Ruben Rada: “Siempre usé la voz como un instrumento”

Esta noche, Ruben Rada se presenta junto con Confidence en La Trastienda y nos pareció una gran oportunidad para repasar su vínculo con el jazz


Foto tomada del sitio oficial de Ruben Rada

Por Rodrigo Guerra

Cuando Ruben Rada creó el grupo de jazz Confidence en 2011, buscaba tocar canciones instrumentales junto con el baterista Osvaldo Fattoruso, que en ese momento estaba –según Rada- “muy enfermo” de cáncer. Grabaron el disco Confidence con una banda de ocho músicos y, luego de seis recitales, Fattoruso falleció en 2012. Tras unos cambios en la formación y un tiempo de descanso, Rada retomó el proyecto y en 2015 se presentó en Aquel Abrazo para ofrecer uno de los momentos más destacados del festival que se arruinó por una lluvia torrencial.

Sumaron más experiencias de recitales en vivo, y el año pasado publicaron Confidence 2: La película, su segundo trabajo discográfico. Merece destacar que Rada volvió a trabajar con el saxofonista Héctor “Fino” Bingert y el pianista Ricardo Nolé, dos músicos que fueron fundamentales en distintas etapas de su trayectoria musical: Bingert tocó en el Conjunto S.O.S. en la década del 70, un grupo en el que Rada mezclaba jazz y rock y que dejó un único disco editado; y Nolé formó parte de su exitosa banda en los 80, cuando Rada vivía en Buenos Aires. Además, el cierre de Confidence 2 es “Pajaritos”, una de las últimas canciones que grabó Osvaldo Fattoruso. Funciona como una hermosa despedida en la que también participa su hermano Hugo, tocando el sintetizador.

Antes de que Ruben Rada presente su nuevo disco  esta noche en La Trastienda, charlamos con él sobre sus inicios en el jazz, cómo le enseñó a tocar el cencerro y el caxixi a Thad Jones, por qué el disco Allegro (de 2015) debería volver a publicitarse, el anuncio de la reedición de cuatro discos fundamentales de su catálogo, las dificultades económicas de organizar recitales y los dos álbumes que tiene listos para publicar.

Al final de la nota incluimos una playlist de Spotify para escuchar las canciones a las que él hace referencia a lo largo de esta charla.

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En Confidence 2: La película,  incluís un homenaje a Louis Armstrong. Cantás: “Armstrong / tu sonido suena a eternidad / Armstrong / Diste el corazón en cada nota / Dueño de la historia / I see you when the saints go marchin’ in”. ¿De qué manera te influenció la obra de Armstrong?

Él fue un Dios y por eso la letra también dice: “Armstrong / Tu sonrisa iluminaba el cielo / Cielo, donde era no era grato tu color / Armstrong / Tu trompeta unió la raza”. Pero en realidad cuando empecé a cantar de verdad y a agarrarle la onda a la música fue a través de una novia que tenía que se llamaba Susy. Un día llegué a la puerta de la casa y la encontré chuponeando con el primo; salí corriendo, pateando piedras y tachos de basura y empecé a cantar: “Susy mi amor” con una tristeza tremenda. Hasta ese momento yo era un juglar que cantaba canciones de todo el mundo pero no componía. Llego a la casa de Ringo Thielmann, y le cuento lo que me había pasado y empiezo a escribir una letra: “No me comprendistes / sé que me quisistes”. Él me iba borrando las “s” que sobraran y así salió mi primera canción. Yo escribí esa canción porque ya había escuchado  a “Love me do” [canta un fragmento de la letra], de Los Beatles, y a partir de ahí me salió el compositor. El mundo estaba esperando esa música joven que era increíble. Después vinieron los Kinks y Los Rolling.

Igual yo siempre estuve cerca del jazz: supe y he tocado congas al viejo ritmo de Chano Pozo, que acompañaba a las orquestas de bebop. Además,en Alemania estuve con un músico grandioso, que era Thad Jones, que tenía un famoso dúo con Mel Lewis. Cada vez que iba a Estados Unidos o a Europa, me tomaba un avión para ir los lunes a Nueva York a escuchar a la orquesta de la Village Vanguard.

¿Cómo era tu relación con Thad Jones?

Me hice amigo de él porque una vez me lo encontré en Múnich, en un boliche de jazz que él tenía y que se llamaba Domicile. Cuando estaba por allá el tipo me iba a buscar al apartamento donde yo vivía y me decía: “¡Hey, Rada!” y nos íbamos a jugar al pool.  Después le enseñé a tocar los cencerros en jazz para que pueda apagar y prender el sonido, y le enseñé a usar los caxixi, porque en esa época todavía no se usaban mucho.  Me dijo que cuando fuera a Nueva York me conseguían unas congas para que pudiera tocar con él en la orquesta, pero me cagué todo y al final no fui nunca.

¿De dónde nace tu interés por el jazz?

Yo llegué al jazz cuando empecé a ir al Hot Club, que estaba en la esquina de Guayabos y Jackson. Ahí conocí la música de John Coltrane, Charlie Parker y Miles Davis gracias a Hugo y a Osvaldo Fattoruso, Paco Mañosa y Pipo Burgueño. En realidad yo venía de los carnavales y de la murga: salí en Morenada, en La Nueva Milonga -con Tito Pastrana- y había cantado con Pedro Ferreira.

Cuando tenía 16 años, Cacho De La Cruz me encuentra en un tablado de la calle Avenida Italia e Irlanda. Yo cantaba arriba de una mesa haciendo imitaciones de cantantes mientras la gente esperaba a que llegaran las murgas y parodistas. Ese día Cacho me vio y me invitó a cantar con los Hot Blowers, que era un grupo de jazz que tenía a Daniel “Bachicha” Lencina, Ringo Thielmann, Paco Mañosa y a Federico García Vigil. El primer día que voy, Cacho me pasa la letra de “All The Way”, de Sinatra [canta]: “When somebody loves you / it’s no good unless he loves you all the way”. Como yo nunca había cantado en inglés, Cacho y “Bachicha” me enseñaron a sacar a la letra por fonética, así que escribía palabras como “Tumorrou”, “Tanquiu”, “Ai si iu” para poder cantar las canciones. Además, yo escuchaba a los cantantes y les sacaba la onda.

Una de las primeras canciones en inglés que cantaste es “Georgia On My Mind”, de Ray Charles. ¿Verdad?

Claro, siempre. Ray Charles fue el que me despertó las ganas de cantar este tipo de música. Yo lo amo y canto “Georgia On My Mind” seguido. Nunca trato de cambiar el formato de la canción; ¿viste que la gente hace versiones? Bueno,  yo trato de mantener la versión original porque es tan buena que no se puede cambiar. Con ese tema he robado mucho en Europa, me emociono mucho cada vez que la canto. Y bueno, ahí está mi conexión con el jazz. Si vos te ponés a escuchar temas míos, varios tienen la influencia del jazz [tararea las melodías de “Lucila II”, “Montevideo”, “Candombe para Gardel” y “Martuán” mientras imita el sonido de una guitarra].

Con los Hot Blowers trabajé como siete años cantando temas de Ray Charles, de Louis Armstrong y de todo el mundo; nos fue muy bien y nos fuimos a tocar a Chile. Después me encuentro con los Fattoruso, que vinieron a tocar al grupo por un tiempo. Cuando nos separamos, ellos se fueron a Punta del Este para armar los Shakers, y yo me iba para allá y en una época cantaba en los ensayos, y también tocaba la batería. Cuando se los llevan a Buenos Aires me voy con ellos, pero el productor me dijo enseguida: “El negrito no da”; porque ellos querían hacer un grupo de Beatles latinoamericanos. Como me dijeron que no, me volví para Montevideo y armé El Kinto con Eduardo Mateo, Luis Sosa, Urbano Moraes, Alfredo Vita, Chichito Cabral y Antonio Lagarde.

Después de los toques siempre nos íbamos con El Kinto para el Hot Club, e incluso ensayábamos allá. En esa época era famoso Ray Conniff y su “Cheek To Cheek” [imita la melodía de trombón con la voz], y ahí aprendí a cantar con los instrumentos. Eso es lo que hago en este disco de Confidence. Me acostumbré a cantar de esa manera y usé siempre la voz como un instrumento.

¿Cómo surgió el grupo Confidence?

Después de grabar un montón de discos -más de 38-, Osvaldo Fattoruso estaba muy enfermo y me decido por hacer este grupo. Me pongo a hacer canciones para ser tocadas, y aunque yo no soy un músico de jazz, lo podría ser. Armé la banda porque quería tocar con Osvaldo, grabé el disco Confidence [2011] y tocamos en seis conciertos antes de que él falleciera. Después ganamos un premio Gardel en Argentina y un premio Graffiti acá. La única vez que tocamos para un público masivo fue en 2015 en las canteras del Parqué Rodo, en el festival Aquel Abrazo. Cuando arrancamos a tocar se empezó a llenar de gente porque la banda volaba [comienza a cantar fragmentos de “Funky así” y “Samba Rusa”, ambas canciones del primer disco del grupo].

Confidence 2: La película cierra con “Pajaritos”, uno de los últimos temas grabados por Osvaldo Fattoruso…

En “Pajaritos” tocan Osvaldo y Hugo. Ese era un tema que yo había grabado con letra en Amoroso Pop [2013] y para este disco publiqué una versión instrumentalHacía tiempo yo había visto The Killers, con Burt Lancaster, y de la banda sonora de la película saqué la onda para componer esta canción.

En el nuevo disco volvés a tocar con el saxofonista Héctor “Fino” Bingert, que participa en los temas “Reunión de negros con indios” y “Que no sepan que soy yo”. Ustedes ya habían tocado juntos en los 70, cuando formaron el Conjunto S.O.S.

Sí, nosotros tocamos juntos en el disco de S.O.S. [que se grabó en 1973, pero se publicó recién en 1976], que significaba el Sonido Original del Sur. Está divino ese disco y va a salir reeditado porque el bajista de la banda, Bo Gathú, le hizo una nueva mezcla en Suecia.

Cuando empezamos con la banda tocábamos en todos lados y, además de hacer temas propios, cantábamos los éxitos de ese momento: “That’s The Way I Like It” [de KC & The Sunshine Band], “Kung Fu Fighting” [de Carl Douglas]. Las minas se volvían locas. Cuando uno canta canciones conocidas, la gente canta arriba y entonces podés hacer cualquier cosa con la letra y nadie se da cuenta. Por ejemplo, cuando yo cantaba en Estados Unidos hacía “Girl”, de Los Beatles, y decía: “El sorete barrigón to listen to my story? / All about the girl who came to stay”. Las mujeres me decían: “Oh, Rada, you sing very good” y no se daban cuenta [risas]. Cuando la gente canta contigo podés cualquier verdura.

Con el “Fino” Bingert también habías tocado en  las canciones “Eterna bacanal” y “Si me vas a querer”, del disco Allegro (2015). Ese disco no tuvo mucha difusión. ¿Por qué?

Es que justo en ese momento la compañía [Montevideo Music Group] sacó a Márama y a Rombai, y como los estaban produciendo desaparecieron del país; arrasaron con eso y me parece maravilloso, pero sentí que a Allegro me lo publicaron de favor. Les tengo mucho respeto a ellos, pero realmente siento que ese disco se perdió. Para mí es un disco súper alegre, que tiene temas como “Mi amigo el tano”, “Nico Pérez” [canta un fragmento de la letra] y “I’m really happy”, que están bien tocados y que son para bailar. Quiero ver si a Allegro lo puedo colocar en algún país…

Es que tampoco hiciste un recital para presentar el disco…

No, porque tocar en vivo es perder plata. Por ejemplo, con Confidence nosotros hacemos este concierto para  volver a presentar el álbum, pero en ningún momento soñamos con ganar dinero. Por más que se llene la Trastienda, los precios de los artistas uruguayos no son los mismos que cuando viene gente de afuera: si un uruguayo cobra $1.500 la entrada, la gente te mata y no va. Entonces nosotros tocamos y tratamos de que esté el dinero para pagarle a los músicos, a los plomos y a la gente que trabaja; Lea [Bensasson, su representante] y yo, vamos al arco: si queda algo de dinero agarramos, si no, ya está. Tocar da mucho trabajo y hay que llamar a mucha gente para tratar de organizar. Pero bueno, vamos a ver qué pasa porque la gente ya escuchó Confidence varias veces y sabe que es un taponazo.

En 2016 el Instituto Nacional de Música de Argentina (INAMU) compró el catálogo de Music Hall, una discográfica que quebró hace años y donde editaste varios de los discos más exitosos de tu etapa en Argentina durante la década de los 80. Según leí,  el INAMU les devolvió los derechos de difusión a sus autores. ¿Tenés pensado reeditar esos discos?

Sí, con Montevideo MusicGroup vamos a sacar un disco triple que va a incluir La Rada [1981], En familia [1982], y el recital en vivo en el Estadio Obras [La cosa se pone negra, 1983]. El disco La banda [que incluye el hit “Rock de la calle”, 1979] no lo reedito porque lo grabé con un grupo, así que si el grupo no decide sacarlo no puedo meterme en eso.

Durante los 80 tuviste bastante éxito en Argentina, pero me interesa destacar que en tus discos de esa etapa grabaste varias canciones con temas políticos, como “Martuán”, “Mambo Liberador”, “Juana con Arturo”, “Lo bueno es lo malo, lo malo es lo bueno” y “El Ómnibus”, que es una de tus mejores canciones.

Es que en todos mis discos siempre hay alguna canción que implica algún tema político porque le quiero mostrar a la gente que no estoy dormido y que sé lo que está pasando. A “El Ómnibus” la escribí porque en la época de los tupamaros ellos subían a las tres de la mañana a un ómnibus, que siempre van cinco personas, y les decían: “¿Qué hacemos con este plan?”, que era, por ejemplo, matar a alguien. Preguntaban qué hacían, y si la gente ponía el pulgar arriba lo mataban, si lo ponían para abajo lo dejaban vivo;  así juntaban firmas. [Canta]: “Yo nací en Montevideo / Me crié con esos reos / Yo tocaba los tambores del lugar / Esa barra iluminada, esa gente postergada / Se quedó sin realidad / Pobre gente postergada, que desayuna con nada / Y siempre tiene para dar”. En esa última parte de la letra hablo del uruguayo, que es muy generoso porque aunque no tiene nada igual te da para comer y reparte.

¿Cuál es tu mejor recuerdo de Argentina?
 

La época que toqué con La Banda [un grupo que también incluía a los argentinos Benny Izaguirre, Bernardo Baraj, Jorge Navarro, Luis Cerávolo y Ricardo Sanz]. Otro momento glorioso fue cuando volvió Opa, en el ‘81, que nos fuimos a tocar a Obras con Milton Nascimento. Fue una cosa increíble yel lugar estaba repleto. Esa misma emoción se replicó cuando vinimos con Opa a Montevideo en el ’87 para tocar en el Cine Plaza.

En una entrevista con Desayunos Informales dijiste que tenés varios discos listos para publicar.

Sí, tengo un disco doble que se llama Distintos tonos de negro, y que tiene joropo, salsa, rock and roll, soul, blues, jazz, funk, candombe, samba. Es un homenaje a todoslos ritmos que fueron creados por los negros.El otro disco se va a llamar Humano-Electro-Sinfónico, y va a estar hecho con sonidos sinfónicos desde la computadora, arriba le ponemos los instrumentos de verdad, y luego lo juntamos con mi voz. En octubre voy a hacer un concierto con la Filarmónica en el Sodre para presentarlo.

Tenés un disco recién publicado, ya tenés otros trabajos para editar, te presentás en vivo seguido y colaborás con músicos jóvenes. ¿Qué es lo que te motiva a seguir activo y grabando?

Mi trabajo es darle música al público que me eligió, que compró mis discos y que pagó las entradas para verme; ya sea como Rada, Richie Silver, como Adar Nebur, como RubenRá, con el proyecto Tango, Milonga y Candombe, con Confidence o con esto sinfónico que voy a presentar.

Además, siempre estoy cambiando porque pasan tres meses de que saco un disco y ya la gente me pregunta: “Che, Negro, ¿cuándo grabás otro disco?”.Somos  un país chico, y ahora con este asunto de internet la gente ya no escucha discos, sino que escucha playlists y no le presta atención a la obra. Eso me tiene muy triste porque yo grabo discos porque no sé grabar de otra manera; es como cuando cocino: hago una olla para 20 aunque seamos 5, porque vengo del hambre.

¿Qué esperás de este recital en La Trastienda?

Que la gente vaya con ganas de divertirse. En el recital voy a tocar ocho temas de Confidence 2; algunos del disco anterior, como “Samba Rusa”, “Baila joven?” y “Funky Así”; y algunos de los temas clásicos que me pide la gente, como “Dedos”, “Malísimo” y “Blumana” . Lo que más importa de esto es que voy a mostrar a excelentes músicos uruguayos, como son Artigas Leal, Gustavo Montemurro, Santiago Gutiérrez, Nacho Mateu, Matías Rada y Nelson Cedrez, así que espero que la gente vaya con ganas de apreciar el trabajo de los músicos.

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