Sam Shepard: En el mes de la Luna Halcón

Este lunes, Sam Shepard habría cumplido 75 años, si no hubiera muerto en julio del 2017. Aprovechamos la ocasión para recordarlo

Sam Shepard en Stealth: La amenaza invisible. Crédito: Wikimedia Commons

Por Enzo Della Ventura

El 5 de noviembre se cumplen 75 años de la fecha de nacimiento de Sam Shepard. Tal vez 74;  el dato varía según la fuente. Igual de variados habrán sido los aniversarios de su nacimiento: lo imagino manejando solo por una carretera junto al desierto, con la radio encendida o una pluma de cuervo que lo lleva a manejar de norte a sur y de sur a norte.

Su muerte en el año 2017 suscitó recuadros en los que se lo destacó como guionista de París, Texas y como director de destacadas obras de teatro. También se hizo referencia a la tempestuosa relación de años que llevó con la actriz Jessica Lange, además de su amistad con Bob Dylan. Y con Patti Smith. A Patti Lee, nombre con el que la conoció cuando la mujer no tenía idea de quién era él y comenzaron a salir, le dedica varios libros. Meses después de conocerse, ella supo que estaba viéndose con un dramaturgo reconocido ya por aquellos tiempos. Se inspiraron mutuamente y se vieron hasta el final.

Una biografía sería una tarea digna de Sísifo, aludiendo tangencialmente a los Rolling Stones y a su obsesión por Keith Richard. Richard, no Richards; dos nombres propios, como dice en La maldición de la pluma del cuervo, texto que forma parte de Luna Halcón. Mes de noviembre, mes de la Luna Halcón. Las piedras ruedan como un auto que viajapor el desierto del Mojave. Ya se habrá escrito hace años alguna especie de racconto vital, destinado al fracaso, a perderse como la arena en un puño.

Él escribió como alguien que maneja sin rumbo fijo pero que se dirige al norte y los carteles le dicen que va al sur, entonces gira y va al sur y vuelve al norte. Escribió crónicas sudando, cantando oraciones mientras en la carretera un camionero escuchaba la voz de la radio soñando con volver a ese país sonoro del que se sentía expulsado. Apenas se lo lee o se lo ve en pantalla. Uno arriesga sin arriesgar en realidad la apuesta de que escribió en sets de filmación, cerca de Jessica (así le dedica El gran sueño del paraíso, simplemente escribe: Jessica), escapando de la actuación como uno de los personajes que encarnó en una de sus películas, durmiendo en cuartos de hoteles perdidos, en un paisaje desolado.

Prácticamente todos sus personajes tienen en común la desolación en que se encuentran. Adentro y afuera. Solitarios y perdidos en vastos paisajes, viviendo el viejo anhelo del Oeste. Hombres que curan caballos mediante la palabra, mujeres que van preguntando por Hollywood sobre la importancia de la santidad, pintores que responden que es más difícil ser hombre que santo.

El rock and roll presente a lo largo de toda su obra, dice Vamos a romperlo todo, y lo dice desde el fondo del escenario, desde el plano de la batería, mientras en la serie Bloodline canta y toca el ukelele frente a nosotros, a orillas del océano. Desde la multiplicidad de planos hace que poemas de unas pocas palabras por verso tengan una potencia expresiva con la que la muchos sólo pueden soñar; la fuerza de la brevedad cuando se tiene algo para decir:

La gente de aquí

se ha convertido

en la gente

que finge ser

El teatro y su doble están presentes a lo largo de su obra y hasta el final, como en su último libro traducido al español (pero no su último libro), publicado póstumamente, Yo por dentro. Este tiene descripciones que llevan a las temporadas más crueles, paliadas con medias térmicas robadas de algún tráiler de filmación, tan azules como imbuidas de noches de alcohol. Un libro lleno de frustraciones, pero también de estoicismo a la hora de afrontar momentos cuando no difíciles, incómodos. Pareciera que la lejanía y la soledad con sus melodías sibilantes fueran el lugar donde el hombre, el protagonista, se siente más a gusto.

Hasta que vuelve a cruzarse con mujeres, aquellas que lo observan beberse una botella de agave, mujeres que desesperan, que lo dejan solo y vuelven antes de terminar de irse.

Dice Patti Smith en el prólogo de Yo por dentro:

La realidad está sobrevalorada. Lo que perdura son las palabras garabateadas sobre un panorama que se despliega, vestigios de fotogramas polvorientos que se desprenden de la memoria, una elegía de voces fenecidas que transitan por la llanura americana.

No es necesario decir una palabra más.

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