Todos los episodios de Black Mirror rankeados

La serie antológica de ciencia ficción Black Mirror lanzó su cuarta temporada en Netflix a fines de diciembre y aprovechamos para rankearla

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

Por cada capítulo intachable, Black Mirror tiene un par con agujeritos y otro par entretenido si bien defectuoso. Hay otros problemáticos y se cuela algún que otro malo-malo. Pero siempre entrega un par de golpes al estómago y más de una carcajada. Se amen o se odien su pesimismo y su visión indecisa y a veces anticuada de la tecnología.

Se la puede mirar por el factor entretenimiento, cargado de giros sorpresivos. O por sus universos futurísticos peligrosamente factiblesBlack Mirror tiene aristas múltiples. Su cualidad de serie antológica -cada episodio cuenta una historia cerrada- amplía su atractivo. Tiene algo para cada quien.  Charlie Brooker, su creador, puede hacer lo que quiera; su mano sigue siendo reconocible.

Hoy un multimillonario adorado por sus seguidores puede vender 20.000 lanzallamas como quien vende una colección cápsula de zapatos; y barrer bajo la alfombra el hecho de que está vendiendo un arma súper peligrosa a un montón de youtubers que harían cualquier cosa por más vistas en su canal. Las voces como las de Brooker son necesarias.

Además al ser la serie antológica por antonomasia, Black Mirror es ideal para un ránking. Todo lo que sigue está lleno de spoilers. Obvio.

El ránking

19) Men Against Fire

En un futuro post-apocalíptico, soldados estadounidenses son despachados a asesinar a criaturas tipo Soy leyenda por los pueblos del país. Si trabajan bien, se les recompensa con sueños sexuales a través de insertos en su cabeza. Hasta ahí, Black Mirror estándar. Pero la revelación de qué son los zombis en realidad ya da un poco de pereza. Mucha moralina. Lo que termina de destruirlo es un monólogo súper explicativo del actor que hace de Stamper en House of Cards. Primera lección de guion: mostrá, no expliques como si la audiencia fuera boba.

18) The Waldo Moment

En general considerado el peor por los fanáticos de la serie. El concepto es divertido: un comediante crea un personaje animado, Waldo, y se mete en la campaña presidencial. Cobra protagonismo porque dice las cosas como son. Como si Darwin Desbocatti se tirara a presidente. Cosas más raras han pasado en la vida real, como el payaso Tiririca, legislador en Brasil (“peor de lo que está, no va a estar”, su eslogan). En el tercer acto, sin embargo, a Charlie Brooker se le va la moto. Los últimos momentos, con Waldo convertido en un Gran Hermano, son ridículos.

17) Playtest

Un turista que se queda sin plata y a quien le aburre atenderle el teléfono a su madre, acepta participar de la prueba de un videojuego de realidad virtual a cambio de dinero. El juego es cada vez más pesadillesco. Resulta ser un chiste de humor negro estirado hasta romperse. En formato sketch habría funcionado bárbaro.

16) Black Museum

Un capítulo meta-referencial, con elementos de cada episodio previo de la serie expuestos en el museo homónimo. Las tres historias-dentro-de-la-historia recuerdan a “White Christmas”, aunque el resultado acá es bastante más sádico. Y el humor a veces se va de las manos. La escena de una mujer gritándole a un mono de peluche y el mono que responde “mono te ama” arranca una carcajada que se siente fuera de lugar. El problema último de “Black Museum” es que lo malo de sus tecnologías es demasiado obvio de arranque. Le quita un poco de peso. Aunque el giro vengativo del final redime un poco.

15) Arkangel

Dirigido por Jodie Foster, “Arkangel” es Black Mirror naíf. La idea de la sobreprotección maternal llevada al límite es fértil; aquí condensada en una tecnología que se inserta en una niña para que su madre pueda monitorearla. Ve lo que ella ve en una tablet y hasta puede ponerle un filtro parental. La pregunta del segundo acto es más fértil todavía: ¿qué pasa cuando la niña se vuelve adolescente? ¿Cuántos padres querrían monitorear a sus hijos de 16 años? Las respuestas del guion y la dirección melodramática de Foster no son tan satisfactorias.

14) Crocodile

Una arquitecta famosa con un pasado oscuro hace cualquier cosa para mantenerlo en secreto. Una camioneta que reparte pizza sin conductor atropella a alguien. Una compañía de seguros tiene tecnología para ver las memorias de los testigos de un accidente y comprobar si tiene que pagar o no la póliza. Hay un hámster de por medio. El final lo hace o lo deshace. Si se lo piensa mucho, no tiene sentido. En el momento es de un humor cáustico.

13) USS Callister

Del largo de una película, “USS Callister” funciona por tres motivos. La actuación de Jesse Plemons; un tipo que, calladito, desde su rol clave en la quinta temporada de Breaking Bad hasta su protagónico en la segunda de Fargo se ha ido probando muy multifacético. La performance cómica de Cristin Milioti, la Madre de How I Met Your Mother, uno de los secretos mejor guardados de Hollywood. Y el hecho de que juega con un problema real (los nerds tóxicos, versión top de los barrabravas) sin tomarse demasiado en serio. Tiene en contra que el género es mucho más ficción que ciencia y las reglas del universo son medio difusas.

12) Nosedive

Era el estreno de la primera temporada de Black Mirror en Netflix. Es decir con el riesgo de asumir una sensibilidad yanqui, alejada del pesimismo oscuro tan british. “Nosedive” lleva esa etiqueta con orgullo: el guion lo co-escribieron la actriz Rashida Jones y uno de los tipos que adaptó The Office a Estados Unidos (el favorito de MOOG Mike Schur, creador de The Good Place). La estética en colores pastel es ultra americana. El tono es cómico a full, en lugar de espolvorear acidez aquí y allá. Y la estructura es demasiado notoria, de manual de guion. Algo raro tanto en Brooker como en Schur.

Pero la sátira de Instagram alrededor de la que gira la trama de “Nosedive” es más concienzuda de lo que parece. No solo porque existe ya una versión de esa red social endemoniada en la que la gente puede ponerse puntaje entre sí (se llama Peeple). Sino porque, como los mejores episodios de Black Mirror, y de la ciencia ficción en general, despierta preguntas sobre la actualidad. ¿O no son Instagram y Snapchat receptáculos para mostrar vidas perfectas? ¿Quién se muestra imperfecto, quién filma sus momentos tristes? La envidia y el egocentrismo son su combustible. Los likes, una forma de validación que pueden provocar más de un trauma. Las señales más evidentes de una cultura de sobre-compartir.

11) Hated in The Nation

Acá Brooker pone el ojo en el odio canalizado por las redes sociales. El hate. Particularmente el de Twitter. En vez de en los bullies o en los stalkers -perdón por tanto anglicismo-, el foco está en la peor forma de los “guerreros de justicia social”. Esos que arman campañas de linchamiento ante el error más mínimo. “Hated in The Nation” usa el hashtag -de nuevo, perdón- #MuerteA, viralizado para campañas de odio contra gente que en principio se lo merecería. Como un rapero que queda filmado burlándose de un fan joven. Hasta que los objetivos de las campañas van muriendo, y la Policía se involucra. Kelly McDonald está bárbara en un papel muy al borde del cliché.

Otra pata demasiado real: científicos están haciendo pruebas con pequeños drones para polinizar artificialmente. Como las abejas mecánicas de este episodio.

10) Metalhead

El único de estos 19 capítulos en blanco y negro, y el más breve: dura 41 minutos. Otro futuro post-apocalíptico, este tipo La carretera. La sociedad humana ha caído y no se explica por qué. Perros robóticos inteligentes y autónomos asesinan gente. No se dice de dónde vienen. Una mujer en una misión para conseguir algo, que no se revela hasta el final, escapa del avance imparable de uno de ellos. Nada más.

La dirección de David Slade es tremendamente tensa. Si la elección del blanco y negro se debió o no a que los efectos especiales de los perros no eran demasiado convincentes a color, importa poco. La tonalidad le calza justo a la historia más despojada de Black Mirror. Tiene algún que otro agujero -¿de dónde sacó la protagonista el número de serie de la caja que busca?-; lo compensa un guion económico, un actuación central intensa y una amenaza tipo Terminator. Que además tampoco está tan lejana: se inspiraron en los perros mecánicos de Boston Dynamics.

9) Fifteen Million Merits

Un trabajo temprano de Daniel Kaluuya, hoy famoso por la película ¡Huye!. Escrito por Brooker y su esposa Konnie Huq, es de los más ciencia ficción tradicional. La sociedad que presenta vive en cubículos individuales con paredes de pantallas televisivas. Pedalean a diario para generar energía y reciben a cambio “méritos”, que utilizan para comprar comida y programación para las pantallas antedichas. Uno de los más populares es un reality tipo X Factor; los ganadores pueden dejar de pedalear y en cambio vivir en casas más espaciosas.  Quince millones de méritos, el título del episodio, es el costo de la participación.

La gracia última de este episodio no está en lo creativo de su universo. Las paredes de pantallas recuerdan a Farenheit 451. La ropa gris grita “ciencia ficción”. Está en el giro final, aunque tampoco por las razones clásicas de la serie. No es muy shockeante, no te deja devastado. El discurso que da el protagonista, con Kaluuya a nivel montaje-de-mejores-actuaciones-en-los-Óscar, es casi una declaración de intenciones de Brooker. De Black Mirror. Una rebelión contra el sistema, que palabras más, palabras menos, se ajusta a la realidad. El giro es la velocidad con la que el sistema lo absorbe, lo empaqueta y lo revende. Nada que no se haya dicho antes de la sociedad occidental, no, pero vaya si no es un giro potente y sentido.

8) Hang The DJ

Una rareza en Black Mirror: el capítulo alegre. Es la única comedia de la temporada cuatro, y muestra que Brooker tiene un agarre más firme del género tras las dudas de “Nosedive”. Es además el único capítulo romántico-romántico del show.

Si antes se había metido con Instagram y Twitter, Brooker apunta acá hacia Tinder -una pizca de Siri para más picante-. Con una vuelta de tuerca: la app te elige la pareja, no vos a ella, y te determina el tiempo que durará la relación. Los actores Joe Cole y Georgina Campbell tienen una química natural automática; George Blagden (el Athelstan de Vikings), un rol breve que se roba los mejores chistes; la cosmovisión, por una vez, no es de distopía tecnológica. Aunque lo parezca durante mucho rato. Y aunque navegue en aguas conocidas para la serie: ya a esta altura es parte del juego el ir reconociendo pistas de que hay algo raro de fondo.

El final abre un montón de preguntas. Pero la satisfacción del episodio no recae del todo en el giro último. ¿Para qué quemarse la cabeza si está sonando “Panic” de The Smiths?

7) Be Right Back

Dos actorazos: Domhnall Gleeson (recientemente boludeado a más no poder en Star Wars: los últimos Jedi) y Haley Atwell (que destacó en el Universo Marvel como la Agente Carter y tuvo su propia serie). Una de las emociones más difíciles de la experiencia humana: la pena por la muerte de un ser querido. Dos preguntas: ¿es irrespetuoso borrar el contacto de un muerto del celular? ¿Y qué si las personas que ves en la timeline de Twitter han muerto y un software está emulando sus pensamientos? 

La historia es la de la muerte de Ash en un accidente de tránsito, y cómo su novia Martha, deprimida, acepta que una nueva aplicación lo “reviva” digitalmente. Revisa su historial de mensajes y comienza escribiéndole como si fuera él; luego revisa videos para duplicar su voz. Martha se obsesiona, no se conforma, y da un paso más. El servicio le ofrece un cuerpo sintético que adopta la forma de Ash al revisar su historial de fotos online. La revista británica Empire rankeó el encuentro entre Martha y el androide Ash como uno de los mejores de la ciencia ficción de todos los tiempos.

Fue la apertura de la segunda temporada, y anticipó un camino más humano que no llegaría hasta que Netflix compró el show. El resto de la temporada incluyó a “The Waldo Moment” y al próximo en la lista, que poco tienen de esa humanidad. “Be Right Back”, “ya vuelvo”, es tan fuerte porque se siente real de una forma alarmante; no porque sea una sátira llevada al límite, sino porque nada en el océano más oscuro de las emociones, en el que cosas más locas han visto la luz. Por ejemplo, “Luka”, un bot de mensajería inspirado por este episodio. En Luka, una chica quiso celebrar la memoria de su mejor amigo muerto y lo trajo a la “vida” alimentando de mensajes a una red neuronal artificial y… ya ves por dónde viene la mano.

6) White Bear

La coronación de Black Mirror como una serie perturbadora. El truco de “White Bear” lo repitieron en la tercera temporada tres años más tarde en “Shut Up And Dance”, y un poco también en “Black Museum”. Funciona porque es una movida atroz de parte del creador. Hacerte empatizar con un protagonista por una hora antes de revelarte que es una persona horrible.

Puntos para la protagonista Leonora Circhlow y para Tuppence Middleton (que después actuó en Sense 8) por vender la trama. “White Bear” está espolvoreado de detalles que a uno lo van poniendo nervioso; encima del suspenso que da ya la suerte de apocalipsis tecno-zombi en el que transcurre. Detalles que indican que hay algo raro, piezas que no encajan, actuaciones por debajo del estándar alto de la serie, casualidades. Cuando todas las piezas caen en su lugar, uno no puede poco menos que aplaudir. Más cuando subyace una crítica a la obsesión mediática con los homicidios.

Brooker jura que el final no tenía ese giro y que se le ocurrió llegando a la locación. Mmmm. Dudas. Está por debajo de “Shut Up And Dance” en la lista porque Brooker estira demasiado el giro cruel y acaba siendo difícil de mirar.

5) The Entire History of You

El más frecuentemente citado como mejor episodio de la serie, echado hacia atrás en la lista casi que por capricho. Es el único no escrito o co-escrito por Brooker -está acreditado al guionista británico Jesse Armstrong, creador de Fresh Meat-, y lo protagonizan dos actores rumbo al estrellato: Toby Kebbel, que últimamente anda por todos lados, y Jodie Whittaker, que a fin de año asumió el rol de la decimotercera Dr. Who (la primera mujer en el legendario papel). A pesar de toda la intro, su trama es de las más básicas: una trama de celos. Con el agregado de un aparatito que filma todo lo que uno ve y luego permite proyectar las memorias en una pantalla.

“The Entire History of You” fue el primero en llevar la concepción negra del mundo de Black Mirror a las relaciones humanas. Su éxito se vale de que, sin llegar a un inserto intracraneal, la tecnología ya posibilita una obsesión celosa como esta.

Fue el primero en presentar otro tema favorito de Brooker: que las memorias deben permanecer como tales. Y la tecnología aquí presentada sentó las bases de episodios futuros como “Arkangel” o la elección siguiente:

4) White Christmas

El especial de Navidad. Una condición que en la previa echa para atrás, pero esto es Black Mirror. Brilla primero un elenco impactante liderado por el mismísimo Don Draper, Jon Hamm; con Rafe Spall (el novelista de La vida de Pi), Oona Chaplin (Talisa, la mujer de Robb Stark, en Game of Thrones) y Natalia Tena (Tonks en la saga de Harry Potter, la salvaje Osha en Game of Thrones). Más todavía brilla la trama, constituida por tres episodios y, por supuesto, un giro final. En este caso, un giro doble.

Hamm y Spall están atrapados por una tormenta de nieve dentro de una cabaña de madera. Hamm comienza a contarle historias de su trabajo con dos tecnologías: una que filma todo lo que uno ve y permite a otros verlo en vivo por la web, y otra llamada “cookie”. En estas “galletas”, pequeños huevos tech, uno puede insertar una copia artificial de su propia mente para que opere como una Siri o Alexa que conozca íntegramente gustos e intereses. El trabajo de Hamm era, cuenta, forzar a esas copias a cooperar. Cuando recién despiertan dentro de la galleta, creen que son prisioneras. Uno de los mecanismos de Hamm es acelerarles el tiempo mientras él espera afuera unos segundos. Seis meses en solitario en la nada, la copia mental acepta su suerte.

El cierre es cruel, aunque no tanto como “White Bear” porque el ancla verdadera es Hamm y no Spall; uno ya sabe que Hamm es más anti-héroe que héroe. De todas formas: oh, por Dios, la crueldad. La teoría de que el villano Rolo de “Black Museum” es una auto parodia de Brooker cobra sentido al recordar cosas como esta. Como sea, la forma en que “White Christmas” va develando sus intenciones denota una mano experta al volante.

3) Shut Up And Dance

El más devastador de una serie que ha hecho escuela de ello. Causante de que innumerables personas hayan tapado la cámara web de sus laptops. El adolescente Kenny (Alex Lawther, de The End of the Fucking World) descarga sin darse cuenta un malware, luego se masturba y al rato recibe un mail: debe cooperar con una banda criminal si no quiere que su video vea la luz.

Lawther y Jerome Flynn (Bronn en Game of Thrones), en el papel de otro extorsionado, impulsan la tensión hasta que es insostenible. Entonces entra “Exit Music (For a Film)” de Radiohead, y todo se viene abajo. Si se busca el video de ese tema, se verá que decenas de comentarios hacen referencia a este episodio.

Se lo ha acusado de malvado y desagradable, dos etiquetas que se merece plenamente. Como descrita por MOOG en la crítica de la tercera temporada, es “una patada en el estómago que demora horas en irse”. Si bien la estructura es la misma que la de “White Bear”, su falta de tecnologías futurísticas y utilización de los muy reales seudo justicieros de la web, lo hacen más bajado a tierra. “Shut Up And Dance” disfruta de lastimarte. Es lo más Black Mirror que puede haber.

2) San Junipero

Un episodio excelente, pero no representativo de la serie. Por eso no se lleva el primer puesto. “San Junipero” es una historia de amor entre dos mujeres, con melancolía, vejez y dudas sobre el más allá como combustible. Su tecnología es de las más inspiradas: una realidad virtual a la que conectar a los ancianos, donde pueden volver a la juventud.

Está estructurado con una claridad de manual, en tres actos de 20 minutos bien diferenciados; sin embargo, no se siente mecánico. Cada segmento tiene sus particularidades, sus preguntas, su suspenso, su maravilla -el momento en que la pelirroja empieza a saltar de una época a la otra-. Y dos actrices desconocidas al más alto nivel que exige Black Mirror: Mackenzie Davis y Gugu Mbatha-Raw.

El epílogo con “Heaven Is a Place On Earth” es de esos que te dejan llorando y sonriendo a la vez.

1) The National Anthem

Una princesa es secuestrada, el video con el pedido de rescate es colgado en YouTube. El primer ministro debe tener sexo con un chancho en televisión para liberarla. El Gobierno obliga a los medios a no reportar la noticia; explota en Twitter, no tienen cómo parar la bola de nieve. Humor negro como para repartir, un final dramático. El debut sigue siendo el mejor.

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