Virtudes es el disco más accesible de Algodón

La banda de Paul Higgs edita su quinto álbum de estudio en su quinto año de existencia, una obra más sencilla aunque no menos idiosincrática que de costumbre

Por Gastón González Napoli

Paul Higgs es una máquina de componer y grabar música. “Podríamos recordar este año como el que dije que no iba a sacar discos y ya van dos”, dice la descripción de Funk, uno de los esos trabajos que Higgs sí sacó este año. El otro fue el “antidisco” Las aguas de menta, una obra sin terminar, que decidió postear en la web porque “mejor un cementerio de canciones que un cementerio de un tera”. Y se puede sumar un tercero, Algodón de colección, recopilatorio del trabajo de su banda principal.

“Es que, ¿qué verga puedo hacer con toda esta música?”, continúa la descripción de Funk. “Me derrito del aplane olvidando que existe mientras descansa muerta de frío en un colchón de gigas”.

Hoy, viernes 16 de noviembre, sale a la luz Virtudes, el quinto -¡quinto!- disco de Algodón. Una obra que muestra el crecimiento de Higgs como productor y que lo ve, también, aprendiendo a dominarse. La razón de ser de Virtudes no es la incontinencia musical. Parecería que no sabía qué hacer con todas esas composiciones de Funk y del antidisco porque sí comprendía que no encajaban con el estilo cada vez más directo de su banda.

Virtudes apenas pasa la media hora. De sus trece temas, solo un trío dura más de tres minutos; otros cuatro, de hecho, tienen menos de 120 segundos. Es, además, un disco sencillo, palabra hasta ahora difícil de asociar con Paul Higgs. Sin abandonar su estilo ya casi patentado de letras viajeras y herencia psicodélica, el álbum prefiere no regodearse en la rareza. Y la jugada sale muy bien.

La necesidad de grabar y publicar todo supo pesarle a Algodón. Tanto el debut homónimo de 2014 como el siguiente Eucalipto, de 2015, son discos excesivos. Uno con 17 temas, el otro con 21. Aunque no derrapen, la variedad y la pura cantidad le restan cohesión. Una enseñanza que a la banda no le pasó desapercibida: Mariposas blancas & los mágicos elementos de la suerte, de 2016, y Jazmines, de 2017, cierran con once canciones cada uno.

Esas dos son obras más condensadas: Jazmines es un disco salido de los 60, con sus órganos Hammond; Mariposas… suena más a principios de los 70. Ambos están recargados de psicodelia, entendida de maneras distintas aunque compartan pistas vocales pasadas en reversa e instrumentales como “Interloodeo”. Pero la abundancia de segmentos entre la bizarreada y la locura -palabras inventadas, ruidos, el recitado final de “En las nubes”- también puede leerse como un exceso. No son puertas de entrada demasiado fáciles.

Virtudes es más accesible. La gracia está en la lectura que Higgs y Algodón hacen del rock tradicional. Juegan con sus reglas cuadradas hasta limarle y curvarle los bordes. “Trampolines” arranca medio stone, vira hacia la distorsión y cierra con una coda más tranqui. “Hoyo en uno” es una balada romántica cancherísima, que parece influida -¿tan rápido?- por el Tranquility Base de los Arctic Monkeys, y que sobre el final pega un volantazo lisérgico con un solo ultra procesado y repleto de ruiditos.

La onda más relajada de “Hoyo en uno”, el corte de difusión, es bastante característica de Virtudes. Es en gran parte un disco de amor y desamor modernos. La pegadiza “Más de lo mismo” (“Más de lo mismo/Podría ser fatal/Cuántas vidas más/Vamos a esperar”), la cortita y al pie “Post digital” (“Debo admitir que estoy buscando/Un girasol en el gigante campo”), la acelerada y nerviosa “Blues del siglo XXI” (“Pienso qué diría Lennon/Si viera cómo andamos hoy/Danza de los celulares/Nadie morirá de amor”).

Aparte, Virtudes suena bárbaro. Es un paso adelante para el grupo en cuanto a la producción. Sigue siendo lo-fi, grabado en un cuarto, pero han dominado el arte de la grabación casera y las diferencias con la música surgida en estudios profesionales no son tantas. La banda lo aprovecha: le saca lustre a los falsetes de “Amigable”, el hermoso solo de guitarra de “Playa corazón” y los sintes oníricos de “Formas de amar”. La profesionalización también se ve en la tapa, obra de Santiago Musetti, y en el videoclip de “Hoyo en uno”.

Quizá la queja con Virtudes sea el orden de los temas. Puede que terminar con “Pilotos locos” fuera obvio, pero su repetición final de “porque se trata de amor” -además de ser el ejemplo más visible del disco de otra característica de Algodón: la influencia argentina- es tan ideal para corear con los ojos cerrados que pareciera una despedida hecha a medida. Con uno de los pasajes letrísticos más bizarros del álbum: “Te voy a sostener/Como si fueras bebé”. Solo Algodón. Solo Paul Higgs.

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