Valentín Trujillo: “Al país le falta animarse a salir de la siesta”

El año pasado fue estelar para Valentín Trujillo. Editó Real de Azúa: una biografía intelectual y la novela ¡Cómanse la ropa!, y fue elegido entre los mejores escritores menores de 40 del continente por el Hay Festival de Bogotá. Más que suficiente para incluirlo en el Especial de Fin de Año Atrasado. En una entrevista por mail, MOOG charló con él sobre sus dos libros y los que se vienen

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

¿Trabajaste Real de Azúa y ¡Cómanse la ropa! a la misma vez?

No. Estuve cuatro años escribiendo la novela y la terminé en enero de 2015. En marzo de ese año arranqué con la bio de Real de Azúa, y le puse punto final en mayo de 2017.

Hablando de ¡Cómanse la ropa!: el verdadero Brandsen murió en Ituzaingó, luchando por la independencia de la Banda Orienta del Brasil. ¿Por qué decidiste terminar su historia antes de que se cruzara con la de Uruguay?

Es la primera novela. Falta contar la segunda parte…

¿Qué te atrajo de la Segunda Campaña de Intermedios? ¿Y de Brandsen en particular?

Cuando me enteré de lo que habían pasado estos tipos, de los mil infortunios que debieron atravesar, en medio de una naturaleza absolutamente ingobernable, me dije: qué pedazo de historia casi desconocida, diez mejor que la serie berreta Juego de Tronos, tenemos aquí al alcance de la mano. El personaje  de Brandsen, con sus múltiples guerras mezcladas, es al mismo tiempo un héroe trágico y un europeo, transplantado, que se enfrenta a todo lo que desconoce  de América… como nosotros.

Has hablado de que la épica es un área con mucho para explorar en nuestra literatura. ¿Es una senda en la que te gustaría seguir incursionando?

Sí, el Uruguay parece que le tiene miedo a lo grande, a lo osado, a la desmesura de las acciones monumentales. Tira “naturalmente” hacia la medianía, y tiende a burlarse de lo heroico, además de que desconoce buena parte de la historia de su país. En la literatura nacional hay ilustres excepciones a esto, por supuesto, pero entre la gente de mi generación es una rareza una novela histórica y épica.

Creo que el proceso independentista está muy subvalorado en esos términos de épica y de historias para contar más allá de las clases. No sé si es que se enseña mal, porque tuve excelentes profesores de Historia, pero por algo miramos una y mil películas de la Segunda Guerra Mundial y nos genera dudas algo que ponga el foco en nuestro pasado.

Bueno, al Uruguay le hace falta mucho cine histórico. Nos deleitamos con los westerns pero ignoramos las anécdotas, leyendas y demás relatos míticos que existieron acá en los siglos XVIII y XIX. Es una fea mezcla de ignorancia y soberbia , de pensar: “¿A mí qué me puede aportar el siglo XIX?”.

El protagonista de ¡Cómanse la ropa! tiene una confusión entre mental y real de períodos de tiempo, sobre todo de guerras en las que está combatiendo. Mezcladas siguiendo esa frase de la contratapa del libro de que “cualquier guerra es todas las guerras”. Que la novela sea una épica trágica, ¿tiene ribetes de anti belicismo?

No, para nada. No pretende ser una novela que plantea un discurso político al respecto. La frase posee un sentido más filosófico, más abstracto.  La novela intenta contar algunos de la forma más cercana a como sucedieron, y otros con enormes licencias poéticas.

Usás reiteradas veces la imagen del caballo en un montón de contextos diferentes. Es salvación, es alimento, es compañero de guerra, y trae aparejado a ese niño innominado que cuida de los animales y vive entre ellos; un personaje muy menor de la novela y sin embargo fundamental. ¿Buscaste darle una pátina de simbolismo al caballo?

El caballo funge como hilo conductor, como nexo narrativo entre los episodios de la novela. Es todo eso que decís y además era la herramienta de trabajo, la compañía en la soledad, por momentos la única presencia viva en paisajes que parecen de otras galaxias…

¿Qué dirías que estás contando sobre Latinoamérica en ¡Cómanse la ropa!? Encontré muy simbólica la lucha equivocada dentro de un mismo bando que se da hacia el final. También el hecho de que comience con un desembarco.

Hay algunas postulaciones sobre lo que fuimos y somos como continente. Tenemos una historia común, que fue mucho más explícita hace 200 años que ahora. Ante todo, las guerras de independencia y los partos de nuestras repúblicas fueron procesos totalmente caóticos y conflictivos, polémicos,  difíciles de asir desde el presente. Además, a lo largo del tiempo la historiografía y algunos ensayistas políticos fueron deformando las ideas y creando mitos que resultan ser bastante alejados de lo que pasó. De ese ángulo, de alguna forma también creo que mi ficción es revisionista.

Yendo a Real de Azúa, me pasó que algunos pasajes, relativos sobre todo al Uruguay neobatllista, me preocuparon tremendamente porque muchos de los juicios de Real pueden aplicarse tal cual al país de hoy. ¿Te generó esa sensación preocupante a ti también? ¿Eso de que la historia se repite?

Sí, sobre todo la lectura de El impulso y su freno. Nos interroga sobre el presente, en un país que en muchos sentidos cambia poco y mal. No sé si es que la historia se repite o si en el fondo las circunstancias siguen siendo más o menos las mismas. La tesis central está intacta: al país le falta animarse a salir de la siesta.

¿Cómo valorás a la Generación del 45? ¿Requiere una revisión? Hace poco hablaba con Ignacio Alcuri, en otra entrevista, que su peso fue tal que los autores obnubilaron a generaciones sucesivas y recién cobraron fuerza escritores nuevos cuando esas grandes luminarias se empezaron a morir.

Fue una generación que marcó al Uruguay, para bien y para mal. Tuvo autores formidables y otros muy dañinos. Elevó el grado de argumentación y de solidez en las discusiones y fue muy influyente a nivel social. Por otro lado, creo que en sus terribles críticas no supo valorar la excepción que representaba Uruguay en el contexto mundial. Fueron muy corrosivos, a veces con razón y otras veces destruyendo lo que se les cruzaba por el camino. De todos modos, considero que, incluso en el intento de guillotinarla, hay que conocerla, leerla, estudiarla, acercarse con respeto. En la década de 90 hubo algunos intelectuales que le tiraron piedras a los del 45 y que escribían muy mal, habían leído poco y no tenían espalda para criticar con peso.

¿Por qué elegiste la palabra “intelectual” para el título? ¿Por el costado ensayístico más solapado que tiene la biografía?

Sí. Se centra sobre todo en la obra. Y la obra es el centro de su rol como intelectual.

Si te dijera ahora que elijas a otra figura nacional para escribir su biografía, ¿quién te atraería? ¿Por qué?

Francisco Acuña de Figueroa. Por su vida, sus múltiples trabajos, su cintura para estar siempre bien con el poder y caer parado, pero más que nada por su obra, absolutamente inclasificable.

No solo repasás la vida de Real sino que aportás contexto y hablás de la historia política del país en ese momento, e incluso agregás apuntes de color sobre la sociedad. ¿Te pareció necesario para que se entendiera la vida de Real y su ideología tan cambiante?

Sin dudas. Una vida un es un hecho aislado, sino que interactúa con sus épocas, sus contextos, etc.

Al escribir de él, también estás escribiendo de la historia nacional. Períodos de los que se conoce quizá más la épica, como Baltasar Brum al pensar en la dictadura de Terra, y no el día a día. Me pareció brutal, por ejemplo, la existencia tan frondosa de falangistas en la Montevideo de los años 30. ¿Descubriste también aspectos de la historia del país y de la capital que desconocías?

No que desconocía, pero sí que llaman mucho la atención hoy, como la gran clase intelctual que en los 50 se plegó al proyecto político y social de Benito Nardone. Salvo un libro de Raúl Jacob, está muy poco estudiada esa época.

¿Qué fue lo que te llevó más trabajo investigar?

La vida íntima de Real. El día a día, la minucia de la existencia un dìa cualquiera.

Ya no estás trabajando como periodista fijo. ¿Vas a dedicarte más a escribir libros? ¿Estás trabajando ya en alguno?

Estoy escribiendo una novela ambientada en la década del 60. Se publicará a fines de este año.

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