Un tango con el dragón: China como oportunidad

El emprendedor y consultor de negocios uruguayo publicó un libro sobre su experiencia trabajando en el país asiático, una ventana a un enigma milenario

Por Gastón González Napoli

Hace unos cinco años, en clase de Historia del siglo XX, el profesor invitó a un colega para que profundizara sobre el proceso de apertura de la China post-Mao. Quien escribe jamás había oído hablar de Deng Xiaoping, a quien este joven experto pintaba -correctamente- como crucial. “¿Cómo puede ser que nunca nos hayan hablado de él?”, preguntó una compañera. El joven, Nicolás Santo, se encogió de hombros, serio. Él se debía de preguntar lo mismo.

Ese vacío de conocimiento en la enseñanza media sobre el gigante asiático deberá cambiar pronto, si no ha cambiado ya. En el lustro que transcurrió desde aquella clase, la hegemonía estadounidense está en cuestión y China se erigió en un socio de cabecera para Uruguay, en un puntal orwelliano de la innovación tecnológica y en un defensor incongruente del libre comercio con espíritu comunista. No era tan líder planetaria desde la época imperial.

Nicolás Santo, mientras, fue funcionario del Gobierno de la ciudad de Foshan -parte de un equipo de extranjeros muy atípico que llamó la atención de medios internacionales- y se convirtió en uno de los emprendedores amparados por el imparable crecimiento del país. En el lapso, ya no fue solo un conocedor de la historia china sino un tipo muy consciente de que en Uruguay y todo el continente se sabía poco del presente de su nación adoptiva. Y de los riesgos que esa ignorancia conllevaba.

El resultado de su experiencia es Un tango con el dragón, editado recientemente por Aguilar, un libro que mira muy de reojo el pasado chino y se enfoca en las oportunidades que el país presenta hoy. De cultura tiene poco. No es una crónica de viaje ni tiene interés particular por la gente de a pie; la perspectiva de Santo es macro y es fría. Pero su decisión de incorporarse a sí mismo a la relación actúa de ventana y ancla para un relato que podría de otra manera parecer demasiado foráneo.

Un tango con el dragón da un pantallazo interno de los manejos políticos para desmitificar al enigma que es el Partido Comunista chino. Explica cómo funcionan empresas descomunales como Alibaba y Tencent -dueña de WeChat, una aplicación reducida a la etiqueta de “WhatsApp chino” aunque es bastante más- y otras más “pequeñas” que quizá pronto sean tan cotidianas como Microsoft, Amazon y Apple. Con datos concretos, propuestas como la nueva Ruta de la Seda, da una idea cierta de por qué se viene China. Hasta analiza qué posibilidades hay de un choque frontal con Estados Unidos y baja los humos por la interdependencia económica que ambas superpotencias comparten. Entre medio, Santo incluye historias personales que aportan color y facilitan la lectura, como la visita oficial del presidente Tabaré Vázquez de la que él participó y la anécdota de cómo se animó a pedirle una selfie nada menos que a Xi Jinping.

Santo comete más de un pecado: pareciera creer que una mayoría de sus lectores tiene la capacidad económica y logística de invertir en China; resbala, más que nada al principio, en el auto-bombo (el repaso de su experiencia en Harvard podría haberse condensado); abusa de los puntos suspensivos. Su mirada es acrítica: barre bajo la alfombra las prácticas anti democráticas del Partido Comunista chino y demuestra enorme admiración por Xi, un hombre que ha acumulado poder de forma preocupante y megalómana. Tal vez, como tuiteó la matemática argentino-uruguaya Jana Rodríguez Hertz, radicada en Shenzhen, sea que los extranjeros viven en una “burbuja privilegiada”. O tal vez Santo le dé más importancia a las ventajas económicas que al temita de la censura gubernamental.

Pero Un tango con el dragón no es abarcador de la realidad completa china y el autor no lo disfraza; en el foco reducido está su éxito. No pretende ser una guía para comprender cabalmente a China -dicen que para eso hay que leer al criminal de guerra Henry Kissinger-. Pretende abrir los ojos y señalar que sopla un viento fuerte desde oriente. Pretende evitar que agarre a Latinoamérica desprevenida. Por todos sus datos, información y análisis, Santo pretende acercar personas y pensamientos disímiles, y se pone a sí mismo como ejemplo de que no es tan difícil.

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