Roger Waters dio un show monumental lleno de chiches y demagogia

El exlíder de Pink Floyd recorrió buena parte de los clásicos de su antigua banda, incluidas algunas sorpresas, en un espectáculo del tamaño de su historial


Foto: Pata Torres. Gentileza Gaucho

Por Gastón González Napoli

Si hay que hacerle una crítica al espectáculo descomunal que entregó Roger Waters en el Centenario este sábado, es que de a ratos parecía una banda de covers de Pink Floyd. Todo demasiado perfecto. Con un guitarrista que hasta se parecía al joven David Gilmour y que copiaba sus solos nota por nota. Basta con ver videos de Gilmour aun viejo para entender que solear con el alma es otra cosa.

Dicho esto, ¡Roger Waters tocó en Montevideo! ¡Con una pantalla gigante casi que del ancho de la Ámsterdam! ¡Con el coro Giraluna poniendo ladrillos en el muro! ¡La estación eléctrica de Battersea, la de la tapa del Animals, salió de atrás de la pantalla, sus chimeneas tiraban humo, el chancho flotaba a lo lejos!

¡Roger Waters se puso una remera de Familiares de detenidos desaparecidos!

Y en Twitter había gente que lo criticaba por hacer política. Madre mía. Si algo mostró el pasaje del exbajista y principal cabeza creativa de Pink Floyd por Montevideo, es la ignorancia rampante de la media uruguaya sobre lo que significa la cultura en una sociedad libre y democrática.

Pasado este vómito de exclamaciones, un paso a paso veloz. Waters -un veterano de 75 años- actuó durante tres horas, con un intervalo en el medio. A las nueve en punto la pantalla monstruosa se encendió con la imagen de una mujer con un hiyab, sentada en una playa desierta, de espaldas a la audiencia. Los parlantes emitían los sonidos del mar; duró unos quince minutos. Hasta que el cielo se fue poniendo rojo atardecer, luego rojo apocalíptico, y por el zumbido atronador pareció que un avión iba a impactar contra la Torre Olímpica.

La banda salió entonces a escena, pequeña, ínfima, perdida bajo la pantalla. Apenas se los veía desde la cancha (barata). En la pantalla tampoco se los vería mucho. El rol no sería amplificar a los músicos para quienes estuvieran lejos, sino convertir al Centenario en una experiencia audiovisual envolvente. Viajera. En -como se dijo por ahí- un cine 4D. Relojes, colores, videos, paisajes intergalácticos, intercalados con imágenes en vivo del show fundidas, filtradas y procesadas.

Arrancaron recorriendo el Dark Side en orden cronológico; con la salvedad de que se cambió el instrumental “On The Run” por “One of These Days”, también desprovisto de letra, también maravilloso, y perteneciente al Meddle. Waters recién cantó en soledad en “Time” y el ticking away the moments that make up the dull day, un fragmento en el tiempo que perdurará en el corazón de todos los que lo gritaron. “The Great Gig In The Sky”, que cierra el lado A del álbum más exitoso de Floyd, completó esa primera parte del recital. Las coristas Jess Wolfe y Holly Laessig, del dúo Lucius, se lucieron, valga la redundancia, y se arrancaron las cuerdas vocales para bajar a tierra la performance mítica de Clare Torry, un top tres de las canciones más difíciles de cantar.

“Welcome To The Machine” viró hacia el Wish You Were Here y dejó otro punto alto del show, con la gente coreando y un pequeño Waters arengando y gesticulando con el puño en alto desde una punta del escenario. Recorrieron luego un trío de canciones -“Dèja Vu”, “The Last Refugee”, “Picture That”- de su reciente y muy floydiano disco Is This The Life We Really Want?, que actualiza la furia política característica de las composiciones de Waters en su juventud. Y que hace aún más estúpido que hubiera gente sorprendida por su discurso.

Una hermosa aunque exageradamente cristalina versión de “Wish You Were Here” siguió, antes de que un helicóptero retumbara desde todos los parlantes en surround y un foco iluminara desde la pantalla hacia la gente. “¡You! ¡Yes, you!”, rugió la conocidísima voz y dio entrada a un combo emotivo de “The Happiest Days of Our Lives” y “Another Brick In The Wall”, partes 2 y 3. El coro Giraluna, que trabaja con niños y jóvenes de contexto crítico en Nuevo París, salió a escena; los niños vestidos como presos de Guantánamo. La coreografía terminó con ellos arrancándose los uniformes naranjas para mostrar remeras que leían “resist”.

Waters habló entonces por primera vez. Pidió un aplauso para los niños, aclaró que eran montevideanos, y luego avisó que harían una pausa de 20 minutos para luego “continuar con la resistencia”.

“¿Resistir a quién?”, preguntó la pantalla gigante, y comenzó una larga lista que fue desde lo híper específico (resistir a Gina Haspel, actual directora de la CIA, que supervisó un centro de tortura durante la Guerra Contra el Terror) a lo generalista (resistir tirar basura en los océanos), además de tocar timbres locatarios (“resistan a la policía militarizada”). Por supuesto que era simplista; eran palabras en una pantalla gigante. Por supuesto que era maniqueo y bastante demagogo; es una estrella de rock, no un filósofo político. “¡Eh, puto, puto!”, gritaba un flaco con remera de Motorhead ante la aparición de Mark Zuckerberg. “¡Eh, fascista puto!”, gritó cuando leía “resistan el neofascismo”. Si algún despierto pretendía que Waters planteara un debate profundo y balanceado, es buen indicativo de que nunca estuvo en una cancha en un recital.

La segunda parte fue más espectacular y también más política. La lista culminó con “resistan la idea de que hay animales más iguales que otros. Como los cerdos, por ejemplo, o… los perros”. En las pantallas se levantó el suelo y comenzaron a salir lo que al principio parecían torres y luego fueron las chimeneas de una fábrica, la estación energética Battersea, inmortalizada en la tapa del disco Animals. Continuaron subiendo y subiendo hasta que detrás del muro LED aparecieron chimeneas reales, con humo, chanchito y todo.

Waters y compañía regresaron entonces y tocaron las extensas “Dogs” y “Pigs (Three Different Ones)”, en otro segmento ultra político. Un hombre vestido de oveja le sirvio champán a los músicos, y Waters alzó carteles que leían “los cerdos dominan el mundo” y “a la mierda con los cerdos” (fuck the pigs queda mucho más pro). Durante “Pigs”, la pantalla se abarrotó de Donald Trumps, con su cabeza en el cuerpo de un chancho, de un bebé, con un micropene, haciendo el saludo nazi, y demás imágenes insultantes. Mientras, el legendario cerdo inflable que leía stay human salía a pasear entre la gente.

Luego regresó al Dark Side y lo completó, con un paréntesis para meter una última de su disco solista, “Smell The Roses”. El segmento tuvo un punto alto con “Us and Them”, que le da nombre a la gira; y otro bajo cuando tocó “Money”. El tema hizo extrañar a Gilmour, y a Waters se le fue la moto con el tema político; hasta hizo un corte a mitad para aclarar desde la pantalla que Trump no había ganado, sino que cuando ganaba la gente como él, perdían todos. Sí, todo bien, pero un poco de respeto con la canción.

Para el cierre, con “Two Sunsets In The Sky”, de The Final Cut, y “Comfortably Numb”, Waters ya se había puesto la camiseta de Familiares de Detenidos Desaparecidos, en un último discurso que dio tras presentar pacientemente a todos sus músicos. Quedó la duda de si no se confundió y creyó que la remera defendía los derechos de los charrúas, pero el gesto sirve igual. Es difícil de entender cómo la causa de Familiares está partidizada, cuando todos deberían llevarla como bandera. Es una causa humana.

En la pantalla al final volvió la imagen de la mujer con el hiyab en la playa, abrazándose ahora con una niña. La soledad absoluta convertida en ternura. En humanidad. Faltó que Waters volviera a escena en solitario para cantar “Mother”, como hizo en algún otro toque, pero en fin. Tocó tres horas y tiene 75 años. Tampoco se le puede exigir la vida. Suficiente con que se va de gira por el mundo haciendo fan service e intentando todavía dar su mensaje. Demagogo o no.

Vino Roger Waters, vino McCartney, vinieron los Stones… Falta Zeppelin. A ver si se ponen las pilas, eh.

One comment

  • Manuela  

    Muy buen artículo! Pero lo que ne llama la atencion es que nadie más noto el cartel en contra del neofascismo en el que se leían los líderes de cada país, y debajo de brasil-bolsonaro decia: postura política censurada!? Estoy buscando y nafie escribió sobre eso.

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