Un viaje nostálgico al Pilsen Rock

El documental Pilsen Rock: la película se estrena este martes a través de YouTube y MOOG entrevistó a sus directores


Foto extraída del Facebook de Pilsen Rock: la película. A la izquierda los directores, Gastón Martínez y Jimena Vila. A la derecha, Bruno Chechi, que los asistió.

Por Gastón González Napoli

“Ves imágenes de Queen tocando en el recital por Sudáfrica, en Wembley, y ves a todo el mundo moviendo las manos y aplaudiendo con Freddie Mercury… y nosotros hicimos lo mismo acá en Durazno”, dice Guillermo Peluffo, vocalista de Trotsky Vengarán.

A su lado, su hermano Gabriel, cantante de Buitres, se ríe.

“Y había más gente”, agrega Guillermo.

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El Pilsen. El artículo cambia todo. Se le agrega un “el” adelante a la cerveza y cualquier uruguayo con un interés mínimo en el rock sabe de qué se está hablando. El evento que definió la década musical pasada en el país, que fue señal de su explosión impensable para el tamaño de Uruguay, y que sigue afectando la escena: la multitud de festivales que copian la grilla típica del Pilsen, muchas veces casi con exactitud, fueron factores que atrasaron el recambio generacional en el rock y estuvieron cerca de truncarlo.

Es tanta la pasión que despierta que cuando Jimena Vila y Gastón Martínez colgaron en YouTube un corto documental sobre el fenómeno -que habían realizado para la facultad en 2013-, se encontraron con que cobraba vida propia. Lo habían trabajado con mucho cariño: “Tenía la sangre en el ojo de que algo tan trascendente para mí, y a nivel nacional, no se hubiera explotado de ninguna manera”, cuenta Gastón. Pero al publicarlo en la web no tenían la intención de difundirlo sino más bien la de poder mostrarlo por motivos profesionales y académicos. Entonces no saben cómo llegó, por ejemplo, a Frank Lampariello, ex bajista de Hereford y una de las figuras clave de la era Pilsen Rock, que lo compartió y puso la bola a rodar. El siguiente paso se cayó de maduro: retomaron el cortometraje y lo extendieron para su tesis de fin de carrera.

Así llega Pilsen Rock: la película, una crónica nostálgica de los años del festival que repasa su concepción como artilugio de marketing además de como evento cultural, la forma en que sobrepasó todas las expectativas, el sueño que fue para los artistas que participaron (la cita de Peluffo que abre esta nota es muestra de eso), la unidad y el buen ambiente de un espectáculo multitudinario, cómo vivieron su final los fanáticos y por qué lo siguen extrañando. Se estrena mañana tres de abril, también a través de YouTube. Sin el apoyo de una Pilsen que ha buscado alejarse del rock.

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El comentario negativo que se le puede hacer a la película es que no analizan más el legado del festival, algo que se relega a la visión individual de los músicos: cómo a partir de tocar para 130.000 personas básicamente perdieron el miedo a cualquier escenario, por ejemplo. No se meten tanto con lo que el Pilsen significa para la cultura uruguaya en conjunto a ocho años de su última edición en Durazno (la de Montevideo en 2010, como indica Jimena en una entrevista realizada a la distancia, ya que está estudiando en Madrid, fue uno de esos intentos fallidos por recapturar el “espíritu” del festival con “la misma receta, no adaptándose a los cambios del país y el momento que se vivía”).

¿Y qué piensan de eso ahora? ¿Trancó el Pilsen Rock a la larga el desarrollo del género en el plano nacional? Para Gastón, fue un evento que “puso al rock en donde tiene que estar” y fue muy positivo. Lo que sucedió, en sus palabras, fue que otros repitieron hasta el cansancio a los mismos artistas. “Esa bola terminó comiéndose a sí misma”, dice. “No hay tanto público en Uruguay para las mismas bandas, siempre”. Aunque reconoce que hubo un cambio generacional y los jóvenes que no pudieron ir al Pilsen Rock quieren vivir algo como eso.

Pilsen Rock: la película sí se enfoca en el aspecto “transformador”, otra palabra de Jimena, del festival. Lo diferente que fueron los 2000 para el rock de lo que habían sido los años contraculturales de la post-dictadura (etapa repasada en multitud de obras, vista aquí por medio de algún fragmento del documental Mamá era punk de Guillermo Casanova) y el “hacé la tuya” de los 90 (frase de Jorge Nasser en el libro Nos íbamos a comer el mundo de la periodista Kristel Latecki).

Se puede ver en pantalla el significado que el evento tuvo para Durazno. Gastón, natural de Sarandí del Yi, comenta que eso se veía ya en el auge del Pilsen, cuando él tenía solo catorce años y acampó con tres amigos en la casa de un desconocido. Uno que conocía Durazno de haber ido un par de veces antes, de chico, veías la movida que generaba”, rememora. “Un cambio no solo cultural sino social. Bastante shockeante. Aparte, todos en una actitud de alegría, de que acá está todo bien”. Esas sensaciones son palpables en la película.

El análisis no es el objetivo de fondo del documental, sino que persigue más las historias y el color del evento. Y está retratado con todo el color imaginable. Las historias que Gastón y Jimena encontraron son para sacarse el sombrero. Una pareja que se conoció en una de las ediciones y siguen juntos, con hijos incluidos, o una mujer duraznense que permitió a unos chicos guardar la camioneta en su casa, y que todavía guarda con cariño la carta de agradecimiento que ellos le dejaron.

Ni que hablar de los testimonios de los músicos que entrevistaron, como el de la Triple Nelson. Una banda que se subió al escenario como poco más que un grupo de desconocidos y se bajó con el comienzo de una popularidad que se mantiene hasta hoy.

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Pilsen Rock: la película se maneja también con mucho material de archivo; un trabajo mucho menos glamuroso y más duro que el de salir a la cancha uno mismo. Para los que conocemos el festival por su fama y no por experiencia propia, es un lujo.

Quien esto escribe tenía diez años en la primera edición, 16 en la última, residencia en Ciudad de la Costa; sin familia roquera ni amigos adeptos a la versión vernácula del género, nunca encontré con quién hacer la peregrinación al centro del país. Tan solo recuerdo escucharlo por la radio. Verlo a través del archivo de La Púa es otra cosa. La energía de esas filmaciones impulsa el documental.

La nostalgia es la otra base. El “que vuelva el Pilsen”. Lo piden los artistas, lo piden los fanáticos y hasta la gente duraznense que recibió de puertas abiertas a las “hordas del rock”.

Gastón dice que no se pensó como un documental nostálgico, que la propia uruguayez de los realizadores le da esa pauta. Él cree que el evento es irrepetible: “Hay un contexto, un momento, una fecha para todo. La fecha del Pilsen Rock ya fue hace tiempo”.

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