“Star Wars: el despertar de la fuerza” es un tributo bien logrado

El episodio siete en la saga que cambió para siempre el cine salva con buena nota, pero no deja de recordar demasiado a las favoritas de la primera época

the force awakens

Puntaje: 8

Se dice una y otra vez que Hollywood está atravesando una crisis creativa, envuelto en secuelas de películas exitosas, remakes de filmes del pasado y las llamadas reboots, que buscan reiniciar sagas que quedaron dormidas. Tiene que ver con lo que se denomina brand awareness, el reconocimiento de marca: las inversiones que hacen los grandes estudios de Hollywood en sus películas son tan ridículamente grandes que buscan apelar a los fanáticos de franquicias existentes y de éxito probado, en vez de animarse a saltar al vacío con producciones originales. Y de franquicias exitosas, ninguna como Star Wars.

Basta con ver cómo el episodio VII en el universo creado por George Lucas, El despertar de la fuerza, ha destrozado los récords de venta de entradas desde su estreno un par de semanas atrás para ver cómo, por más que se lo critique, Hollywood tiene razón: los fanáticos van a arrojarle millones de dólares a las sagas que aman. Pero para no romper la tendencia, las películas tienen que tener buen nivel además de reflotar personajes e historias del pasado; si no, sucede como con la detestada trilogía de precuelas justamente de Star Wars. Para lograr un reboot de la saga de ciencia ficción y continuar ordeñando la vaca dorada, los estudios de Lucasfilm y Disney -que compró Lucasfilm en 2012- debían apelar al fan como nunca antes.

Así, el Despertar de la fuerza convocó a J.J. Abrams como director, un cineasta respetado en el mundo nerd y que había sabido animarse con producciones como la serie Lost, además de ser el responsable de la reboot de la otra gran saga espacial, Star Trek. De acuerdo con los verdaderos trekkies, los fans de esa franquicia, Abrams había dejado de lado el costado más profundo y filosófico que había caracterizado a la serie para dedicarse a la acción y el entretenimiento, con lo que en cierta forma lo que había dirigido eran dos películas más parecidas a lo que se espera de Star Wars. El fan podía estar tranquilo con él al mando. La expectativa continuó creciendo a base de tráilers que denotaban respeto y amor por la trilogía original, un sentimiento de nostalgia profunda, y a su estreno la respuesta a la película fue ampliamente positiva. Al fanático de Star Wars le encantó reunirse con sus personajes en una película elaborada directamente para quienes ya aman la franquicia. Rotten Tomatoes, un sitio que acumula críticas de cine y elabora porcentajes de qué tanta aceptación tienen las películas, le dio un 94%, más que a ninguna otra de las seis anteriores. ¿Pero está verdaderamente tan buena?

Lo cierto es que no. Es un filme entretenido y muy divertido, que deja un universo planteado a futuro y tiene también momentos emotivos y duros. Tomado como película en sí misma, es una aventura espacial excelente. Bien actuada, con actores protagónicos poco conocidos que están más que a la altura y una heroína que se anticipa quedará en el canon de los mejores de la serie. Pero su historia no es más que poner en una olla los elementos más recordados de la saga para mezclarlos. Hay una batalla épica junto a un pozo sin fondo, con un personaje que cae al vacío -Luke Skywalker cayó en la trilogía original, Darth Maul en las precuelas, ¿no podía haber sucedido en otro lugar?-, hay un villano vestido de negro con una máscara terrorífica y una voz anormalmente grave, hay información importante escondida en un droide, hay una Estrella de la Muerte -aunque se hace énfasis en que no es la Estrella de la Muerte-; hasta hay una escena en una cantina con música extraña y también dilemas de paternidad. La nostalgia es demasiada, no es una película original del todo y eso es una lástima.

Lo que no quiere decir, de nuevo, que sea mala. El séptimo episodio de la saga comienza con la aclaración de que si bien el Imperio Galáctico fue derrotado en El regreso del Jedi, de sus cenizas nació la Primera Orden, liderada por el misterioso aunque algo caricaturesco Líder Supremo Snoke. La antigua Princesa Leia es hoy la General Organa, que lidera la Resistencia contra la Primera Orden. Y Luke Skywalker, su hermano, está desaparecido. Un viejo aliado de Leia resulta tener un mapa para hallar al mítico Jedi, y a su encuentro en el planeta Jakku va el mejor piloto de la Resistencia, Poe Dameron (Oscar Isaac, sin muchas chances para brillar). Cuando la Primera Orden ataca de improviso, Dameron esconde el mapa en su robot BB-8 -una mezcla entre R2-D2 y la Jabulani, la pelota del Mundial de Sudáfrica 2010- y le ordena que huya por el desierto. Así el robot se encuentra con Rey (la ignota Daisy Ridley), una joven que junta chatarra para venderla, y con Finn (el también desconocido John Boyega), un desertor de los Stormtroopers de la Primera Orden que termina varado en Jakku. Los tres deben esquivar a la Primera Orden, que busca a BB-8 para hallar el camino hacia Luke, y encontrar a la Resistencia para que sea esta la que permita el resurgir de los Jedi. Por allí aparecen también Han Solo (Harrison Ford parece haberse divertido mucho), Chewbacca y hasta R2 D2 y el androide C-3PO.

El villano principal, al igual que originalmente no lo era el emperador sino Darth Vader, no es Snoke sino uno de sus principales hombres, Kylo Ren. Se trata de un personaje demasiado similar a Vader en su estética, aunque es, si cabe, más oscuro y malvado que aquel. Le falta para ser tan icónico, pero hay potencial. Es personificado por Adam Driver, el actor salido de la serie de HBO Girls que tiene -a falta de un mejor adjetivo- cara de depravado. Es ideal para el rol de pequeño Vader. Lo que necesita es lo mismo que la película: separarse de él. Si no, es como estar mirando un cover del original.

Los únicos personajes verdaderamente nuevos son Finn y Rey, y sus actores salen muy bien parados de la prueba. Finn le da otra humanidad a los Stormtroopers, soldados criados con el único fin de matar pero que pueden tener más capas de profundidad. Es decir, Finn colabora hacia una complejización de Star Wars, que históricamente ha sido una película para niños con una lucha muy básica entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz. Además, en una película muy divertida, Finn se lleva los mejores momentos -por lo menos los que Han Solo le permite que se lleve-. Y Rey es una heroína muy del 2015, el mismo año que tuvo a Imperator Furiosa robándose el protagonismo de Mad Max: Fury Road. Es cierto que desarrolla sus habilidades de heroína demasiado rápido y con entrenamiento nulo, pero eso no le resta nivel. Rey es la gran esperanza de Star Wars, dentro de la historia y también fuera: es la mayor responsable de mantener al filme a flote y de generar intriga por el futuro. Queda demostrado en la escena en que conoce a Finn, en donde este ve cómo ella es atacada por dos criaturas y corre a rescatarla, hasta que frena en el camino porque ve que se defiende bien sola.

El despertar de la fuerza es entonces un tributo muy bien logrado. El objetivo era satisfacer a los fanáticos y se logró. Pero no puede volverse una serpiente que se muerda su propia cola.

Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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