Por qué hay que ver: Parks and Recreation

Una sitcom optimista, feliz. absurda, satírica, tierna, inventiva: pocas cosas le faltan a Parks and Recreation

Leslie Knope (Amy Poehler) y Ron Swanson (Nick Offerman). Foto: NBC

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

2018 es un año ideal para volver a ver Parks and Recreation, o arrancarla por primera vez. No porque sea una sitcom con capítulos de 22 minutos y la locura de estos tiempos no dé para prestarle más atención que esa a nada. No. O también. Pero primero, porque es una serie con una visión sincera y optimista de la política. Nada de House of CardsParks and Recreation cree en el servicio público como fundamento de la democracia. Aunque el pueblo sea ridículo y no aprecie nada de lo que hacés. La sátira de la serie viene por ese lado, no por el lado de los propios políticos.

Se sitúa en la ciudad ficticia de Pawnee, en el estado de Indiana. Es decir, se sitúa en el medio de la nada. No es impedimento para Leslie Knope, la protagonista súper energética y perfeccionista obsesiva que encarna Amy Poehler. Para Leslie, el tamaño de Pawnee no significa que deba ponerle menos empeño a su trabajo en el departamento de Parques y Recreación, del que es la segunda al mando. Su jefe, Ron Swanson, no tiene la misma opinión. Ron es el colmo de lo masculino -no por eso machista en el senido tradicional- y es un libertario radical; detesta el gobierno, trabaja en él para socavarlo desde dentro con ineficiencia. Aun así, Ron y Leslie son grandes amigos (o conocidos del trabajo, diría él). Porque además de la pequeña política, Parks and Recreation es una serie sobre la amistad laboral.

Sus creadores son Greg Daniels y Michael Schur, pareja que venía de adaptar la The Office británica al mercado estadounidense. De The Office mantuvieron el formato falso documental. No así la burla a la oficina. La primera temporada sí cayó en ese error, en hacer a Leslie Knope parecida al jefe Michael Scott que personificaba Steve Carell. Por suerte esa primera temporada tiene solamente seis episodios, porque Leslie se hace insoportable. La vuelta se la encontraron al humanizarla a ella y exagerar a la ciudad de Pawnee. Construyeron una base de personajes terciarios insólitos que rivaliza con la de Los Simpson. Dentro de la oficina del Departamento de Parques y Recreación, la comedia se buscó en las buenas relaciones entre los protagonistas. No en la burla y el humor ácido. Podrían ser personas reales. Excepto por las burlas a Jerry. Pobre Jerry.

En esa oficina el elenco comenzó compuesto por desconocidos, y hoy es una plantilla estelar. Ron Swanson fue la plataforma de lanzamiento para Nick Offerman, que se lució en la segunda temporada de Fargo. Aubrey Plaza no era nadie, hoy es de las actrices cómicas más demandadas; su April es una obra de arte, un personaje que casi no gesticula y aun así transmite muchísimo. Aziz Ansari tiene el papel de su carrera como Tom Haverford -sí, después fue e hizo Master of None, pero no cuenta porque más o menos hace de él mismo-. Rob Lowe merece mucha más fama de la que tiene por su Chris Traeger, un personaje que lleva el positivismo y la expresión “literalmente” a límites inexplorados. Rashida Jones y Adam Scott, dos actorazos cómicos, juegan acá un rol más calmo, de contrapeso, e igual se llevan su buena cantidad de carcajadas.

Hablando del elenco uno de los placeres de mirarla hoy es ver el ascenso de Chris Pratt. Al frente de franquicias inmensas como los Guardianes de la Galaxia Mundo Jurásico, Pratt está hoy en el podio de los pesos pesados de Hollywood. Pero en la primera temporada de Parks and Recreation tiene un rol secundario. Los creadores lo agarraron en el aire y lo elevaron de categoría, por suerte, porque es un show. Como prueban los compilados de sus detrás de escena. Y se ve en tiempo real su transformación de gordito a galán.

Parks and Recreation es feliz hasta el punto del absurdo. Heartwarming, le dicen en inglés: que te calienta el corazón. Y es hilarante, más que nada en sus temporadas dos y tres; luego se estabiliza y ya no es una explosión de risa por episodio. Sigue siendo igual una comedia al nivel de cualquier otra. Que subvierte las reglas de la sitcom. De repente anuncia un casamiento al comienzo de un episodio para llevarlo a cabo en un par de minutos, antes de la secuencia de créditos. O anuncia un embarazo y saltea adelante en el tiempo para evitarse todo el propio embarazo, el parto y hasta los bebés. Es capaz también de emocionar y enternecer sin recurrir a recursos más típicos, de rupturas y tragedias familiares.

El peligro es que entre tanta risa te lleve a entender que tu lugar de trabajo es insalubre. Quizá te dé herramientas o inspiración para cambiar las cosas y convertirlo en un equipo. Como deberían ser todos. Otras obras usan más la palabra “familia”, Parks and Recreation hincha por “equipo”. Te hace darte cuenta de lo clave que es esa palabra en los vínculos humanos.

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