En el tintero: Boomerang, Parquet Courts, Kanye West

Un conjunto de discos editados este año que nos pasaron de largo, pero que vale la pena reseñar

Por Gastón González Napoli

El encanto – Boomerang

El cuarto disco de la banda perfecciona la fórmula de pop rock canchero que habían elegido en su anterior Engañamundos, a lo que suman una cuota saludable de éter y melancolía.

“Equivocado”, la apertura, es un rock bailable -el momento en que entra el bajo hace temblar los parlantes- hasta que cruza un puente medio trance, con percusión afro. “Si todos dicen” recarga de eco y hasta algo de autotune a la voz de Gonzalo Zipitría, para un vuelco medio psicodélico.

Bajan el tempo en “Quién”, donde la banda agrega un teclado y el cantante se manda un falsete, combinación que recuerda al estilo de los Arctic Monkeys en su último Tranquility Base Hotel + Casino. Al rato, en “Vigilia”, se suma la voz tan reconocible de Fernando Cabrera, que es multiplicado en un coro de sí mismo. No necesita mucho rato para convertir la canción en un destaque de El encanto: “Será que el peligro ya no me emociona/Como antes”.

La canción que tal vez mejor encapsule al disco es “Campari”, como para bailar con dicho trago en la mano, al ritmo de sintetizadores y una batería que elude las convenciones. Los versos “Llevo lentes negros/Aunque sé que estoy adentro” resumen la actitud del grupo.

Wide Awake! – Parquet Courts

Estos texanos que viven en Brooklyn -que es como decir salteños mudados a Cordón Soho- llamaron la atención con su Light Up Gold en 2013 gracias a un sonido idiosincrático que bautizaron “Americana punk”. Desde entonces han editado álbumes compulsivamente, incluidos un par de trabajos bajo el nombre Parkay Quarts y otro en colaboración con el compositor italiano Daniele Luppi y la vocalista de Yeah Yeah Yeahs Karen O. No paran.

Y como no paran, también van mutando. En su último Wide Awake!, Parquet Courts le agregan etiquetas como “ecléctico”, “pop” y “dance” a su estilo sin abandonar ni la velocidad ni la conciencia social del punk. Suenan también más prístinos, gracias a que trabajaron por primera vez con un productor externo, Danger Mouse, el exGnarls Barkley y actual integrante de Broken Bells.

Se inspiran en el fútbol total de Cruyff y la Naranja Mecánica para la eléctrica apertura de “Total Football”, donde ensalzan la virtud de lo colectivo y el organizarse para protegerse. Hasta emplean términos futbolísticos para referir a la retórica sindical. “Delanteros (strikers)/Defensas (sweepers)/Mejor protegidos/Cuando están juntos” juega con el doble sentido: strikers también refiere a “huelguistas” y sweepers a “barrenderos”.

El cantante Andrew Savage hace valer su apellido (“savage” significa “salvaje”) y recita con furia la letra de “Violence”, como un Dylan posmoderno pasado de rosca. “La violencia es la vida cotidiana”, resume el estribillo de este poema cansado de todo.

El tono no es menos radical en la siguiente “Before The Water Gets To High”, que refiere al cambio climático e imagina un futuro cercano en el que las grandes ciudades están bajo agua. Es más lento y Savage vuelve a cantar, pero la sensación es de resignación, de que no hay otra que la inundación. “¿Qué manos darán vuelta a la última página?”, se pregunta.

“Quiero que la gente sepa dónde se paraba Parquet Courts en esta época”, explicó Savage en entrevistas. Si algo se le puede aplaudir a Donald Trump es que trajo de regreso a la canción de protesta. A veces es más notorio, como en “Almost Had To Start a Fight/In And Out of Pacience” o la brevísima “NYC Observation”, y otras es más sutil, como en la rock-popera “Freebird II”, que se puede corear sin percatarse de que también está hablando de, según la descripción de la propia banda, “crecer en la incertidumbre económica” y las consecuencias que trae.

Mientras le da vueltas a la cuestión Trump, Parquet Courts recorre el dance punk de “Wide Awake”, suma un coro de niños en “Death Will Bring Change”, se pone densa y oscura en “Back To Earth”.

Wide Awake termina por hacerse un poco largo, con una seguidilla de temas cortos al final que podría haberse limado. Pero si este fuera un mundo justo, el cierre, “Tenderness”, debería ganar estatus de hit. No solo por el bajo saltarín ni el piano alegre, sino más que nada por la letra de Savage, que elige irse del disco en plan optimista, rechazando el nihilismo que, según él, hoy es la salida fácil.

Ye – Kanye West

El 2018 de Kanye West está dando para todo. Ahí donde los Parquet Courts le dan palo, West le dio su apoyo explícito a Trump y en líneas generales se comportó ya no como un genio problemático sino como un reverendo idiota (llegó a decir que la esclavitud es una elección). Mientras tanto, se metió en un estudio en Wyoming, que es como decir Bella Unión, y se largó a producir una andanada de discos para su sello G.O.O.D. Music, todos de siete canciones. El bien recibido Daytona, de Pusha T, el regreso del mítico Nas en Nasir, que pasó bastante desapercibido; K.T.S.E., de la bastante ignota Teyana Taylor, el único que se aleja del rap para meterse en el R&B; y KIDS SEE GHOSTS, una colaboración con Kid Cudi.

El que ocupa a esta reseña es el que  lleva la solitaria firma de West. De toda la lista, el Ye salió segundo, tras Daytona, y encendió las alarmas de los fans: West no solo no pide perdón por sus actitudes -hasta las barre a un costado como chistes-, sino que tampoco aparece su anterior pasión por innovar y romper estructuras, la que lo convirtió en tal vez el artista más clave del hip hop estadounidense de los últimos quince años.

Ye es oscuro, pero no oscuro interesante: oscuro preocupante. En “I Thought About Killing You” maneja el asesinato y el suicidio como posibilidades ciertas y no en onda gangsta. En “Violent Crimes” dice que antes era misógino, pero que ahora que tiene una hija entiende que se portó mal, excusa triste si las hay. Cuando toma elementos del trap, no hace al género propio sino que suena a otros tanto en los beats como en su flow. Quiere sonar como lo que escuchan los jóvenes y no le sale.

Hasta la mejor rima de “Violent Crimes”, en la que dice que quiere que su hija sea un monstruo como Nicki Minaj, revela ser idea de la propia Nicki, ya que West pone un audio que le envió la rapera al final del disco.

La producción es brutal, como muestran los coros de inspiración gospel de “No Mistakes” y “Wouldn’t Leave”, y sobre todo en el mayor destaque del álbum, “Ghost Town”, cuando todas las fichas caen en su lugar. West toma un lugar secundario en esta canción y le juega a favor. Uno se queda con el coro de Kid Cudi y con el cierre de la jovencísima Danielle Balbuena, alias 070 Shake, que se roba el tema con su vozarrón rodeado de una tormenta de percusión y ruidos indescifrables. “Pongo mi mano en la hornalla/Para ver si todavía sangro/Nada me duele más/Me siento bastante libre”, canta, y West da a entender que la nafta no se le acabó, aunque ya no se le deje pasar su actitud escandalosa.

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