Vuelve The Good Place y todo está bien

La serie de fantasía cómica protagonizada por Kristen Bell y Ted Danson retornó este jueves a Netflix

Por Gastón González Napoli (@GastonGonzalezN)

La premisa suena más a película que a serie. Una mujer bastante mala persona muere y se despierta en el cielo (perdón, “el Buen Lugar”) por error. Ahora debe impedir que los demás se den cuenta y la envíen a sufrir por toda la eternidad. Mucho menos suena a sitcom de 22 minutos por capítulo. Pero The Good Place se nutre de giros y vueltas para darle aire a una trama principal con muchísimas posibilidades. Se apoya ademàs en un elenco que roza la perfección. Y este jueves 4 de enero volvió tras su parate de mitad de temporada. Un episodio nuevo ya está disponible en Netflix.

La protagonista es Kristen Bell, la de Veronica Mars y Cómo sobrevivir a mi novia (Forgetting Sarah Marshall), la voz de Anna en Frozen, que asume acá su rol de nacida para la comedia. Su Eleanor, energética y patética en sus aires de superioridad, es el ancla de The Good Place. El que no tiene que asumir nada sino continuar su carrera prácticamente impoluta es Ted Danson, el de Cheers. Es el otro pilar de la serie en el papel de Michael, el arquitecto de este sector del Buen Lugar. Danson infunde a su Michael de dimensiones múltiples. Lo lleva para donde lo requiera la trama sin que se vean los hilos de los creadores.

El resto de personajes, interpretados por actores desconocidos, están igual de alejados de las caricaturas clásicas de las sitcom. The Good Place aterriza corriendo. No pierde tiempo en la construcción de sus personajes. Está el senegalés Chidi (el infinitamente expresivo William Jackson Harper), experto en filosofía que da clases a Eleanor para ser mejor persona y merecer estar en el Buen Lugar. También la pakistaní-británica Tahani (Jameela Jamil, trae toda su elegancia de ex modelo), una socialite ultra-distinguida que en vida juntó millones de dólares para organizaciones de caridad. De a poco se va convirtiendo en una de las partes más graciosas del ensamble. Después está Jianyu, un monje budista taiwanés con un secreto detrás de su juramento de silencio. Lo interpreta Manny Jacinto, en el papel del boludo cósmico.

Y por último Janet, la asistente de Michael, que tiene todo el conocimiento de la humanidad. Janet enseguida es el mayor destaque de la serie, gracias a la performance de D’Arcy Carden. Le deben de quedar doliendo las mejillas en cada rodaje: su rango va de “sonreír” a “hablar sonriendo”. Por más que sea una Siri corpórea, Carden hace funcionar a Janet como un personaje tridimensional. Y qué personaje. Siempre vestida igual, este Halloween ya había gente disfrazada de ella en las redes sociales.

Detrás de The Good Place está Michael Schur, uno de los nombres más fuertes de la comedia televisiva yanqui. Schur co-produjo la adaptación estadounidense de The Office, co-creó la fenomenal Parks & Recreation y más recientemente la sitcom policial Brooklyn Nine-Nine. The Good Place es su primera producción creativa en solitario. No lo parece. El tipo y su equipo de guionistas tiene la mitología de la serie muy clara.

Es una mitología muy rica, cualquier otro se enredaría ya solo con Janet y su contraparte infernal, Bad Janet. En cambio The Good Place no tropieza con sus propios cordones. Cada un par de capítulos deja de boca abierta por su capacidad inventiva, pero no da vueltas por el hecho de darlas. Schur es fan de Lost y antes de arrancar a filmar se reunió con uno de los creadores de esa serie y su responsable máximo, Damon Lindelof. Con el tiempo Lost se demostró demasiado enamorada de sus propios ganchos, hasta el punto de que algunos de ellos quedaron sin explicación o la tuvieron a las apuradas. The Good Place parece tener una firmeza mayor en su mitología desde el arranque.

Lo insólito de The Good Place es que por debajo de sus actuaciones excelentes, sus guiones recargados de chistes, su dirección de arte enamorada de los tonos pastel, su backstory y sus ganchos innumerables, es una serie de una profundidad como para dejarlo a uno pensando por días. La base está en las clases de filosofía que Chidi le da a Eleanor. Teorías sobre la ética, crisis existencialistas, puesta en práctica de conceptos de Jean-Paul Sartre, montón de menciones a Immanuel Kant. Preguntas sobre la muerte y el más allá, desenganchadas de cualquier religión en particular (Michael explica en el capítulo piloto que cada religión le embocó más o menos a un 10% de cómo es la posteridad). Filosofía tomada con seriedad en un universo que a veces requiere poner pausa para absorber todos los chistes que hay en el plano.

En una serie tan dependiente de sus giros uno espera que tarde o temprano se les acabe la nafta y se queden sin ideas. Lo que pasa con The Good Place es que tienen caminos incontables por dónde ir, gracias a su premisa tan maleable. El suyo era un regreso muy esperado.

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