U2 sufre sobredosis de informativo en su “Songs of Experience”

La banda de Bono y The Edge trata de sonar actual tanto en sus letras como en su música, pero acaba por sonar demasiado normal

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

Puntaje: 6.5

Al escribir de Songs of Innocence, el disco de U2 de 2014, en MOOG decíamos que se podía imaginar a Bono “sentado de noche tachando frases en una libreta y diciendo: ‘No, no, esto no es lo suficientemente trascendente‘”. Eso deja de ser una suposición para graduarse como realidad en Songs of Experience, el nuevo álbum de los irlandeses: se sabe que el grupo puso pausa a la salida del disco al ver el panorama político internacional de 2016 y que decidió retocar las letras para reforzar el comentario y la crítica. Esa determinación consciente no se siente orgánica y le juega en contra al Songs of Experience y a U2 en sí, otro golpe a la reputación de una banda que quiere desesperadamente ser la más grande del mundo sin vivir a costa de su éxito pasado.

Un paso atrás. La crítica de este álbum requiere algo de contexto. U2 fue desde sus comienzos una banda política. Grabada en la historia de la música está su performance de “Sunday Bloody Sunday” en el DVD de Under a Blood Red Sky: de por sí una canción política, relativa al conflicto en Irlanda del Norte, la banda la llevó a otro nivel en el concierto con Bono flameando una bandera blanca y gritando “¡no más!”. También U2 era una banda innovadora, principalmente gracias a The Edge y su afán por hacer sonar su guitarra como cualquier cosa menos como una guitarra. El resto de los integrantes seguían a Edge en su campaña y así nacieron discos como el Achtung Baby o el Pop. Músicos enraizados en el mainstream que rompían esquemas. Hasta el 2000.

En ese año fue que U2 editó All That You Can’t Leave Behind, una obra que se alejó de la innovación y apostó por la épica rockera con alma pop. Nadie hace como ellos el rock de estadios, y ellos nunca lo habían plasmado con tal colección de joyas relucientes. “Beautiful Day”, “Elevation”, “Stuck In a Moment”, “Walk On”… Le siguió en 2004 el contundente How To Dismantle an Atomic Bomb, el de “Vertigo”, que continuó la misma senda. Lo que perdieron en política en su música lo ganaron en su entorno, con Bono convertido en embajador de toda causa que pudiera tomar en sus manos. Pero cuando publicaron el No Line On The Horizon en 2009, lo más llamativo fue su gira 360 y su escenario monumental, tan groseramente enorme que se decía que no viajarían a Buenos Aires porque terminaban perdiendo plata con el transporte (al final tocaron en el Estadio Único de La Plata en 2011).

El disco en sí pasó más bien desapercibido; Bono reconoció que las ventas lo habían decepcionado y el baterista Larry Mullen Jr. sintió un baldazo de agua fría: la recepción lo hizo sentir que no eran tan buenos como creían. Se trata de un disco inconsistente, poco comercial; seguro esa era la causa detrás del escaso éxito. Para U2 fue una alarma. Aquí empiezan a gestarse los problemas del Songs of Experience.

En el pasado, cada vez que U2 había coqueteado con resbalarse de la cima, había pegado un volantazo y se había reinventado. Esta vez buscaron un giro logístico y no artístico. La ansiedad por mantenerse relevantes, una suerte de crisis de mediana edad del rock, los llevó a asociarse con Apple y publicar su decimotercer disco, Songs of Innocence, a través de iTunes. Los usuarios de la compañía de la manzana se despertaron un día con lo nuevo de U2 instalado en sus dispositivos, lo quisieran o no. Y muchos no lo querían. Para peor, eliminarlo resultó ser muy complicado y la movida pasó de fracaso marketinero a burla generalizada. Bono terminó el 2014 con un accidente de bici que casi lo mata y U2 puso el freno.

El Songs of Innocence seguía una línea temática vinculada con la juventud de Bono, como su descubrimiento de los Ramones y la relación con su esposa de toda la vida, Ali. Se suponía que ya tenían la secuela casi completa, un álbum que mostraría una visión más adulta, más experiente, de la vida y del amor. Pero el accidente de Bono primero los dirigió hacia una letrística más oscura y luego la decisión de sumar más productores creativos los enredó y demoró. Para cuando anunciaron que volvían a pausar el Songs of Experience para incorporar la crisis de los refugiados en el Mediterráneo, la radicalización del Brexit y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, la preocupación volvió a sobrevolar el disco. ¿Otra vez U2 buscaba manufacturar la trascendencia? ¿Otra vez no los dejaba dormir la necesidad de ser relevantes, de ser los más grandes?

La respuesta es sí. El interés por comentar la actualidad se siente metido con fórceps en un paréntesis que se roba todo el medio del disco. Una canción como “Get Out Of Your Own Way” viene por un lado más romántico y de pronto da un giro y pasa a hablar de la esclavitud; hasta se saca de la galera una referencia a Lincoln. Incluye unos versos de Kendrick Lamar que tampoco se entienden mucho y suenan demasiado solemnes: “Benditos sean los asquerosamente ricos/Pues solo eres verdaderamente dueño de lo que puedes regalar/Como tu dolor”. Otro tema como “Summer of Love” funciona mejor porque la temática está más de fondo. Sin embargo, Bono peca de obviedad nuevamente al nombrar “los escombros de Alepo”. Y el arreglo de cuerdas del final recuerda a la sobreproducción del Let It Be. Esta canción, como todo el disco, necesita que lo lijen y le den una descarga eléctrica.

A veces no solo se siente forzado sino que da vergüenza ajena. En “Red Flag Day”, Bono canta: “Tantos perdidos en el mar anoche/Una palabra que el mar no puede decir/Es no”. Aparte Bono grita ese “no” y queda aun peor. Y la mayor pecadora es “American Soul”, cuyo aliciente único es un estribillo pegadizo (“¡Vos sos! ¡Rock and roll!”)… levantado de la canción más destacada del disco previo, “Volcano”. Supuestamente hablando del alma yanqui, cosa ya de por sí rara para un grupo de irlandeses, Bono tropieza con versos como: “Serás nuestro santuario/Refu-Jesús”. ¡Refu-Jesús! Con tantas manos en el plato, ¿a nadie se le ocurrió decirle que queda auto-paródico?

Ojo, no es un disco terrible. Se agradece que la banda pretenda seguir en movimiento. Más cuando aprovecharon el parate en la composición y grabación del álbum para hacer una gira aniversario de su clásico The Joshua Tree. U2 busca actualizarse en el Songs of Experience y para ello recurre a productores como Ryan Tedder, líder de OneRepublic. Juntos prueban con recursos como el autotune en la canción que abre el disco, “Love Is All We Have Left”, o con los estribillos con decenas de voces multiplicadas. La cuestión es que esta búsqueda por sonar actuales los hace no sonar a U2 y en cambio asimilarse a los grupos que pueblan las listas Top 100 como Imagine Dragons. Se nota especialmente en “The Showman (Little More Better)”: el diferencial sonoro más fuerte de U2, sus guitarras, no se oye por ningún lado, ya hundido en la mezcla como acá o cambiando los reverbs y los efectos por violas más “normales”. Y con melodías tan poco inspiradas como esa…

El disco que Songs of Experience podría haber sido si U2 hubiera apagado el informativo el año pasado, o si el Innocence no se hubiera publicado en iTunes, se entrevé en un puñado de temas que sobrevivirán los años. En una década, cuando se mire atrás y se estudie la obra completa de la banda, lo de “refu-Jesús” quedará como un chiste al margen y en cambio se hablará de “You’re The Best Thing About Me”, que si bien sufre un poco de la producción demasiado prístina, se beneficia del subtexto de melancolía que le imprime Bono: “Sos lo mejor de mí/Las mejores cosas son fáciles de romper”. O se hablará de “Lights of Home”, co-escrito con las hermanas HAIM, que permite a The Edge poner sus seis cuerdas en primer plano y revivir la potencia del All That You Can’t Leave Behind.

Cuando al Songs of Experience se le da espacio para ponerse personal y no forzadamente universal es cuando todo encaja. “The Little Things That Give You Away” tiene una pizca de humor auto-referencial en la “bocota siempre metida en el medio” de Bono, y la dimensión extra que le da la firma, acá sí, de The Edge, la hace verdaderamente poderosa. “Landlady” es un tema de amor sincero sin grandes mensajes sobre el amor, con lo cual transmite un gran mensaje implícito, como debería ser. Y “13 (There Is A Light)” busca la intertextualidad con el disco anterior de una forma más orgánica que “American Soul”: ahí donde “13” habla de los hijos de Bono, “Song For Someone”, de la que toma prestado, hablaba de su mujer. Eso de distintas visiones del amor desde distintas perspectivas etarias.

Songs of Experience cierra una dupla complicada para U2 y los encuentra necesitados de tranquilizarse. Deben entender que no importa si pierden relevancia y pasan a hacer música desde otro ángulo. Es lo que ha sucedido siempre, más en este mundo hiperconectado que los necesita más como dioses del rock que como sus motores.

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