqué un techo, lo que yo llegaba. Hay cosas que no alcanzo porque no tengo la técnica ni el conocimiento. Escucho mucha música, trato de replicar al decir “qué es esto”. En la composición, las capas, todo ese viaje es más autodidacta.

¿Cuánto te llevó grabarlo?

Estuve un año. En el transcurso del año pasado me llevó componerlo, maquetearlo, y después lo grabé. Ahí se lo fui pasando a distintos amigos, me daban una devolución, ahí me largué. Estuve estudiando bastante, con lo que tenía cómo lograr un sonido con el que quedar conforme.

¿Grabaste en tu casa nomás?

Sí, sí, todo en casa. Disfruto mucho de ese proceso. Y quedé súper conforme. Algo que no me había pasado con los otros discos. En los otros siempre hubo cosas que no me cerraban, pero bueno, ta, son procesos de aprendizajes. Está vinculado a terceros, tocar con una banda no es lo mismo que tocar solo. Acá si la cagué, la cagué yo. Si no me gusta algo, lo cambio.

No te interesó tener ningún invitado.

No. Vi que estaba en la súper intimidad de mi casa grabándolo. En un momento estuvo la posibilidad de grabar en banda, de hecho grabamos, pero eran dos cosas totalmente diferentes.

¿Reconocés alguna línea temática? Están los monstruos, la cosa infantil.

Como te decía… Hay canciones que son re breves, re cortitas, pero creo yo que son mágicas, situaciones como la de “Disfraces de Freddy Krueger”, son pintorescas. Situaciones medio reales, recuerdos medio incompletos que tengo, que les busqué la vuelta de que tengan…

Hay muchas preguntas también, una búsqueda.

Búsqueda constante.

¿Qué diferencia hay con los Nombres Comunes? ¿Por qué decidiste grabar por separado?

Con los Nombres hace como cinco años ya que estamos, y como toda relación, era momento de dar un respiro. Por los tiempos también. Yo avanzo muy rápido, soy muy ansioso para los tiempos de una banda. Teníamos el disco con los nombres, lo estábamos tocando, y yo ya tenía doce canciones más. Nosotros seguíamos tocando ese disco. Es re lento. Necesitaba diferenciar y separar las cosas. Si bien tranquilamente podrían haber sido canciones de los Nombres Comunes las de Monstruo familiar. Sí tienen la diferencia del crecimiento. Yo ya tengo 30, evolucioné. Los Nombres Comunes hace un año atrás tocábamos canciones que compuse hace tres, cuatro años atrás. Sentía: “Esto es re viejo, ya no lo siento, ya no lo vivo”. Me abrí un poco para investigar y sacar este disco. Pero con los Nombres somos re amigos, entonces la banda sigue existiendo. Estamos en un…

Impasse.

Un impasse. No tenemos ningún apuro. Cuando nos den las ganas de volver a juntarnos a ensayar, nos juntamos.

En una entrevista con El País contabas que en el primer disco de la banda era Martín Seoane el que arreglaba los temas. ¿Cambió eso para el segundo?

Pasa que lo agarró un productor, Leandro Dansilio, que es otro amigo. Nosotros arreglábamos los temas, teníamos unos temas más o menos definidos, después Leandro grabó algunas cosas… Son trabajos que yo jamás volvería a hacer de esa manera. Dejaba al azar un montón de cosas que ahora ni en pedo dejo al azar.

Fue la primera vez entonces que tuviste que encarar el aspecto más musical de las canciones. ¿Cómo fue?

Fue un desafío. Encontrar algo de lo que no era muy consciente antes: el segundo plano en la composición, hablando de las tensiones. Las tensiones musicales van mucho en cómo ondulaba la letra. Está la estructura rítmica, está la letra, la lírica, y después hay otra capa más, que yo nunca la tenía, que son los solos, los sonidos que van por debajo. En este disco sí, lo que más me divirtió fue esa tercera capa. Lo que más me grababa copar y componer. Que ni siquiera era la tercera: tenía que grabar todos los graves, los bajos, las percusiones, para tener ese colchón. Eso siempre me embola.

Las bases.

Las rítmicas, los bajos. Por el tipo de disco que es. Si me decís Herbie Hancock [imita su sonido].

Si te embola eso, está complicado.

Exacto, y encontrar los quiebres en las canciones, los silencios, estructuras.  Los clarinetes y las guitarras eléctricas fue lo que más me gustó grabar. Son como los decorados finales de un plato. Cuando emplatás, y decís “ya está, quedó”. Igual, ya estoy grabando el siguiente, y realcé todo. Porque Monstruo familiar va todo muy por abajo. A los sonidos tenés que prestar atención, se meten sonidos por debajo. Las guitarras eléctricas están en un plano muy lejano. Y ahora en este que estoy haciendo, me fui para el otro lado. Que tengan presencia. Estoy probando grabar baterías, que no lo hice en Monstruo familiar.

Estás con otro proyecto también, Santa María Peligro.

Sí, con Santa María lo que pasa es que somos, o éramos, siete personas. Va a salir un disquito re chiquito, de siete, ocho canciones. Capaz termina siendo un EP. Probablemente toquemos el disco, pero no le veo futuro porque somos demasiados y todos tenemos otros proyectos. Está Santi [Pepe, tecladista] que está en Desayuno Continental, está Bruno Berocay [baterista] que tiene Power [Chocolatín Experimento] y Ruperto Rocanrol, Raúl [Garrido, bajista] que tiene Los Mostachos, Nahuel [Triannon, guitarrista] que es el dueño del Tundra Bar. Y estuvo re bien las veces que tocamos, yo cumplí mi sueño de electrificarme. Siempre con una guitarrita folk, dije “mirá lo que es esto”, un despelote, distorsión, batería. Me encantó. Pero después de la composición de esas canciones nació esto otro [su proyecto solista]. Ahí conecté con mi…

Te llevó a potenciar lo eléctrico.

Claro, pero también a irme al lado de la canción. No quiero tener una banda rockera. Estoy más para la canción. Hasta la balada te diría.

En el Facebook de Santa María Peligro dice que nace de la muerte de un hombre común.

Porque cuando quería arrancar la banda es porque estaba con un proyecto que se llama Hombre Común. Unos viajes que tuve, en un proceso creativo que estaba estancado. Dije “voy a agarrar la guitarra, componer canciones, y así como salgan las voy a grabar y las voy a subir”. Duró como un año. Así grabé, no sé, más de 50 canciones. De las cuales 48 eran una mierda, la propia mierda, y dos eran tremendas canciones, al menos para mí. Después de ese proceso, dije “nunca más Hombre Común, ya aprendí de esto”. De exponerme también.

Abriste la cocina, para seguir con la metáfora culinaria.

Exacto [se ríe]. Justo me estaba vinculando mucho con todos estos amigos, Santi, Raúl, Bruno, Ana [Mancebo, “tecladitos” en Santa María Peligro]. Tenía esas ganas y dije “vamo’ a armar una banda, tengo estas canciones”. Investigué esa parte más rockera mía, y hay algunas canciones que digo “estos son los baladones que a mí me encantan”, una que se llama “Fuego”, que me gustó mucho. Pero también es presentarle a un grupo de siete canciones una voz y una guitarra. Y que todos ellos lo instrumenten. No es lo mismo. Yo no estoy en la posición de decir “hacé esto”. Es una banda, no es mi proyecto solista. Ahora creo que estoy para esa. No para complicarme la cabeza con nada. Quiero hacer las canciones, grabarlas yo y armar una banda para que las toquen. Darles la libertad. Que pasó con este disco: junté amigos y arreglaron los temas diferente.

Para el vivo.

Para el vivo. Me re gustó. Funcionaba de otra manera. Igual con este otro disco quiero hacer a la inversa. Respetar las canciones en el vivo. Estoy tocando re poco… Este disco lo toqué dos veces. Conseguir toques es siempre la misma… Querés tocar en un lugar y $7.000 tenés que poner. Un lugar que digas “da para presentar un disco, tener buen sonido y cobrar entrada”. Yo no muevo más de 50 personas. Y si van 50.

50 no es tan poco.

No, yo estoy re conforme, me encanta. Pero no te dan los números para empatar. Tampoco vas a cobrar a $300. No sé, capaz que los Buenos Muchachos pueden.

Te dieron para adelante ellos, ¿no?

Estuvo demás. Lo publicó Pau O’Bianchi y ellos lo compartieron, “diciendo gran canción”, no sé qué. Y yo llorando en casa. Tremendo elogio.

¿Te influyó Santa María Peligro para que este disco solista nuevo se venga más rockero?

No, no más rockero. Se viene con más fuerza en la parte rítmica. Estoy escuchando mucho Roy Orbison, también es un gran ídolo mío. Estoy tratando eso. Me di cuenta de que siempre me gustó y me daba miedo seguirlo. La sociedad como que te impone mucho, a mí me jodían por escribirle al amor. Es sincerarte.

En la movida independiente no queda tan bien hablar del amor.

No, no queda bien. Sos tremendo paloma. Tenés que ser medio malo o medio oscuro. Son influencias directas que capaz que no te das cuenta en el momento. Este último tiempo yo estuve súper retraído, de salir y vincularme con la escena, y me encontré más con eso, los Plateros, Roy Orbison.

Más cantantes. Más voz.

Pila de voz. Cantar es lo que más me gusta.

¿Vas a darle más preponderancia?

De una. A la voz y a la canción en sí. Y ta. Que haya amor.

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