Sobre Domingo

Porque el domingo es más un sentimiento que un día, le dedicamos una columna con mucha música
Por Lucía Quiroga
Domingo editado
Mambos musicales si los hay. Mambo, así, crudo como suena. Mambo. La música es un arte mambeado y eso es parte de su belleza. Mambos musicales si los hay. Claro, tiene sentido, un mambo es algo con lo que nos obsesionamos (como los ex novios o googlear enfermedades) y le damos vueltas y vueltas a lo mismo, esporádicamente. A veces está, a veces no, a veces es siempre el mismo mambo, otras veces cambia. De todos los mambos que la música tiene para nosotros, de todas las cosas sobre las cuales a los escritores les gusta hacernos obsesionar hay una que (yo por lo menos) veo más seguido que otras: el mambo al fin. El mambo a las cosas que tienen fin, el miedo al mambo de lo que termina, el mambo al miedo de lo que se va. Todo en esta vida suele tener final entonces sí, tiene sentido que lo que más me digan los autores que escucho, ya sea porque fueron olvidados, porque desearían olvidar, el sol cae y se va el verano, se termina un mes o un año o porque desearían que algunas cosas duraran para siempre. De los finales, el que más me gusta es el de semana, y de los fines de semana, el que más detesto (odio, aborrezco y me obsesiono) es el domingo. Domingo, así, crudo como suena. Domingo.
Quiero ser clara, muy, muy clara, y expresar todo lo que me pasa con el domingo, y no me da miedo; es más, tengo la certeza de que esta última frase está mal, así que la voy a corregir para no tener que borrarla: todo lo que NOS pasa con el domingo. Sí, a vos también te pasan cosas con el domingo. Te pasan cosas con el domingo y no porque después venga el lunes (no somos tan cliché), sino porque antes era sábado, y cuando no decís algo el sábado, es en este maldito/bendito día que te duele la garganta. Los músicos entendieron esto muchísimo antes que nosotros, por eso los amamos. Entendieron que el domingo es más que un día, es un sentimiento, es un estado: “Estoy domingo”. Hay domingos tristes y domingos alegres, pero son domingos en fin, y ese olorcito a melancolía, ese nosequé que te hace pensar un poco de más, ir un poco más lento, mirar más a la ventana, eso es pura y estrictamente cosa de domingo.
Lo más interesante de este sentimiento/día, es que no todos los días siete de la semana son domingos. Cuando estamos tomando sol, con amigos, una hamaca paraguaya y toda la plenitud arriba, el día siete es día siete y del domingo te olvidaste. El domingo no viene en vacaciones, viene cuando se terminan, con los finales, porque (perdonen la redundancia) es un sentimiento de final, es fija: si tenés domingo, algo se está por ir (o ya se fue y recién te das cuenta).
Contaba que los músicos saben muy bien describir este sentimiento, y serán tus fieles acompañantes cada vez que te ataque este día un poco gris pero no tanto, con algún eventual ruido de palomas y asado que se está por quemar, y entendieron sobre todo que no es el día, sos vos. Acá van mis favoritas. Feliz domingo.

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