Una para Halloween: Crudo (Raw)

El año pasado recomendamos la australiana The Loved Ones, ahora un delirio francés de horror corporal
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Captura de pantalla de Crudo
Se dice que cuando la francesa Crudo (título original: Grave) se estrenó en el Festival de Cine de Toronto en 2016, hubo gente que se desmayó y precisó atención médica. Si fue una jugada de marketing, salió mal: a la directora no le gustó nada el efecto bola de nieve que se generó en cuanto a lo súper fuerte que supuestamente era el filme. Pero tampoco se puede afirmar con seguridad que haya sido un truco publicitario, porque Crudo es realmente una película inmunda. ¿Te dan un asco terrible las enfermedades de la piel, como a quien escribe estas líneas? Hay algo para que te tapes los ojos. ¿Te dan impresión los mataderos, los animales muertos? Transcurre en una facultad de Veterinaria, así que imaginate. ¿Y el canibalismo, la sangre chorreando por las comisuras de los labios? ¿Te impresiona? ¿Te da asco? ¿Te da miedo? Meté esos ingredientes en una olla y agregá una historia de madurez con una chica que descubre su sexualidad, presentada sin vueltas ni maquillaje, revolvé un poco y va a llegar un punto en que tu cerebro no termina de procesar si lo que estás viendo es sensual y excitante o si es repugnante y nauseabundo.
Crudo no provoca miedo en el sentido clásico, por lo que no es del todo una película de terror, pero ¿en qué otra categoría se la encaja? Es body horror, horror corporal, del que conviene no mirar durante el almuerzo (como hizo, una vez más, quien escribe estas líneas). Es una experiencia de lo más bizarra, retorcida y magnética. Y enteramente producto de la mente de la directora-guionista parisina Julia Ducournau en su debut de largometraje. Een 2011 había recibido una distinción en Cannes por su corto Junior.
El género terror ha sido siempre dominado por personajes mujeres, las final girls que sobreviven la matanza y quedan en pie últimas para enfrentarse con el villano; sin embargo, no tantas veces se ha permitido una visión femenina detrás de cámara ni en el papel. La realización de Crudo es de primera, inquietante, adulta y descarnada, le brinda a la Veterinaria una pátina sangrienta desprovista de glamour. La música es inmersiva sin irse de mambo, camina exitosamente la misma cuerda floja entre sensualidad y trastorno. La dirección de arte, aun siendo despojada y realista, halla huecos en los que innovar y pintar imágenes indelebles.
Pero donde Crudo brilla y se distingue es en el guion, donde la importancia de la mano femenina de Ducournau más se luce. La chica nerd Justine (Garance Marillier) ha sido vegetariana toda su vida, por impulso de sus padres, hasta que come carne cruda durante las ceremonias de iniciación que las generaciones previas de la facultad obligan a los novatos a atravesar. Y le gusta. Demasiado. Hasta que prueba la carne humana… A la misma vez que en ella despierta una sed de sangre fresca, Justine está descubriendo el sexo. Y su hermana está allí para pelearla, prestarle ropa, darle consejos, ayudarla a depilarse y demás: en el fondo, es una película sobre una hermana mayor que acompaña a la menor en su introducción a la madurez.
Marillier, que tenía 17 años en el rodaje, no precisa de los cambios de look tipo los de Olivia Newton-John en Grease o Brittany Murphy en Ni idea (Clueless) para encarnar el crecimiento de su personaje: está todo en la intensidad salvaje, cruda (valga la redundancia) de su mirada, en su lenguaje corporal y en la manera en que su sonrisa pierde los rastros de inocencia. Su hermana es interpretada por Ella Rumpf con idéntica visceralidad y valentía. Lo que te quedan son ellas y no el asco ni la impresión ni el miedo.
Julia Ducournau la tiene muy clara, tanto en la técnica como en la temática. Partió de la idea de forzar a los espectadores a empatizar con alguien que hace algo monstruoso; luego desarrolló su visión del canibalismo como parte de la experiencia humana y como uno de sus tres tabúes máximos, junto con el asesinato y el incesto. Es hija de médicos y le obsesiona el horror corporal, desde una perspectiva honesta y no sanguinaria, y eso queda patente en su trabajo. Ojo, no le interesa ser vista como una mujer que hace películas de mujeres: “¿Por qué nadie dice que Scorsese con Leonardo DiCaprio hacen películas de hombres para hombres? ¡Por supuesto que mujeres también van a verlas!”, le dijo al diario inglés The Guardian. “Es terrible. Esto es exactamente lo que quiero evitar con mi película. Venden lapiceras rosadas para mujeres, como si tuvieras que tener mano de mujer para escribir con ella. ¿Qué es eso? Realmente no quiero que la gente haga eso con mi película”. Tiene solo 33 años. Francia tiene una luz entre manos. Y tiene otra en Garance Marillier.
Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

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